Billones de dólares invertidos y, para la mayoría de las empresas estadounidenses, la IA no ha ofrecido ningún resultado visible.
Esa es la tesis de Torsten Slok, economista jefe del grupo Apollo Global Management, quien sostiene que la inteligencia artificial (IA) ha entregado "cero retorno" a la economía corporativa de Estados Unidos fuera del propio sector tecnológico que la comercializa, según informa Bloomberg.
Siete empresas suben gracias a la IA… 493 se quedan igual
El argumento se apoya en una comparación dentro del índice S&P 500, que agrupa a las 500 grandes empresas que cotizan en la bolsa estadounidense. Por un lado están las "Siete Magníficas", como se conoce a los gigantes tecnológicos que lideran la carrera de la IA. Por otro, las 493 restantes.
"Los ingresos por trabajador suben en las Siete Magníficas, pero están estancados en el resto del S&P 493", escribió el economista.
Según Bloomberg, lo mismo ocurre con los márgenes de ganancia, es decir, cuánto queda de cada venta una vez pagados los costos. Tampoco hay señales de que la IA esté acelerando la productividad, la cantidad que produce cada trabajador.
Slok fue más lejos. A su juicio, la corriente principal de las empresas estadounidenses está dando marcha atrás y empieza a ver el gasto en "tokens" no como una fuente de crecimiento, sino como un gasto adicional que presiona los márgenes. Los tokens son las unidades en que se mide y se cobra el uso de los modelos de IA, algo parecido a pagar por minuto de llamada.
Quién gasta y quién no
El economista distingue dos mundos. Las empresas respaldadas por fondos de capital de riesgo, que financian compañías jóvenes y de alto crecimiento, gastan cada vez más en tokens. Pero el grueso de las compañías tradicionales no necesita el modelo más reciente "y no está dispuesto a pagar por él", dijo.
Por eso advirtió que, mientras la IA "agéntica" (sistemas que ejecutan tareas por su cuenta) y el gasto en tokens se limiten a una porción pequeña de la economía, los efectos macroeconómicos de la IA serán muy limitados.
Añadió además un límite de fondo. Según Slok, la IA no entiende de responsabilidad, de dilemas éticos ni de confianza, factores que moldean el riesgo reputacional y que, al final, determinan el crecimiento de los ingresos y los márgenes.
Nerviosismo en los mercados
El mensaje llega en plena temporada de resultados trimestrales, cuando los inversionistas siguen de cerca cuánto gastan las empresas en IA y si logran recuperarlo.
La semana pasada, Meta abrió la temporada tecnológica con el anuncio de que apostará todavía más fuerte por la IA y subirá sus planes de inversión. La reacción fue negativa, según Bloomberg. Sus acciones cayeron y el indicador de riesgo de crédito de la compañía llegó a un máximo histórico.
El medio suma otras señales de inquietud de las últimas semanas. Comentarios de CoreWeave, proveedora de infraestructura para IA, reavivaron las dudas sobre cuánto de la expansión se está financiando con deuda. Además, los planes de salida a bolsa de la empresa australiana de centros de datos Firmus Grid se cayeron luego de que gestores de fondos estadounidenses rechazaran su valoración de 30.000 millones de dólares. Nscale, otro desarrollador de centros de datos respaldado por Nvidia, enfrenta resistencia por la valoración de su propia oferta.
La firma de investigación de mercado Gartner estimó que más de 3,5 billones de dólares en infraestructura de IA podrían sufrir deterioro de valor antes de 2030, si los ingresos de la IA no justifican el gasto. Un deterioro significa que los activos terminan valiendo en los libros menos de lo que costaron. Un gráfico de Bloomberg basado en datos de Gartner apunta a una brecha de 4,9 billones de dólares en ingresos. Los dueños de centros de datos necesitarían 8,5 billones hasta 2030 para cubrir sus inversiones y obtener un retorno de 12%.
Bloomberg reconoce que persiste un amplio optimismo sobre el papel que tendrá la IA como motor de los mercados. La duda, dice, es si ese enorme desembolso y cuándo se reflejará en las utilidades.
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