La contracara de los “ismos” que rechaza Kast, son los “ismos” que abraza. Y con estos gestos, al menos tres de ellos han sido reafirmados.

Luego de un año completo de campaña en que el presidente electo Kast guardara su agenda “ideológica” y su batalla cultural porque había que centrarse en la “emergencia”, su reciente gira por Europa fue algo así como una renovación de sus votos, reuniéndose con los principales líderes de la internacional reaccionaria para reafirmar que seguía siendo el mismo y que lo anterior no había sido más que una táctica electoral.

En la meca de la ultraderecha global, la VII Cumbre Transatlántica, fue donde Kast pronunció su alocución sobre los “ismos”. Pensando que formulaba algún tipo de genialidad y, al parecer, ignorando que hace ya 30 años Fito Páez había anunciado no pertenecer a ningún “ismo”, planteó: “Estamos experimentando los frutos de una cultura dominada por los ‘ismos’, y ustedes me dirán, ¿qué son los ismos?” Bueno, precisamente los enemigos comunes de los asistentes de esa cumbre: ambientalismo, animalismo, feminismo e indigenismo.

Tras la visita a Abascal, Meloni y Orban, Kast le pone fin al baile de máscaras electoral, saca la brújula guardada durante la campaña y muestra su norte ideológico con claridad: la ultraderecha global. Gesto que ya había anticipado con sus visitas a Milei y Bukele y con el nombramiento de su gabinete.

La contracara de los “ismos” que rechaza Kast, son los “ismos” que abraza. Y con estos gestos, al menos tres de ellos han sido reafirmados.

Conservadurismo

El conservadurismo radical ha sido transversal a la carrera política de Kast. Basada en una visión fundamentalista del catolicismo que defiende de modo irrestricto un supuesto orden natural y jerárquico, se ha opuesto a todas y cada una de las reformas que han permitido avanzar en libertades individuales: divorcio, píldora del día después, matrimonio igualitario.

El nombramiento de Judith Marín como ministra de la Mujer anticipó que el conservadurismo volvería a estar en el centro de la agenda política, cuestión que fue ratificada por su perorata antifeminista en la Cumbre Transatlántica y sus encuentros con Orban -quien, con una agenda abiertamente homofóbica, ha promovido leyes que restringen derechos de personas LGTBI o que incluso prohíben hablar sobre homosexualidad en escuelas y medios de comunicación- y con Abascal, cuyo partido VOX se ha opuesto a leyes de igualdad de género y ha cuestionado la violencia de género como fenómeno estructural.

Neoliberalismo

A diferencia de cierta ultraderecha conservadora global, que ha girado a versiones más proteccionistas de la economía, la ultraderecha de Kast, formada en la articulación entre gremialismo y la ortodoxia económica de los Chicago Boys, se ha mostrado más bien adicta a los mercados y la desregulación como forma, no solo de asignar recursos escasos, sino que de organizar el conjunto de la sociedad a través de su santa trinidad: propiedad privada, mercado, no intervención del Estado.

Que la primera visita luego de su elección haya sido a Milei, que ha hecho su fama en torno a la desregulación radical, la mercantilización y la reducción del Estado, tiene que ver con esto mismo: también hubo allí una renovación de votos.

Sus ministros lo confirman: el gran empresariado (CPC, Luksic, Tanselec) sentado en la conducción misma del gobierno y coordinado por el cerebro de las colusiones, Quiroz, quien ha comparado la política de shock que buscan aplicar con la liberalización económica de los años 80.

No hay que minimizar esto: Las reformas económicas en dictadura fueron tan radicales que es un consenso que la única forma en que pudieron ser alcanzadas era en un régimen no democrático, con una sociedad acallada y una oposición perseguida. Esto no implica que el plan de Kast sea una dictadura, pero sí evidencia la radicalidad de su programa.

Pero esta porfía neoliberal da cuenta de otro asunto: en un concierto global donde el orden económico neoliberal ha entrado en crisis y donde la pregunta más bien es hacia dónde ir, la alternativa de Kast es la contraria: más neoliberalismo. Esto no tiene otra explicación que la insaciabilidad de la oligarquía nacional cuya orientación estratégica es una sola: capturar toda la renta que se pueda, mientras se pueda. De innovación y desarrollo, industria, aumento de complejidad de las cadenas de valor, ni hablar.

Pinochetismo

Por último, el período de presidente electo de Kast ha dejado al desnudo otro de sus históricos “ismos”. Conectando con el joven Kast de la campaña por el Sí, que adoraba la “obra” del “gobierno militar”, el Pinochetismo emergió con claridad en el nombramiento de su gabinete.

En un verdadero acto de provocación nombró en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos a Fernando Rabat, quien fuera abogado defensor de Pinochet y parte del estudio jurídico de Pablo Rodríguez, exlíder de Patria y Libertad. Lo mismo con Fernando Barros, futuro ministro de Defensa, y exvocero y defensor de Pinochet cuando fue detenido en Londres en 1998.

¿Qué es el pinochetismo? Una cultura política autoritaria, jerárquica, con un bajísimo compromiso democrático y con los derechos humanos, y que ha basado su configuración política siempre en la existencia de enemigos internos: los “ismos” de Kast con los que abrió su conferencia en Bruselas.

Este compromiso de Kast con el Pinochetismo y su resistencia a ponerse verdaderamente del lado de la democracia, lo conecta nuevamente con la internacional ultraderechista y con sus peores versiones, las que representan otro “ismo” con el cual Kast ha coqueteado: el neofascismo.

Los ejemplos de Bukele, Trump y Orban que han desplegado políticas que derechamente ignoran los derechos humanos, que han erosionado la democracia y el Estado de derecho o, como en el caso de Trump, que ha creado una política que persigue, encarcela y asesina extrajudicialmente a personas por el mero hecho de tener apariencia de “inmigrante”, dan cuenta de límites que las sociedades comienzan a traspasar cuando los consensos democráticos comienzan a erosionarse.

Lee también...

En Chile esto ha empezado, pues es verdaderamente impactante el silencio sepulcral de toda la derecha ante los asesinatos y demás atrocidades cometidas por el ICE de Trump y las absurdas defensas del presidente norteamericano de estas acciones (mismo silencio, por lo demás, ante el proceso al que estaba sujeto Trump por intento de golpe de Estado).

Proteger lo avanzado

Kast llegará al 11 de marzo con una narrativa de la emergencia desmoronándose porque el contraste actual con la realidad es evidente. Chile no se cae a pedazos. La alternativa a esa falta de agenda es su agenda ideológica y de batalla cultural.

En este plano la articulación de Kast con la ultraderecha global no solo arriesga los avances dentro de Chile, sino que deja a Chile en una posición debilitada en el concierto internacional: Con un Trump deviniendo en un dictador neofascista, Bolsonaro en prisión por golpista, una Hungría que se aísla de Europa y que ha sido declarada el país más corrupto de la Unión Europea, transformar a Chile en una sucursal más de esta internacional reaccionaria no trae nada bueno.

Es fundamental, por tanto, que las izquierdas y el progresismo construyamos socialmente, el cordón sanitario que la centro derecha no quiso hacer, para que la agenda de la ultraderecha no avance, y nuestro país siga en el camino de profundizar la democracia, garantizar derechos y expandir las libertades.