Con la mayor flota de buses eléctricos del mundo, fuera de China, RED es un sistema paradigmático a nivel internacional.

La RED Metropolitana de Movilidad, el sistema de transporte público de Santiago, acaba de cumplir 19 años y su salud parece cada vez mejor, después de un dramático origen.

Aunque RED incluye diferentes modos -como buses, Metro y ferrocarriles-, ha tenido como “proa” del sistema al transporte de superficie. Por esta razón, las flotas de buses son evaluadas periódicamente, e históricamente han tenido una condición más crítica.

Transantiago debutó en febrero de 2007, con un déficit de flota e infraestructura, que constituyó un hito negativo para la ciudad. A través de un lento y fatigoso camino, este plan tuvo que bregar contra un servicio deficiente, debilidades y amenazas de quiebra de empresas, irregularidad en la operación, problemas de gestión y otros, que han exigido tareas clave para enfrentarlos y remediarlos.

Pero, a pesar de los problemas iniciales -y también gracias a acciones para superarlos-, se ha llegado hoy a un escenario muy diferente. Con la mayor flota de buses eléctricos del mundo, fuera de China -posee 4.000 vehículos de este tipo y se sumarán otros 400 este año-, RED es un sistema paradigmático a nivel internacional.

A través de cambios normativos y legales, una mejor organización de la flota y una consolidación mayor de las empresas operadoras y la infraestructura para los buses, se ha progresado hasta alcanzar una estabilidad y regularidad.

Aunque los buses mismos constituyen la principal vitrina de la calidad del sistema, muchos otros aspectos son parte de esta mejora.

Hay una ganancia en el confort de los buses, una ampliación de la cobertura a nuevas zonas y mayor regularidad. A ello se agrega una mayor diversidad en medios de pago (débito y crédito), un límite de costos para los usuarios más frecuentes y una integración más fina con los otros modos.

Todos estos progresos han ido de la mano con la organización institucional y empresarial, que ha atraído a nuevos actores, entre ellos, proveedores de flota y desarrolladores de plataformas de soporte eléctrico.

A ello se suma el rol público que consiste no solo en gerenciar este sistema de mejor calidad, sino también en el desarrollo de más infraestructura y de mejor calidad para la operación, como los nuevos electroterminales, hoy en manos del Estado.

RED es un sistema complejo y robusto, que opera también gracias al desarrollo de los modos complementarios como el Metro con su ágil desarrollo y planificación y los proyectos de trenes metropolitanos.

La electromovilidad, un objetivo nacional a mediano plazo, central para disminuir la contaminación -cifras oficiales indican que se redujo en un 75% las emisiones de material particulado fino y en hasta un 64% el ruido en vías como la Alameda-, tiene en el transporte público uno de sus mejores símbolos.

Quedan tareas pendientes, que deben resolverse en el futuro con una más profunda gestión y coordinación: reducir el déficit financiero y combatir la intensa evasión.

Con la experiencia ganada, es también esperable una ampliación del modelo hacia otras regiones, lo que ha comenzado y debiera profundizarse en el futuro, con mejor servicio e infraestructura.

Oscar Figueroa
Académico Instituto de Estudios Urbanos PUC
Asesor del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI)

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