Este martes 27 de octubre, millones de israelíes acudirán a las urnas para elegir a su próximo gobierno. Será una jornada que, más allá de sus resultados, recordará algo esencial: Israel es la única democracia de Medio Oriente.

En una región donde el poder rara vez se disputa en las urnas, Israel mantiene elecciones libres, prensa independiente, tribunales que fiscalizan al poder, una oposición activa y una ciudadanía que debate sin temor. Lo hacemos incluso en tiempos de guerra y de amenazas a nuestra existencia. Los israelíes discrepan con pasión, y esa pasión es la prueba de que la democracia está viva.

Nuestros enemigos suelen interpretar esa apertura como una debilidad. Creen que una sociedad que discute abiertamente es una sociedad frágil, y se equivocan. La democracia es nuestra fortaleza. Un pueblo que elige a sus gobernantes, que los critica y que puede reemplazarlos pacíficamente tiene una resiliencia que ningún régimen autoritario logra igualar.

Quienquiera que forme el próximo gobierno, la orientación fundamental del Estado no cambiará. Cualquier gobierno que salga de estas elecciones continuará garantizando la seguridad de los ciudadanos de Israel, y lo hará sin renunciar a la aspiración de alcanzar la paz. Seguridad y paz no son objetivos opuestos, sino parte de una misma visión. Israel ha demostrado en su historia que está dispuesto a hacer la paz con quienes realmente la desean.

Esta jornada tiene también un significado que trasciende nuestras fronteras. Las democracias del mundo enfrentan hoy fuerzas que las amenazan, alimentadas por ideologías extremistas y por formas de intolerancia religiosa que rechazan la libertad, el pluralismo y los derechos individuales. Frente a ese desafío, las naciones democráticas no pueden permanecer divididas. Deben actuar unidas y defender con convicción los valores que comparten.

Chile e Israel forman parte de esa comunidad de valores. Nuestros vínculos políticos y económicos, construidos durante décadas, se han fortalecido bajo gobiernos de distinto signo en ambos países. Estoy seguro de que, sea cual sea el gobierno y el liderazgo que surjan de las urnas en Israel, la relación con Chile seguirá profundizándose, en el comercio, la innovación, la tecnología, la agricultura y la cooperación entre nuestros pueblos.

Cuando termine el escrutinio, habrá ganadores y perdedores, pero en el fondo la democracia israelí habrá vuelto a triunfar.