Durante el año 2025 se inscribieron más de 146 mil nombres de niños y niñas en Chile. Los más comunes fueron Mateo, Liam y Emma, seguidos de otros como Emilia, Sofía y Lucas, todos ellos repetidos cientos de veces. Aun así, son miles las familias que deciden optar por nombres menos populares.

Para hacerse una idea, en 2025, 31.727 niños y niñas recibieron un nombre que se repitió 50 veces o menos. De ellos, 6.599 no tuvieron ni un solo tocayo —al menos entre quienes nacieron ese mismo año—.

En algunos casos se encuentran nombres que históricamente podrían considerarse comunes, pero que ya habrían pasado un poco de moda, como Mario, que se repitió solo 50 veces, o Paulina, con apenas 36 inscripciones. Varios también evocan la versión en inglés de algunos nombres que ya existen en español, como Richard (Ricardo), que figura 32 veces, y Susan (Susana) con 6 inscripciones. Por supuesto, también hay aquellos que solo existen en idioma anglo, como Kimberly (26 veces) o Brian (10 veces).

Como cada año, los nombres que replican a personajes de ficción también se hicieron presentes. Daenerys, una de las protagonistas de Juego de Tronos, fue la inspiración para nombrar a 19 bebés el año pasado. Otros como Hermione, de Harry Potter, Neo, de Matrix, y Anakin también estuvieron presentes.

Siguiendo con el listado, varias veces se registraron nombres que fonéticamente suenan igual a uno más popular, pero que en su forma de escribirse optan por diferentes combinaciones de letras que los terminan haciendo únicos, como Luciahno (Luciano), Kristian (Cristian) o Karlotta (Carlota). Finalmente, tenemos a nombres como Zurishaddai, Zipporah, Maitherton, Haylyanis, Harrtiun o Ewana, que no cuentan con un uso extendido en el país y cuya raíz no es fácilmente identificable en los registros onomásticos más comunes.

Qué dice la ley en Chile sobre la inscripción de nombres “extravagantes”

Cuando hablamos de nombres poco comunes, en ocasiones surgen dudas sobre los límites entre la libertad de los padres para elegir cómo llamar a sus hijos y las disposiciones que establece la ley chilena al momento de inscribirse, especialmente en resguardo del interés superior del niño o niña. A continuación, revisamos qué señala la normativa vigente.

La legislación chilena indica que “No podrá imponerse al nacido un nombre extravagante, ridículo, impropio de personas, equívoco respecto del sexo o contrario al buen lenguaje” (ley 4.808, artículo 31). Lo anterior, ya que se busca prevenir que el nombre de una persona se convierta en motivo de burla o afecte su desarrollo. Así, nombres que puedan ser percibidos como ofensivos, confusos o que no respeten estas pautas, no son aceptados por el Registro Civil.

Eso sí, no existe una lista oficial de nombres prohibidos o algo por el estilo, por lo que la decisión final de si un nombre puede considerarse problemático queda a discreción del oficial del Registro Civil.

Consultados por BioBioChile, desde el organismo explicaron que no existen pautas o instructivos internos adicionales, por lo que los Oficiales del Registro Civil deben actuar directamente conforme a la ley, evaluando cada caso de manera individual y responsable.

En términos generales, la intervención del oficial se justifica solo cuando el nombre propuesto infringe de manera evidente alguno de los criterios legales, como ocurre, por ejemplo, con expresiones ofensivas, groseras o propias del lenguaje vulgar, las que no son admisibles como nombre de persona. En ese sentido, no se encuentran inscritos nombres que correspondan a insultos, garabatos o expresiones contrarias al buen lenguaje.

Cuando existe duda razonable respecto de si un nombre se encuentra o no comprendido en estas prohibiciones, el procedimiento está expresamente regulado por la ley: el Oficial debe formular oposición y, si la persona solicitante insiste, remitir los antecedentes al Juez de Letras competente, quien resuelve la situación.

Cómo afecta el nombre a la construcción de la identidad de una persona

Para entender un poco más cómo influye el nombre en la vida de una persona, BioBioChile consultó con María Elisa Rodríguez, académica de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes (Uandes).

“El propio nombre cumple una función fundamental en la construcción de la identidad de cada uno de nosotros. Por un lado, cumple una función de pertenencia porque marca que somos parte de una familia y también de una cultura”. Según explicó, “nuestro nombre influye en la relación que tenemos con los demás porque los otros responden a nuestro nombre según el significado o valoración que le asignen”.

“Hay nombres que evocan reacciones en ciertas culturas o comunidades en distintas épocas. Por ejemplo, en los últimos años en la cultura estadounidense, lo más probable es que el nombre Donald tenga una connotación diferente a la que tenía antes de que Donald Trump fuera elegido presidente”, señaló.

Rodríguez explicó que estas percepciones sociales y las reacciones que evocan en los demás al relacionarse con nosotros tienen una influencia en cómo nos valoramos a nosotros mismos, es decir, en nuestra autoestima. Los nombres no son meras etiquetas, tienen efectos importantes, aunque no siempre podamos preverlos al momento de escoger un nombre para nuestro hijo o hija.

Consultada sobre si es común que niños o adolescentes desarrollen resentimiento, vergüenza o conflicto con sus padres por el nombre que les fue impuesto, la experta señaló que la relación que se tiene con los progenitores depende de muchísimas variables, entre las que podría, o no, estar el nombre escogido y las razones para esa elección.

“En definitiva, es aconsejable, al escoger el nombre, pensar no solo en lo que significa para nosotros como padres en un momento determinado, sino en lo que ese nombre simboliza en nuestra cultura, cómo suena con el apellido que tendrá el niño, etc. No obstante, la reacción que tendrán otros en el futuro no es totalmente controlable por los padres”, advirtió Rodríguez.