Esteban Olivares terminó exhausto su carrera de 20 kilómetros en los cerros de su natal Quillota. Estaba preparándose para una Ultra Distancia (100KM). “El entrenamiento estuvo bueno”, pensó. Era martes por la tarde.
Lo que el atleta de Trail no sabía era que ese cansancio excesivo era un aviso de su cuerpo. Una alerta de que algo no estaba bien. El miércoles por la noche estaba internado en la UCI del hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar. Fue diagnosticado con leucemia.
“Cuando te dicen ‘tienes cáncer a la sangre’, uno lo asocia directamente con morir”, recordó Olivares, en conversación con BioBioChile.
Fueron más de 50 días los que el corredor pasó en una sala de hospital. Su familia siempre estuvo con él, así como el equipo médico del hospital viñamarino. Un apoyo que hoy, tres años después de iniciado su tratamiento, le permitió volver a competir en Ultra Distancia.
Buscando un porqué
El deporte estuvo presente desde temprana edad en la vida de Esteban. Fútbol, voleibol y un largo período en básquetbol marcaron su juventud. El atletismo, simplemente, le aburría.
No fue hasta de adulto que, motivado por un amigo, se animó a correr hacia los cerros de su natal Quillota. “Ver la ciudad desde arriba y visitar los lugares que uno miraba desde abajo me terminaron enganchando con lo outdoor“, reconoció Olivares.
En 2018 completó su primera carrera de Trail. Fue aumentando las distancias hasta que en 2019, antes de la pandemia, corrió los 100 kilómetros de Vulcano. El covid-19 frenó su trayectoria.
Superadas las restricciones sanitarias, el quillotano retomó sus entrenamientos y se alistaba para regresar con todo en 2022 a las competencias. Pero surgió el excesivo cansancio y los dolores.
“A todo le buscaba un porqué. El inicio de los síntomas fue unas tres semanas antes del diagnóstico. Fue como que mi cuerpo me dijo ‘ya no puedo más’. Yo me sentía sano”, relató Olivares.
El cansancio no fue el único indicio de que algo no estaba bien en Esteban. Heridas que no sanaban, dolor abdominal y sudoración en las noches fueron señales que el deportista dejó pasar.
“Me hicieron los exámenes en la mañana y en la tarde ya estaba hospitalizado con transfusión y viendo qué otros exámenes se tenían que hacer para ver qué tipo de leucemia era”, agregó el deportista.
Ese miércoles fue el primero de más de 50 días que el quillotano estuvo hospitalizado. “Recuerdo que me despedí de mi hermana como si fuese la última vez que estaría en mi casa. Sentí mucha angustia por no saber a qué me enfrentaba”, contó.
Las primeras dos semanas eran trascendentales para saber cómo avanzaría el tratamiento de Esteban. Fuera del Gustavo Fricke su familia inició campañas para reunir donantes de sangre. En total, fueron 107 las transfusiones que recibió el deportista.
Y dentro del hospital, Olivares lo que más se preguntaba era ‘¿cómo salgo de acá?’. “Tenía esa ansiedad por volver a correr. Pasé de subir 20 kilómetros diarios a dar 13 pasos para levantarme al baño. Sufrí unos desmayos, mi cuerpo no reaccionó al tiro”, detalló el quillotano.
Deporte como vía para combatir una enfermedad
Afortunadamente para Esteban Olivares, su cuerpo reaccionó bien al centenar de transfusiones de sangre. Los días en el hospital de Viña del Mar empezaron a ser más tranquilos para él y su familia, que nunca dejaron de acompañarlo.
Pero las horas en cama, con apenas unos minutos de actividad física al día, derivaron en otra pregunta. La interrogante del deportista ya no era ‘¿cómo salgo de acá?’, sino ‘¿cuándo podré volver a correr?’.
A Olivares aun le restaban varias sesiones de quimioterapia por delante, pero una charla en el recinto le dejó en claro que su regreso a las competencias era cosa de tiempo.
“En esas conversaciones con la doctora, ella me decía que ya no iba a poder correr como un corredor normal. Me dijo ‘dale sentido a correr’. Gracias al deporte pude sobrellevar de buena forma el tratamiento, tanto físicamente como emocionalmente”, rememoró el quillotano.
“Correr tramos largos, donde estás 20 o 16 horas solo, era similar a estar hospitalizado. Pasé 64 sesiones de quimio hasta que completé el tratamiento. Fueron ocho meses duros”, profundizó Esteban.
En marzo de 2023, Olivares ya pensaba en qué carrera inscribirse. Inició con trabajos de kinesiólogo para recuperar musculatura y en mayo, para su cumpleaños, corrió 10 kilómetros en la carrera del Mes del Mar en Viña del Mar. Estaba de vuelta.
“Fue emocionante, me acompañó toda mi familia. Ahí volví con todo a prepararme para para correr, con una base de tratamiento de condición física para el 2024 inscribirme en otros 100 kilómetros”, recordó el corredor.
La carrera elegida fue Vulcano, una de las más importantes del Trail nacional. Llegó al parque nacional Vicente Pérez Rosales ilusionado con volver a cruzar una meta de Ultra Distancia dos años después de su crudo diagnóstico.
Pero en el kilómetro 70, el rastrillo de ruta lo alcanzó. Debió retirarse. Decidió inscribirse para la próxima edición. “A esta esta carrera vuelvo el próximo año, sí o sí”, pensó. Y así lo hizo.
Luego de 23 horas, 13 minutos y 12 segundos, Esteban llegó a la meta el pasado 7 de diciembre. Tocó la campana a un costado del lago de Todos los Santos, abrazó a su familia y dio por finalizada su carrera. 980 días después de saber que padecía leucemia, volvía a completar una Ultra Distancia.
“Terminé bien, físicamente bien, emocionalmente también. Para mí fue una carrera perfecta”, dijo emocionado el quillotano.
Esteban Olivares quiere dejar un legado
Esteban Olivares creó Donante de Kilómetros. Encontró su sentido para correr. Hoy lo hace buscando crear conciencia sobre la donación de sangre y cómo el procedimiento puede salvar vidas. Así como 107 personas lo auxiliaron a él.
Sigue controlándose su leucemia. Cada examen o visita al médico le produce tensión en el estómago. Pero, celebra él, son solo “controles de niño sano” para descartar que su sangre vuelva a tener problemas.
“Quiero seguir corriendo distancias largas. Mis carreras las hago con un fin, como creando una campaña. Ahí aparece otra parte mía, que desde chico he estado súper activo en obras sociales. He podido mezclar lo social y lo deportivo”, señaló orgulloso el atleta.
Cualquiera que escucha la historia de Esteban lo consideraría un ejemplo de superación, de no rendirse. Pero él se define de otra manera. Él quiere algo más.
“Yo no busco reconocimiento. Soy solo un testimonio de cómo superar ciertas enfermedades. En un comienzo me costaba mucho hablar o poder comentar esto, siempre fui bajo perfil. Después de harta terapia me siento un medio para transmitir un mensaje”, explicó el quillotano.
“Sí quiero mover las decisiones políticas de Chile, que mejore el sistema de donación. En comparación a otros países, acá las tasas de altruismo son súper bajas. Me encantaría crear un proyecto de ley que haga social la donación de sangre. Incluso crear una organización que vaya en ayuda de las personas que sufren con los tratamientos de enfermedades difíciles. Yo tuve suerte, me atendí en hospital público, me acompañó mi familia, mis amigos. Pero muchas personas no tienen la misma fortuna”, concluyó el corredor.