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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Una nueva investigación publicada en la revista científica Cell sugiere que una molécula producida por células cancerosas podría proteger al cerebro del Alzheimer. Durante 15 años, científicos han estudiado esta relación, encontrando que una proteína llamada cistatina C proveniente de células cancerosas puede descomponer las proteínas asociadas con el Alzheimer en ratones. Aunque los resultados son prometedores, aún se necesitan más estudios para desarrollar posibles tratamientos contra esta enfermedad neurodegenerativa.

Una molécula producida por células cancerosas podría ayudar a proteger al cerebro del mal de Alzheimer, según un reciente estudio publicado en la revista científica Cell.

La relación entre ambas enfermedades no es del todo nueva. Desde hace décadas, investigadores habían observado que las personas con cáncer rara vez desarrollan Alzheimer, aunque hasta ahora no estaba claro por qué ocurría este fenómeno.

Un estudio en ratones, liderado por científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, en Wuhan (China), parece arrojar nuevas luces sobre este enigma. La investigación sugiere que una proteína producida por células cancerosas logra infiltrarse en el cerebro, donde ayuda a descomponer los cúmulos de proteínas mal plegadas que suelen asociarse con la enfermedad de Alzheimer.

El trabajo, que se desarrolló durante 15 años, podría abrir la puerta al diseño de nuevos fármacos para tratar esta patología neurodegenerativa.

“Si ves a alguien con Alzheimer, nunca ha tenido cáncer”

Donald Weaver, neurólogo y químico del Instituto de Investigación Krembil de la Universidad de Toronto, quien no participó en el estudio, dice que sus colegas hallaron solo “una pieza del rompecabezas”, pues asegura que “no es el panorama completo, ni mucho menos. Pero es una pieza interesante”.

Weaver lleva años intrigado por esta paradoja, desde que un patólogo experimentado hizo un comentario que marcó su carrera: “Si ves a alguien con Alzheimer, nunca ha tenido cáncer”.

La observación se le quedó grabada mientras diagnosticaba a miles de personas con Alzheimer. “No recuerdo ni una sola que haya tenido cáncer”, asegura.

Si bien los datos epidemiológicos no muestran una separación tan categórica, un metaanálisis publicado en 2020 —con información de más de 9,6 millones de personas— reveló que el diagnóstico de cáncer se asociaba a una disminución del 11% en la incidencia del Alzheimer, consignó la revista científica Nature.

No obstante, hasta ahora la relación no estaba tan clara, pues también había que considerar factores externos como el hecho de que algunas personas podrían morir de cáncer antes de alcanzar la edad en que suelen aparecer los síntomas del Alzheimer, o bien, ciertos tratamientos oncológicos pueden provocar deterioro cognitivo, lo que dificulta un diagnóstico certero.

Pero la nueva evidencia fue lo suficientemente consistente como para convencer a Youming Lu, neurólogo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, de profundizar en la biología detrás de esta tendencia.

Un trabajo de 6 años

Su equipo trabajó durante seis años para encontrar la relación. Durante ese periodo decidieron trasplantar tres tipos distintos de tumores humanos (pulmón, próstata y colon) a ratones propensos al Alzheimer.

Los resultados mostraron que los ratones con cáncer no desarrollaron las placas cerebrales características de la enfermedad de Alzheimer. “Entonces nos preguntamos: ‘¿Por qué?’”, expresó Lu.

Tras analizar minuciosamente las proteínas secretadas por las células cancerosas, enfocándose en aquellas capaces de infiltrarse en el cerebro, llegaron a la conclusión que la responsables es una proteína llamada cistatina C.

Aunque los hallazgos aún se limitan a modelos animales y están lejos de convertirse en una terapia disponible, los investigadores creen que comprender cómo esta molécula logra frenar la formación de placas cerebrales podría abrir una nueva vía en la búsqueda de tratamientos contra el Alzheimer. Un camino que, paradójicamente, comienza en una de las enfermedades más temidas, pero que podría aportar claves inesperadas para enfrentar otra.