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10 cosas que nadie te dice sobre tener una hija
Publicado por: Denisse Charpentier
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Ninguna persona nace sabiendo cómo ser padre ni tampoco es algo que se aprenda en la escuela. Es la experiencia y la observación lo que permite ir descubriendo cómo desarrollar esta tarea de mejor forma.

En este sentido, Bret Spears, un padre estadounidense y due√Īo del blog The Dad Issues (Cuestiones de Pap√°), escribi√≥ una columna en su p√°gina personal donde plante√≥ 10 cosas que √©l no sab√≠a sobre tener una hija y que pudo conocer con su peque√Īa Mary.

A continuaci√≥n te dejamos su art√≠culo llamado “10 cosas que nadie me dijo sobre tener una hija”

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1. Nadie me avisó de que empezaría a fijarse en chicos tan pronto.

Como muchos de nosotros, compr√© la teor√≠a social antropol√≥gica que considera a los chicos como conquistadores agresivos y a las chicas, como mucho, como generosamente indulgentes al ser perseguidas. Todo esto cambi√≥ una noche en el gimnasio, cuando mi hija Mary Grace me agarr√≥ del brazo muy seria y me dijo: “Pap√°, ¬Ņves a ese chico? ¬°Me gusta!”. Mientras nos beb√≠amos nuestros smoothies en la cafeter√≠a del gimnasio, no dejaba de darse vuelta para ver d√≥nde estaba y lo miraba con atenci√≥n. En un momento dado, se acerc√≥ a nuestra mesa. Se llamaba Harrison y era educado, alegre y bien hablado. La trat√≥ con amabilidad y mucho respeto. El √ļnico inconveniente de este primer flechazo era que el chico ten√≠a 19 a√Īos, 1,95 metros de estatura, pinta de surfista y f√≠sico de futbolista. Era un mesero de la cafeter√≠a. Y mi hija ten√≠a 3 a√Īos. En serio.

2. Nadie me dijo lo mucho que podía enamorarme de mi mujer.

Tener una versi√≥n mini de Mary hizo que no pudiera evitar volver a contextualizar lo que ella es para m√≠. Muchas de las idiosincrasias y disposiciones que me hab√≠an frustrado durante a√Īos se moldeaban ahora en la persona de nuestra hija, permiti√©ndome ver con una nueva perspectiva y compasi√≥n algunas de las formas de ser que antes me parec√≠an ajenas. Por poner un ejemplo: nunca era capaz de entender las decepciones que se lleva mi mujer cuando falla un plan. Hasta en las cosas m√°s mundanas, se altera y le afecta mucho an√≠micamente.

Una vez la vi achacarse en la cola de la cafeter√≠a cuando vio que la √ļltima muestra de su s√°ndwich de costillas favorito se la llev√≥ la persona que ten√≠a delante. Da un poco de miedo, pero Mary Grace es exactamente as√≠. Pero como ella es inocente, estoy obligado a computar sus emociones con un c√°lculo m√°s caritativo, y al hacerlo me doy cuenta de que en todas estas peque√Īas tragedias, subyace un entusiasmo salvaje por la vida. Como consecuencia, llego a entender a mi mujer. Antes pensaba que su actitud era medio infantil; ahora sus reacciones inocentes me parecen bonitas. Supone una gran diferencia. Ojal√° pudiera volver atr√°s y quererla siempre tanto como ahora. Se lo merece.

3. Nadie me dijo que todos mis intentos previos por entender la anatom√≠a femenina se ver√≠an completamente revolucionados por un simple pa√Īal sucio.

La fuerza resultante de ver que las partes √≠ntimas de una peque√Īa beb√© est√°n cubiertas de caca, es impactante. Literalmente, me quedaba de pie frente a mi hija con una toallita en una mano y una lupa en la otra, quit√°ndole minuciosamente las manchas de heces.

4. Nadie me dijo que al tener una hija me haría automáticamente feminista.

5. Nadie me advirtió lo que te espera al otro lado de toda esa ternura.

Es habitual que los padres de ni√Īas digan cosas como: ‘Crees que sabes lo que es el amor, pero prep√°rate. Nunca has sentido nada igual’. En parte, tienen raz√≥n. La ni√Īa de pap√° y su padre envuelto alrededor de su dedo me√Īique es un fen√≥meno bien documentado. De lo que se habla menos es de la inmensa RABIA que provoca el otro lado de la moneda, la parte delicada de la ternura. Hay una ferocidad indescriptible y cin√©tica en los huesos.

Me acuerdo de ir aterrado por un mercado lleno de gente con la ni√Īa en el coche, incapaz de disfrutar por las visiones de violencia que estaba preparado para cometer a quien se atreviera a pasarse de la raya. Es complejo para el coraz√≥n de un hombre sentirse al mismo tiempo tan decidido a dar su vida como a quit√°rsela a alguien. Quiz√°s esconde una moraleja.

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6. Nadie me dijo que las canciones de cuna son las mejores canciones jam√°s escritas.

Aunque sean bobas, empalagosas o forzadas, cuando tienes una hija, las canciones infantiles ejercen un poder emocional misterioso y violento que resulta irresistible. El pasado verano en la boda de un amigo, estuvimos haciendo una recopilaci√≥n de canciones y ri√©ndonos un rato… y acab√© emocionado mientras bailaba con mi hija.

7. Nadie me dijo la extraordinaria importancia del color rosado.

Para las pasadas navidades, Mary Grace pidi√≥ una mu√Īeca. Cuando le preguntamos de qu√© color la quer√≠a, contest√≥ muy resuelta: “¬°Rosada!”. La he visto conmovida hasta las l√°grimas al o√≠r que su plato rosado estaba en el lavavajillas y que tendr√≠a que usar otro para cenar. Podr√≠a presentarse cualquiera con un unicornio alado azul en su habitaci√≥n, y te aseguro que ella lo pedir√≠a rosa.

8. Nadie me dijo (bueno, quiz√° mi mujer s√≠, pero nunca la cre√≠) que muchas chicas empiezan a pensar en su boda desde ni√Īas.

Personalmente, echo la culpa a Disney. Cada trozo de tela blanca que tenemos en casa sirve para hacer un ensayo falso de boda. Y ella se lo toma muy a pecho. Al principio era supremamente lindo, porque quer√≠a casarse conmigo, pero desde hace poco tengo un contrincante que va con ella al colegio y me ha quitado el puesto de novio. Ella dice que es porque el ni√Īo “es gracioso y muy guapo”.

9. Nadie me dijo el enojo irracional que me produciría el saber que mi hija quería casarse con el chico bromista y guapo de su clase en vez de conmigo.

10. Nadie me dijo lo que disfrutar√≠a de la manicure, las fiestas de ni√Īas, las exploraciones por el closet, los bailes repentinos, las cajas de pasteles y las mu√Īecas.

Algunos lectores s√≥lo se quedar√°n con lo empalagoso. Pero los que tienen hijas tambi√©n captar√°n lo aterrorizador, vulnerable, desorientador… y sagrado.

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