La pobreza en Argentina se mide oficialmente a través del Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos), el organismo público equivalente al INE en Chile. Hasta hace poco, sus datos mostraban una fuerte caída de la pobreza, algo que el Gobierno de Javier Milei celebraba como uno de los símbolos de su plan de ajuste económico. Sin embargo, las proyecciones más recientes muestran que la pobreza volvió a subir y afecta a cerca del 30% de la población, es decir, a tres de cada diez argentinos.
El dato no viene esta vez del Indec —que publica su cifra oficial solo dos veces al año y con meses de atraso— sino de un modelo privado conocido como “Nowcast de Pobreza”, elaborado mensualmente por Martín González-Rozada, director de la Maestría en Econometría de la Universidad Torcuato Di Tella, una de las universidades privadas más prestigiosas de Argentina.
Rozada es el economista de referencia que sigue el propio Javier Milei para hablar de pobreza, más allá del dato oficial semestral del Indec. Su método no espera al dato oficial, sino que lo anticipa mes a mes usando la misma encuesta de hogares que utiliza el Estado argentino, la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que releva ingresos y empleo en las principales ciudades del país.
Según su última actualización, el nowcast proyecta una tasa de pobreza de 29,6% para el semestre que va de diciembre de 2025 a mayo de 2026. Desglosado mes a mes, el número muestra una trayectoria en alza: 28,7% en diciembre de 2025, 28,4% en el primer trimestre de 2026 y un salto a 31,8% en el bimestre abril-mayo. Es decir, la mejora que mostraba el Gobierno hace pocos meses se fue diluyendo con el correr de los meses, en medio de una inflación que volvió a acelerarse por momentos y una economía que perdió impulso.
“Se empeoraron los ingresos de los hogares”: la explicación de un economista especializado
Para entender qué hay detrás de este rebote, BioBioChile conversó con Leopoldo Tornarolli, economista del CEDLAS (Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales), un centro de investigación de la Universidad Nacional de La Plata especializado en el estudio de la pobreza y la desigualdad en Argentina y la región.
Al respecto, Tornarolli explicó que la fuerte baja de la pobreza que mostró Argentina durante 2024 y 2025 sí fue real, pero estuvo exagerada por la propia forma en que se construye el indicador. Según detalló, se trata de un método que sobrerreacciona.
Es decir, exagera las caídas de pobreza cuando la inflación baja y las alzas cuando la inflación se acelera. Esto ocurre porque la pobreza se mide comparando los ingresos de las familias con el costo de una canasta de bienes básicos y, cuando los precios se mueven muy rápido en cualquier dirección, el indicador tiende a amplificar ese movimiento.
El economista también apuntó a un fenómeno más técnico y menos conocido fuera de Argentina: en las encuestas de hogares, las familias tienden a subdeclarar sus ingresos reales, algo que ocurre en todo el mundo, pero que en Argentina venía siendo cada vez más marcado.
Según detalló el especialista a BioBioChile, las familias llegaron a declarar apenas entre un 60% y un 65% de su ingreso real. Con la baja de la inflación de los últimos años, sostuvo, mejoró la capacidad de los hogares para recordar y declarar con precisión cuánto ganan, lo que generó una subida estadística de ingresos que no refleja necesariamente más plata en el bolsillo de la gente, sino un mejor registro de lo que ya tenían.
Sobre el repunte actual, Tornarolli dijo que el aumento que muestran sus propios cálculos para el primer trimestre de 2026 va a coincidir con lo que finalmente confirme el INDEC de manera oficial, aunque el organismo publique sus datos por semestre y no por trimestre.
Como causas del deterioro, mencionó la acumulación de meses con una inflación algo más alta hacia fines de 2025 y comienzos de 2026, sumada a una actividad económica débil que no logró generar empleo de calidad.
Como se trata de una medición que depende exclusivamente de los ingresos de las familias, explicó, para que la pobreza suba, los ingresos reales necesariamente tuvieron que empeorar. También reconoció cierto aumento de la desigualdad entre los hogares, aunque de impacto menor frente al peso del enfriamiento económico general.
Por qué en Argentina cada organismo da un número de pobreza distinto
La discusión sobre la pobreza en Argentina no se agota en si sube o baja: también existe una disputa de fondo sobre cómo medirla, algo poco frecuente en otros países de la región y que puede resultar confuso para un lector externo. Un informe del medio argentino Ámbito Financiero reconstruyó las principales diferencias.
El INDEC aplica el método más difundido, puramente monetario: compara los ingresos de un hogar con el valor de dos “canastas” de referencia. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) —el costo mínimo de comer— marca la línea de indigencia. La Canasta Básica Total (CBT), que suma además vivienda, salud, transporte y educación, marca la línea de pobreza. Si una familia no llega a cubrir esos montos con sus ingresos, es considerada pobre o indigente según el caso.
La UCA (Universidad Católica Argentina), a través de su Observatorio de la Deuda Social, usa como referencia esos mismos parámetros oficiales del INDEC, pero los complementa con estudios sobre vivienda, empleo informal, salud y acceso a servicios básicos. Su advertencia es que una mejora medida solo por ingresos puede no reflejar una mejora real en la calidad de vida cotidiana de las familias.
ATE (Asociación Trabajadores del Estado), uno de los principales sindicatos que agrupa a empleados públicos —incluidos muchos trabajadores del propio INDEC—, cuestiona un aspecto más técnico: sostiene que las canastas de consumo que se usan como referencia siguen basadas en encuestas de gasto de los hogares de hace casi dos décadas, sin actualizar el peso real que hoy tienen rubros como los servicios, el transporte o las comunicaciones en el presupuesto familiar.
Los organismos vinculados a la ONU y el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), por su parte, plantean un enfoque todavía más amplio, conocido como “pobreza multidimensional”: la pobreza no sería solo una cuestión de ingresos insuficientes, sino una restricción real al ejercicio de derechos como la salud, la vivienda digna o el trabajo formal. Bajo esta mirada, una familia puede dejar de ser “pobre” según la línea oficial de ingresos, pero seguir viviendo en condiciones precarias.
El resultado de esta convivencia de metodologías es que, según quién mida y qué mire, el porcentaje de pobreza en Argentina puede variar varios puntos, incluso usando la misma base de datos. Lo que sí coinciden en señalar tanto el nowcast de la Di Tella como los especialistas consultados por BioBioChile es la dirección del movimiento: después de meses de mejora, la pobreza en Argentina volvió a subir.