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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La fiebre en niños genera preocupación, pero no siempre amerita una visita a urgencias. Se considera fiebre cuando la temperatura supera los 38°C y es una respuesta del cuerpo a infecciones. El estado de ánimo del niño es clave para evaluar la gravedad. La fiebre es alarmante cuando se acompaña de dificultad respiratoria, labios azulados, fiebre persistente por más de tres días, rechazo alimentario, vómitos persistentes o en lactantes menores de tres meses. Situaciones que no requieren urgencia son fiebres que ceden con medicación, decaimiento que mejora con el cese de la fiebre y fiebres de menos de 48 horas.

La fiebre es una señal de que algo no anda bien en nuestro cuerpo. En los niños, suele generar especial preocupación, pero existen señales que permiten identificar cuándo realmente es necesario acudir a un servicio de urgencias.

La fiebre se define como un aumento de la temperatura corporal mayor a 38°C axilar. No se trata de una enfermedad, sino de una respuesta de defensa por parte de nuestro organismo frente a algún agente infeccioso.

Los niños, a pesar de tener un sistema inmune aún en desarrollo, lo cual los hace más frágiles a ciertos tipos de infecciones, tienen una característica muy positiva con respecto a su respuesta frente a las enfermedades: su estado de ánimo y la permanencia de este nos dice mucho con respecto a la gravedad del cuadro.

Sin embargo, la fiebre siempre se transforma en un indicador especialmente preocupante para los padres.

¿Cuándo debería preocupar la fiebre?

En ese contexto, Valentina Moreno, académica de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Las Américas, explica cuáles son realmente los indicadores de una fiebre “preocupante”.

De acuerdo a la especialista, es la que se asocia a dificultad respiratoria, coloración azulada en labios, hundimiento de costillas, persistencia de la fiebre de más de tres días, difícil manejo asociado al rechazo alimentario, vómitos persistentes, o que se presente en lactantes menores de tres meses.

Estas condiciones deben ser siempre un signo de alarma y de revisión inmediata con un profesional, ya sea en consulta o urgencias.

Por su parte, las situaciones que no requieren una atención de urgencia son: episodios de fiebre que responden positivamente a medicamentos, decaimiento o irritabilidad que cede ante el cese de la fiebre, estados febriles de menos de 48 horas de evolución o asociados a rechazo alimentario parcial, pero con buena ingesta de líquidos.

Estas situaciones pueden ser tratadas en casa, cuidando y estando atentos a la evolución del cuadro.

Fiebrefobia

En esa línea, la experta es enfática: las visitas a urgencia no justificadas conllevan un riesgo mayor de contagio a otros agentes y un gasto innecesario para las familias.

Es importante evitar el fenómeno de la “fiebrefobia”, dice Moreno, teniendo en cuenta siempre el estado global del niño, la evolución de los signos y síntomas en el paso de los días.

Finalmente, aconseja que aprender a reconocer las señales de alarma no solo permite evitar complicaciones en nuestro entorno, sino que ayuda a descongestionar el sistema y con ello mejorar la resolución efectiva de enfermedades que realmente necesitan un tratamiento urgente.

Consejos para bajar la fiebre en casa

El sitio de salud de Clínica Las Condes, da a conocer una serie de consejos para controlar la fiebre en casa.

Entre las medidas físicas consisten en desabrigar al niño, ponerle compresas húmedas tibias en tórax, abdomen, zona inguinal y axilar.

Entre los medicamentos, el más usado es el paracetamol, ya que tiene menos efectos adversos. Sin embargo, su dosis debe ser indicada por un pediatra.

En caso de no haber respuesta, se debe consultar con el especialista, quien podrá dar otras alternativas.

El sitio de salud también destaca que el niño con fiebre debe mantenerse en reposo en su casa, en un ambiente termoneutral, con poca ropa. Asimismo, debe recibir alimentos livianos según tolerancia y no forzarlo a comer, además de tomar abundantes líquidos.