Hoy, 26 de octubre, conmemoramos el Día Nacional de la Mujer Palestina, y lo hacemos porque un día como hoy de 1929, en Jerusalén, más de doscientas mujeres celebraron el primer Congreso de Mujeres Árabes de Palestina y, sin esperar invitación, enviaron una delegación en automóviles hasta la residencia del Alto Comisionado británico para presentarle sus demandas: la anulación de la Declaración Balfour y un gobierno nacional representativo. De aquel congreso nació la Asociación de Mujeres Árabes de Palestina, con Wahida al-Khalidi, Matiel Mogannam y Tarab Abd al-Hadi entre sus fundadoras.

Esa fecha significa que las mujeres palestinas irrumpieron, organizadas, en la vida política de nuestro pueblo, y que lo hicieron con una agenda completa, que unía lo político, lo económico y lo social: un gobierno que representara a todo el pueblo, una industria palestina que sostuviera su propia economía y escuelas para que las niñas pudieran estudiar. Nunca fueron espectadoras de nuestra historia, por el contrario, han sido sus arquitectas.

Noventa y siete años después, esa fuerza se mantiene viva y se transmite en las aulas: en la Cisjordania ocupada, las mujeres representan el 66% del estudiantado de educación superior y, entre quienes rindieron el examen general de secundaria, lo aprobó el 86,9% de las jóvenes, frente al 76,1% de los varones, según el informe de 2025 de la Oficina Central de Estadísticas de Palestina. Son maestras, médicas, científicas, ingenieras, diplomáticas, ministras, abogadas y líderes comunitarias.

Se transmite en la memoria: en la abuela que guarda la llave de una casa de 1948 y le cuenta a sus nietas lo que fue y lo que sigue siendo, y en todas las generaciones que, desde los comités de mujeres que acompañaron la huelga general de 1936, pasando por la Nakba y la Ocupación de 1967, han llegado hasta hoy llevando consigo su lengua y sus tradiciones. Se transmite en las manos que bordan, puntada a puntada, la identidad de cada aldea, y en las voces que cantan y escriben lo que la Ocupación quiere callar.

Y se transmite en la diáspora: en Chile, a trece mil kilómetros de Palestina, lo sabemos bien, porque detrás de cada receta, de cada canción y de cada apellido que cruzó el océano hay una mujer que decidió no olvidar. Las chilenas de origen palestino llevan hoy esa fuerza a todos los ámbitos del país que las acogió —la educación, la medicina, las artes, las organizaciones comunitarias y los cargos públicos—, y desde allí ejercen un liderazgo que honra a Palestina.

Hoy esa fortaleza se pone a prueba de la manera más cruel. Según ONU Mujeres, más de 38.000 mujeres y niñas —más de 22.000 mujeres y 16.000 niñas— fueron asesinadas en la agresión genocida sobre la Franja de Gaza entre octubre de 2023 y diciembre de 2025; si se suman las gravemente heridas, hoy son casi 50.000, una de cada 21. Casi todas han sido desplazadas, y las pérdidas de embarazo llegaron a cerca de 4.000 en el primer semestre de 2026, el triple que en el semestre anterior. En Cisjordania, bajo el terrorismo de los colonos y los puestos de control de la Ocupación, más de 20.000 mujeres y niñas han sido desplazadas por la fuerza.

Lee también...
Una generación bajo los escombros Viernes 16 Octubre, 2026 | 11:31

Y, sin embargo, ahí están. En Gaza, según ONU Mujeres, encabezan casi uno de cada cuatro hogares, el doble que antes de la agresión, y esos hogares han debido huir, en promedio, ocho veces; aun así, ellas siguen educando, sanando, organizando y sosteniendo a sus hijas e hijos. Para la mujer palestina no existe la resignación: su resiliencia es fuente de un liderazgo que inspira a nuestro pueblo.

Honrar a las mujeres palestinas es también protegerlas. Instamos a la comunidad internacional a garantizar el cese efectivo de la agresión, el acceso humanitario sin obstáculos y la inclusión de las mujeres en las decisiones sobre la recuperación y el futuro de Palestina, como lo reconoce la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad. Desde Chile, tierra de profunda hermandad con nuestro pueblo, saludamos a todas ellas, en la patria y en la diáspora.

Ellas lideran, ellas resisten, ellas permanecen. Y mientras permanezcan, Palestina seguirá en pie.