VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Según la psicología, la filofobia es el miedo extremo a enamorarse, más común de lo que se piensa. Implica no solo evitar parejas, sino también vínculos profundos. Las personas filofóbicas pueden sufrir ansiedad, rechazar la dependencia emocional y establecer relaciones superficiales para evitar la vulnerabilidad. Experiencias pasadas dolorosas suelen ser el origen de este temor.

Decir que le tienes terror al amor o establecer vínculos afectivos profundos no es una excusa barata cuando alguien se interesa mucho por ti, sino que es una condición real y su nombre es la filofobia.

Según la psicología, el rechazo extremo a enamorarse es más común de lo que parece. No se trata de no querer pareja, sino de un temor intenso a involucrarse en profundidad.

“El amor romántico implica una intensa atracción sexual y una amistad significativa, lo que permite el desarrollo personal y la autorrealización”, explica el filósofo Aaron Ben-Zeév, autor del libro ‘The Arc of Love: How Our Romantic Lives Change Over Time’, en un artículo publicado en Psychology Today.

Terror al amor: filofobia

En ese sentido, “el miedo a enamorarse implica una disonancia entre la intensa atracción hacia alguien y la preocupación por el fracaso de lograr un vínculo profundo”.

Bajo ese contexto, la psicóloga y sexóloga Jacqueline Orellana explica a Clarín que: “En la filofobia hay algo del orden de lo sintomático: la persona sufre por ese patrón, le genera conflicto y, muchas veces, repite situaciones donde el vínculo se corta o se sabotea sin poder explicarlo del todo”.

A esto último agrega que “podría pensarse como una defensa frente a la dimensión inevitablemente riesgosa del amor: amar implica perder control, exponerse y confrontar la propia falta”.

“Este problema de ansiedad puede tener un efecto en la vida social y emocional de la persona que lo sufre. En casos graves, el filofóbico puede no solamente evitar amores potenciales, sino que puede dejar de relacionarse con compañeros de trabajo, vecinos, amigos y familiares”, explica el sitio de salud mental ‘Psicología y Mente‘.

Para un filofóbico, el acto de enamorarse puede convertirse en una situación que le produce una terrible sensación de malestar y niveles altos de estrés emocional y físico.

Sensaciones de una persona con filofobia

Las personas con esta condición únicamente viven relaciones sin compromiso, hablan poco de sí mismas y evitan mostrarse como son.

Por lo general, ponen una “barrera infranqueable” para no sentirse vulnerables y tienden a establecer relaciones simultáneas por el mismo miedo que tienen a ser abandonadas.

Orellana complementa que otras conductas de una persona con esta condición son que evita vínculos que empiezan a volverse cercanos, corta relaciones cuando aparece mayor intimidad o demanda afectiva.

Asimismo, la persona comienza a sentir angustia o rechazo ante la idea de depender de otro, idealiza el amor sin poder sostenerlo en la práctica o involucrarse de manera reiterada con personas emocionalmente no disponibles.

“Ahí ya no se trata de una preferencia, sino de algo que insiste más allá de la voluntad”, señala.

De acuerdo al sitio de ‘Psicología y Mente’, a nivel físico la persona presenta ataques de pánico clásicos, desórdenes gastrointestinales, latidos irregulares del corazón, sudores, falta de aire y un deseo de abandonar la situación cuanto antes, como mecanismo de defensa para evitar sentir todos estos síntomas ansiosos.

¿Por qué sienten miedo al amor?

Sobre la razón de por qué sientes temor al amor, el sitio explica que existen diferentes opiniones respecto a este trastorno. Pero parece ser que lo que desencadena la filofobia es un sentimiento intenso de un fracaso en una relación pasada que no se ha superado.

Orellana dice al medio argentino que no hay una única causa, pero sí núcleos frecuentes: experiencias tempranas de abandono o vínculos poco confiables, relaciones pasadas dolorosas o traumáticas, modelos familiares donde el amor estuvo asociado al conflicto o la pérdida, o dificultades en la construcción de la identidad y los límites personales.

En ese marco, plantea una tensión de fondo: “El otro puede vivirse como una amenaza a la propia libertad. En algunos casos, el miedo al amor no es solo miedo a perder al otro, sino también a perderse a uno mismo dentro del vínculo”.

Tratamiento psicológico

Para Orellana, el tratamiento de esta fobia no se trata de “eliminar el miedo”, sino de comprenderlo.

Según explica, el trabajo terapéutico apunta a desarmar esas defensas, reconstruir su origen y habilitar formas más libres de vincularse.

“En muchos casos, el cambio no ocurre de un día para el otro, sino que implica atravesar justamente aquello que se evita: el encuentro con el otro”, señala.

“No vincularse puede ser una elección; no poder hacerlo, en cambio, es una señal a escuchar. A veces no se trata de que no haya amor, sino de que hay demasiado miedo a lo que el amor despierta”, concluye.

“Quien evita el dolor del vínculo también queda, muchas veces, por fuera de su potencia”, advierte.