Hablar de planificación no es hablar de privaciones, sino de recuperar control. Marzo seguirá siendo exigente, pero no tiene por qué ser caótico.

En Chile, generalmente marzo nos “sorprende” con el pago de matrículas, permisos de circulación, útiles escolares, gastos acumulados de las vacaciones, como si se tratara de un fenómeno impredecible que no ocurre todos los años.

Pero sí lo sabemos: el problema es que lo minimizamos y “chuteamos” para más adelante, reflejando el sesgo del presente que nos lleva a priorizar el hoy y postergar decisiones incómodas, aunque sepamos que tendrán consecuencias.

Después de cinco años trabajando en educación financiera con docentes, emprendedores, estudiantes y personas mayores, una cosa queda clara: marzo no sorprende, nos pilla sin planificación. Y esa falta de anticipación se repite en casi todos los perfiles.

En las charlas que realizamos en regiones y en Santiago, escuchamos lo mismo, independiente del perfil: marzo aparece siempre como el mes más crítico del año, con una lista larga —pero rara vez nueva— de cuentas por pagar.

La paradoja es evidente: sabemos que marzo llega, pero seguimos organizando nuestras finanzas improvisadamente. Los datos del programa Mi Barrio Financiero, impulsado por la FEN de la Universidad de Chile y la Asociación de Bancos, muestran que quienes logran anticipar marzo comparten algunas prácticas simples pero muy efectivas:

La primera es separar los gastos fijos estacionales —educación, patentes, seguros— del presupuesto mensual habitual.

La segunda es planificar de manera realista, usando flujos pasados para proyectar los futuros e incorporar explícitamente la estacionalidad (entender que marzo tiene estructuralmente más gastos que mayo, por ejemplo, y ajustar el presupuesto al mes específico).

Y la tercera, quizá la más difícil, es evitar financiar el mes con deuda de corto plazo; para eso ayuda contar con un fondo específico o, idealmente, ir construyendo uno de emergencia que permita cubrir estos gastos sin recurrir al crédito.

La educación financiera es clave porque permite llevar estos conocimientos a decisiones concretas en la vida cotidiana.

A través del programa hemos capacitado a más de 140 mil personas a la fecha, y a 60 mil solo en 2025, con cursos que van desde educación financiera escolar hasta programas para emprendedores y personas mayores. Su objetivo es entregar herramientas concretas que permitan tomar decisiones más informadas y reducir las brechas que aún existen en esta materia.

Hablar de planificación no es hablar de privaciones, sino de recuperar control. Marzo seguirá siendo exigente, pero no tiene por qué ser caótico. La diferencia entre vivirlo como una crisis o un trámite está, en gran parte, en cómo nos planificamos financieramente en los meses previos.

Quizás este año la pregunta no debería ser cuánto cuesta marzo, sino qué tan preparados llegamos a él.

José Joaquín Fernández
Coordinador Mi Barrio Financiero

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