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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Astrónomos registraron por primera vez el colapso y explosión de una estrella gigantesca, revelando un mecanismo desconocido. El telescopio espacial chino Einstein Probe detectó un destello de rayos X en marzo, seguido por la observación de la onda de choque del evento astronómico, llamado SN 2026gzf, a 500 millones de años luz de la Tierra. La supernova de tipo Ic de líneas anchas sorprendió al no emitir destellos de rayos gamma, sugiriendo que un chorro estelar pudo haber sido sofocado.

Por primera vez, los astrónomos lograron registrar de principio a fin el colapso y la explosión de una estrella gigantesca, un evento que reveló un mecanismo desconocido hasta la fecha, detallan dos estudios publicados en The Astrophysical Journal Letters.

El seguimiento del astro comenzó en marzo pasado, cuando el telescopio espacial chino Einstein Probe detectó un fugaz destello de rayos X.

La esquiva onda de choque inicial

El fenómeno, conocido como desprendimiento de onda de choque, ocurre cuando la energía del núcleo desintegrado atraviesa la corteza de la estrella.

Aunque ocurre en todas las supernovas, su brevedad extrema lo convierte en un evento casi imposible de captar. De hecho, no se registraba uno con esta claridad desde 2008.

“Se requiere serenidad y suerte para capturarlo en tiempo real”, afirma el autor principal de uno de los trabajos, Brendan O’Connor, astrónomo de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh.

Tres meses tras la pista del astro

El evento astronómico, ocurrido a 500 millones de años luz de la Tierra y llamado SN 2026gzf, movilizó a una red global de instrumentos, incluido el Observatorio Chandra de la NASA, que monitoreó el fenómeno durante casi tres meses.

“Puede pensarse en la onda de choque como un radar: a medida que avanza a través de las capas exteriores de la estrella y de cualquier material en las cercanías, deja una impronta en la señal que detectamos en rayos X”, explica la autora principal del otro estudio, Jillian Rastinejad, investigadora de la Universidad de Maryland.

“Podemos usar estos rayos X para obtener una vista panorámica inédita y cercana de la estrella al borde del colapso”, añade.

Una explosión atípica sin destello de rayos gamma

La muerte de esta gran estrella dio paso a la formación de un agujero negro y fue clasificada como una supernova de tipo Ic de líneas anchas, donde el material expulsado viaja a más del 10% de la velocidad de la luz.

Sin embargo, el hallazgo desconcertó a la comunidad científica por la ausencia total de un brote de rayos gamma, el destello energético habitualmente asociado a estos grandes eventos.

“Una de las principales preguntas sin respuesta en este campo es por qué algunas estrellas masivas en colapso lanzan chorros de material a una velocidad cercana a la de la luz que escapan de la estrella y producen brotes de rayos gamma, mientras que otras estrellas aparentemente similares no lo hacen“, apunta O’Connor.

La hipótesis del chorro estelar sofocado tras muerte de estrella gigante

Los expertos creen que el chorro de materia quedó bloqueado antes de emerger al espacio, sofocado por la propia densidad de la superficie estelar o por el material acumulado a su alrededor en sus momentos finales.

“La existencia de chorros asfixiados se teorizó hace décadas, pero aún no se había identificado de forma concluyente. La diferencia entre un chorro exitoso y uno asfixiado radica en si el chorro se mueve lo suficientemente rápido, o si es lo bastante potente como para atravesar el material estelar circundante”, añade O’Connor.

Laboratorios naturales de la física extrema

El descubrimiento abre nuevas vías para comprender los comportamientos de la materia bajo condiciones extremas de temperatura y presión que resultan imposibles de replicar en la Tierra.

“El hallazgo demuestra que las estrellas más masivas mueren de más formas de las que los astrónomos pensaban anteriormente”, declara Rastinejad.

Estas supernovas extremas “son laboratorios para que los astrofísicos estudien cómo se comportan las leyes de la física en entornos extremos”, concluye.