Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
Devi Leslie Vargas San Martín, chilena radicada en Buenos Aires desde hace 17 años, llegó a Argentina buscando estudios universitarios gratuitos. Tras cambiar de carreras varias veces, conoció a Brian Vargas, con quien formó una familia y tuvo dos hijos. A pesar de su vida estable en Argentina, Devi siente un "corazón dividido" entre ambos países, con la nostalgia de su familia en Chile.
Devi Vargas tiene 35 años y es profesora en educación superior de educación especial con orientación en discapacidad intelectual. Es chilena, de Santiago, pero hace 17 años que vive en Buenos Aires. Llegó en junio de 2009, a los 18 años, con el mismo objetivo que llegan muchos chilenos a Argentina: estudiar en una universidad gratuita, algo que en Chile no era opción.
La decisión no fue impulsiva. Un profesor de la enseñanza media le había dicho que estudiara en Argentina porque la educación era gratuita. En su casa, mientras tanto, siempre había escuchado que sin un título universitario “no iba a ser nadie en la vida”. Esa creencia, sumada a la oportunidad concreta de no pagar por estudiar, terminó de inclinar la balanza.
Pero el cruce de la cordillera tuvo, además, un motivo afectivo. A los 17 años, Devi había conocido a un joven peruano que vivía en Argentina, pero había ido a Chile a visitar a amigos. Empezaron a salir cuando ella cumplió 18, y la distancia hizo que decidieran instalarse juntos en Buenos Aires para poder estudiar los dos. Para juntar el dinero del viaje, Devi trabajó unos meses en la estación San Pablo del metro de Santiago.
Una vez en Buenos Aires, los planes académicos no salieron como esperaba: la carrera que quería estudiar, psicopedagogía, no se dictaba en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Eligió psicología como lo más cercano, pero la lectura de Sigmund Freud le resultó un choque cultural fuerte, viniendo de un Chile que describe como mucho más conservador en esa época. Pasó después por Sistemas, en la Facultad de Ciencias Económicas, y finalmente se inclinó por Terapia Ocupacional, motivada por su admiración de toda la vida por la Teletón y el deseo de trabajar con personas con discapacidad.
En medio de esos cambios de carrera, Devi se separó de su pareja después de tres años juntos. Fue, según cuenta, un quiebre que la obligó a preguntarse qué quería realmente para su vida, sola en un país donde no tenía familia ni vínculos más allá de algunas amistades. Tenía 21 años.
Devi, su esposo e hija
El momento “bisagra” de Devi
En ese momento bisagra de su vida conoció a Brian Vargas, que lleva su mismo apellido sin tener parentesco con ella. En un principio fueron amigos y se acompañaron en distintos momentos de su juventud. Hubo un breve intento de salir juntos que no funcionó, y después cada uno siguió su camino: él se puso de novio, y Devi, tiempo más tarde, decidió volver a Chile. Vendió sus cosas, renunció a su trabajo en el contact center de Cablevisión y regresó a la casa de sus padres en Santiago.
La vuelta duró cuatro meses. Devi no logró adaptarse a la vida en la casa familiar después de haber sido independiente, ni a una rutina que sentía mucho más restringida: los locales que cerraban temprano, la falta de actividades nocturnas o gratuitas como las que había conocido en Buenos Aires. “Extrañaba la cultura porteña y, también, extrañaba a Brian”, cuenta a BioBioChile.
Durante esos meses en Chile llegó a salir brevemente con otro chico, pero no pudo continuar porque seguía pensando en Brian. Él, todavía en Buenos Aires, se separó de su pareja. Al tiempo que Devi se enteró de que él había terminado su relación, le surgió una oportunidad laboral concreta: la mamá de un joven con espina bífida al que Devi había acompañado como asistente terapéutica le pidió que volviera. Esa combinación de trabajo disponible y Brian soltero la decidió a volver.
Brian la fue a buscar al aeropuerto y la ayudó a instalarse en su nueva vivienda, una habitación de un hotel familiar. A partir de ahí empezaron a salir formalmente. En 2014, mientras Devi terminaba la última materia pendiente del CBC de Psicología, quedó embarazada de Briana. Se casaron cuando ella tenía cinco meses de embarazo y se mudaron juntos para recibir a su hija en el nuevo hogar.
Devi y su familia
Cuando Briana tenía ocho meses, Devi encontró el profesorado de educación especial que finalmente le permitió recibirse, una carrera de seis años que cursó con el apoyo de su suegra, que ayudaba a cuidar a la beba, y de Brian. Ese mismo año y meses, Devi empezó a trabajar como maestra auxiliar en una escuela de educación especial a pocas cuadras de su casa, donde sigue trabajando hoy, nueve años después, ya como maestra de grupo.
Brian, por su parte, había empezado un año antes a trabajar en la compañía donde hoy es supervisor. La pareja fue mudándose: primero la pieza en la casa de los suegros, después un departamento en Palermo y, actualmente, un PH ( Propiedad Horizontal, tipo de vivienda) en Constitución que construyeron con esfuerzo propio. Diez años después de Briana, nació Thiago, que hoy tiene un año y cuatro meses.
Devi describe su vínculo con Brian como una relación construida a partir de la confianza ganada con los años, y de la decisión consciente de no repetir automáticamente las costumbres con las que cada uno creció —ella en una familia chilena, él en una familia con raíces bolivianas instalada en Buenos Aires—, sino de armar entre los dos una forma propia de ser familia.
Hoy, después de 17 años en Argentina, Devi asegura que tiene “un corazón dividido” entre los dos países. Sus hijos son argentinos, su formación profesional fue en Buenos Aires y su vida cotidiana transcurre ahí. Pero su familia de origen sigue en Chile, y eso pesa: dice que duele saber que no va a ver envejecer a sus padres, y que cada regreso a Santiago carga con la ausencia de alguien que ya no está.
Hay un momento puntual en el que esa pertenencia dividida se le hace más evidente: cuando escucha a sus alumnos cantar el himno argentino. Devi cuenta que esa escena la emociona “como jamás antes me emocionó algún himno”. Sobre ese sentimiento dividido entre los dos países, resume: “No sé cómo se le dice a un corazón dividido en dos”.
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