VER RESUMEN
La falta de contacto social puede influir en cómo percibimos nuestra salud. Un estudio en Chile con casi 7 mil adultos mayores reveló que estar socialmente aislado y sentirse solo se relaciona con una peor percepción de la salud. El aislamiento social es más común en hombres, mientras que la soledad afecta más a mujeres. La soledad actúa como un intermediario entre el aislamiento social y la mala salud autopercibida. La investigación sugiere que el estrés crónico derivado de la soledad y el aislamiento puede afectar biológicamente al cuerpo, incrementando el riesgo de depresión, deterioro cognitivo y mortalidad temprana.
¿Puede la falta de contacto social hacerte sentir que tu salud es peor de lo que realmente es? Una investigación realizada con datos de casi 7 mil personas mayores en Chile sugiere que sí: estar socialmente aislado y sentirse solo se asocia de forma significativa con una peor percepción del propio estado de salud.
El estudio, publicado en febrero de 2026 en la revista Open Journal of Social Sciences, fue realizado por el investigador Pedro Olivares-Tirado, del Programa de Salud Mental de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y de la Red Interuniversitaria para el Envejecimiento Saludable de América Latina y el Caribe (RIES-LAC).
La investigación utilizó datos de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud (ENCAVI 2023/2024), realizada por el Ministerio de Salud y el Instituto de Sociología de la Universidad Católica. De ese universo, el estudio se concentró en 6.755 personas de 60 años o más que pudieron responder las preguntas de manera autónoma, lo que representaría a las más de 3,7 millones de personas mayores que viven hoy en Chile.
¿Cómo se miden el aislamiento social y la soledad?
Para medir el aislamiento social —es decir, la falta objetiva de vínculos y contactos con otras personas— se utilizó un instrumento de seis indicadores que evalúa aspectos como el estado civil, la participación en organizaciones sociales, contar con una red de apoyo económico y emocional, la satisfacción con el tiempo compartido en familia y el sentido de pertenencia al barrio o comunidad.
Quienes acumulaban tres o más factores de riesgo fueron clasificados como socialmente aislados.
La soledad, en cambio, se midió con la Escala de Soledad de Tres Ítems (TILS, por su sigla en inglés), un instrumento validado internacionalmente que pregunta sobre la falta de compañía, la sensación de ser excluido y la de estar aislado.
Aquí es clave entender la diferencia: el aislamiento social es una condición objetiva (tener pocos contactos), mientras que la soledad es una experiencia subjetiva (sentirse solo, aunque se tenga gente alrededor).Para evaluar la salud autopercibida se usó una pregunta estándar de la ENCAVI: “¿Cómo es su salud en general?”, con respuestas en una escala de 1 (“muy mala”) a 7 (“muy buena”). Este tipo de indicador, aunque suene vago o subjetivo, es muy utilizado en investigación en salud pública porque ha demostrado ser un buen predictor de necesidades de atención médica e incluso de mortalidad futura.
Un tercio de los adultos mayores en Chile se sienten aislados socialmente
Los resultados revelan que 30,4% de las personas mayores en Chile experimenta aislamiento social y un 23,4% reporta sentimientos de soledad. El aislamiento es más frecuente entre los hombres (34,1%), mientras que la soledad afecta más a las mujeres (27,4%).El dato más llamativo aparece al cruzar estas variables con la percepción de salud. Entre quienes calificaron su salud como mala o muy mala, el 45% estaba socialmente aislado y el 37% experimentaba soledad. En contraste, entre quienes percibían su salud como buena o muy buena, solo el 25% estaba aislado y el 17% se sentía solo.
Respecto de la salud autopercibida general, el 51,7% de los participantes reportó un estado bueno o muy bueno, el 32,1% lo calificó como regular y el 16,2% como malo o muy malo.

Mediante un análisis, el estudio encontró que la soledad actúa como un mecanismo intermedio entre el aislamiento social y la mala percepción de la salud. En términos concretos, aproximadamente 36% del efecto negativo del aislamiento social sobre la salud autopercibida se explica por los sentimientos de soledad que genera ese aislamiento.
“El efecto indirecto del aislamiento social sobre la salud autopercibida a través de la soledad fue significativo, lo que sugiere que la soledad es un importante mediador”, señala el estudio. En otras palabras, no es solo que las personas aisladas reporten peor salud: es que el aislamiento produce soledad, y esa soledad, a su vez, deteriora la percepción que las personas tienen de su propio bienestar.
El investigador también destaca que ambos riesgos aumentan con la edad, con menores niveles de educación y en situaciones económicas más bajas, lo que añade una dimensión de desigualdad al problema.
Un fenómeno global con rasgos propios en Chile
Estas cifras son consistentes con la evidencia internacional. Según estudios recientes en 27 países citados por esta investigación, el aislamiento social afecta entre el 25% y el 33,6% de las personas mayores que viven en comunidad, mientras que la soledad oscila entre el 12% y el 33%.
Las tasas son más altas en países de bajos ingresos (24,3%) y medios-bajos (19,3%) que en los de ingresos altos (10,6%).Un factor adicional que debería preocuparnos es que Chile enfrenta un acelerado envejecimiento demográfico. La proporción de adultos de 60 años o más pasó del 16,2% de la población en 2017 al 19,8% en el Censo 2024, y se proyecta que alcance el 32% en 2050.
El estudio subraya que muchos de los actuales adultos mayores pertenecen a la generación de los llamados baby boomers, quienes enfrentan desafíos particulares como la pérdida de identidad tras la jubilación, prejuicios por su edad, familias dispersas y altas tasas de divorcio que llevan a muchos a vivir solos.
Los mecanismos tras el daño
Pero, ¿por qué el aislamiento y la soledad afectan la salud? El estudio recoge evidencia de que ambas condiciones actúan como fuentes de estrés crónico. A nivel biológico, diversos reportes indican que la soledad y el estrés social se asocian con alteraciones en el eje hipotalámico-pituitario-adrenal -el sistema hormonal que regula la respuesta del cuerpo al estrés- y el sistema nervioso simpático, responsable de nuestras respuestas de “lucha o huye”. Cuando este estrés se vuelve crónico, puede provocar cambios hormonales, disfunción del sistema inmune, estrés oxidativo, problemas de sueño y deterioro cognitivo.
“La desconexión social puede llevar a problemas como depresión, deterioro cognitivo y mortalidad prematura, representando amenazas significativas, aunque frecuentemente ignoradas, para la salud pública”, advierte el estudio.

La investigación también destaca un hallazgo importante: la relación entre aislamiento y mala salud es bidireccional. No solo el aislamiento empeora la percepción de salud, sino que una mala salud también dificulta mantener vínculos sociales, generando un círculo vicioso especialmente perjudicial para personas mayores con limitaciones de movilidad o enfermedades crónicas.
“Los hallazgos subrayan la importancia de la conectividad social para el estado de salud y el bienestar de los adultos mayores, y proporcionan orientación para futuras intervenciones que promuevan la participación social y ayuden a los adultos mayores a afrontar la soledad para lograr un envejecimiento exitoso”, sentencia el estudio.
Qué hacer si te sientes solo o socialmente aislado
Si bien el estudio se enfoca en personas de 60 años o más, la soledad y el aislamiento social pueden afectar a cualquier edad. Basándose en las recomendaciones que se desprenden de la investigación y de la evidencia internacional citada, estas son algunas estrategias concretas:
Mantener o retomar la participación en actividades grupales
Puede ser un grupo religioso, un club deportivo, un taller comunitario o cualquier organización que implique contacto regular con otras personas. El estudio utiliza la participación social como uno de sus indicadores clave de conexión, y la evidencia muestra que las actividades grupales protegen contra el aislamiento.

Fortalecer los lazos familiares de manera activa
No basta con vivir cerca de la familia: el estudio mide específicamente la satisfacción con el tiempo compartido en familia como un factor protector. Buscar momentos de calidad, aunque sean breves, puede marcar una diferencia significativa.
Cultivar una red de apoyo emocional
Es decir, tener al menos una persona de confianza a quien acudir cuando surgen problemas, es otro factor que el estudio identifica como relevante. Si no se cuenta con esa red, un buen primer paso puede ser acercarse a centros comunitarios, centros municipales para personas mayores o llamar a líneas de orientación telefónica.
La actividad física
El estudio reporta que entre quienes se percibían con buena salud, el 23% cumplía las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de al menos 150 minutos semanales de actividad moderada, frente a solo un 10,6% entre quienes reportaban mala salud. Caminar, bailar o hacer ejercicio en grupo puede combinar el beneficio físico con el social.
Finalmente, si la soledad se vuelve persistente y comienza a afectar tu ánimo, el sueño o las ganas de hacer cosas, es importante buscar ayuda profesional. La soledad crónica no es simplemente un malestar pasajero. Como muestra este estudio, se conecta con una peor percepción de la propia salud y puede tener consecuencias concretas en el bienestar físico y mental.
Cómo hicimos este artículo
Esta nota tuvo como base un borrador realizado por Claude, la inteligencia artificial de Anthropic. Posteriormente, un periodista revisó la información, eliminó secciones no relevantes, amplió los datos, añadió nuevos y verificó que las cifras entregadas fueran las citadas en el estudio original.
Enviando corrección, espere un momento...