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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El fenómeno de los "therians" en Argentina no es solo un juego o una moda pasajera, sino una identidad profunda para quienes se identifican con animales no humanos. A través de redes sociales como TikTok e Instagram, jóvenes argentinos muestran su conexión con esta subcultura mediante máscaras, colas y movimientos animales. Este fenómeno ha trascendido lo digital para reunirse en plazas y parques, aunque ha generado controversia en algunas ciudades como Caleta Olivia y Jesús María. A diferencia de los "furries", los therians no interpretan un personaje, sino que incorporan el animal como parte de su identidad personal. Aunque ha sido objeto de burlas y memes, para quienes lo viven, es un estilo de vida y una forma de expresión de su verdadero yo.

Los jóvenes rompieron la barrera de las redes sociales y cada vez suman más integrantes a su comunidad, presente en distintos parques y eventos. Con una máscara se comportan como perros, tigres, lobos, gatos y zorros de cuatro patas.

Resumir el fenómeno a un disfraz, una máscara y un par de volteretas al aire libre sería minimizarlo. Es que ellos no se visten, se sienten perros. Cuando no están jugando con perros reales, se enfrentan entre ellos.

Ladran, aúllan y caminan en cuatro patas, luego de olfatear cada rincón del suelo. El fenómeno se llama “therian” y en 2026 ya no es una rareza de un foro de Reddit: ocupa plazas, parques y redes sociales en gran parte de Argentina.

En términos generales, la palabra therian se utiliza dentro de las comunidades digitales para describir a personas que sienten una identificación profunda con un animal no humano como parte de su identidad. Y aquí una importante aclaración: no tiene una definición única ni cerrada, ni siquiera entre quienes forman parte del colectivo.

Es que para algunos es emocional y, para otros, simbólica o espiritual. El punto en común es que el animal funciona como una figura idealizada que sostiene una identidad, un sentido de pertenencia y un lazo social con los demás therians, mayormente de entre 18 y 30 años.

Al calor de TikTok, Instagram y X abundan los videos de jóvenes de Argentina, especialmente en las plazas de Ciudad de Buenos Aires, usando máscaras, colas, hocicos de cotillón, orejas y accesorios y realizando movimientos inspirados en animales. Saltos, carreras cortas, olfateos, volteretas, trucos de mascota, aullidos.

La viralización, lejos del nicho avergonzante, empujó el paso siguiente: encuentros presenciales. Así, lo que nació en comunidades online empezó a verse en plazas de la Ciudad de Buenos Aires, pero también en Jujuy, Salta, Mendoza, Misiones, Chaco, Río Negro y Santa Cruz. En esta última provincia patagónica, precisamente en la localidad de Caleta Olivia, una reunión fue suspendida tras una ola de mensajes discriminatorios y ofensivos en redes sociales.

Además, en la zona rionegrina de Allen, ya se organizó la convocatoria a una especie de “escuela” informal en una plaza, donde se invita a aprender a “caminar, saltar, comportarse y ladrar como tu animal therian”.

Donde la polémica se instaló fue en Jesús María (Córdoba): una mujer denunció que su hija de 14 años fue rodeada por un grupo de entre tres y cuatro therians en plena calle, quienes comenzaron a olfatearla, para luego atacarla.

El caso sucedió cerca del colegio Domingo Faustino Sarmiento. “Ella andaba asustada; después me decía: “Mamá, ¿me podés llevar al colegio?” Y yo no sabía por qué. Y ahora caigo, ¿por qué no me lo dijo antes?”, contó la mujer en diálogo con la radio Somos Norte.

De ir atrás en el tiempo, distintas sociedades exploraron la frontera entre lo humano y lo animal. El teriomorfismo aparece en los dioses del Antiguo Egipto, en los bestiarios medievales y en mitologías de todo el mundo. La idea de la transformación parcial o simbólica del ser humano en animal atraviesa siglos. Lo novedoso es el formato, la edad de quienes participan y la potencia amplificadora de las redes.

La comparación con otros movimientos juveniles de Argentina resulta inevitable. En los 2000, los floggers se reconocían por su estética colorida, el uso intensivo de la extinta red social Fotolog y una identidad ligada a la exposición digital. Los emos, en cambio, construían pertenencia desde la expresión emocional, la melancolía y una estética oscura, al ritmo de sonidos como los de My Chemical Romance.

Muchas veces se confunde a los therians con el “furry fandom”, pero no son lo mismo. El mundo furry gira en torno a animales antropomórficos con rasgos humanos presentes en el arte, los cómics o el cine. Los therians, en cambio, no interpretan un personaje externo: el animal forma parte de su identidad personal. No dejan de ser quienes eran antes de la máscara, pero incorporan esa “raza” como una dimensión de sí mismos.

Los therians argentinos pasaron primero por programas de televisión considerados bizarros, como el de Moria Casán, donde la propia conductora se mostró desconcertada frente al comportamiento de sus invitados. Después copó noticieros como problemática de la agenda social.

Mientras, en las redes sociales, no paran las burlas, los memes y los comentarios irónicos. “Argentina, el país con más psicólogos por habitante”, repiten muchos. Otro veterinario ofreció en tono irónico: “Castraciones a costo cero”.

¿Qué dicen los therians?

“No es un juego, es un estilo de vida. Es una identidad. Me gusta hacer aullidos y ladridos, cavar en cuatro patas”, dijo al canal TN una joven disfrazada de zorro en una entrevista televisiva en Buenos Aires.

Otro chico, con una careta de tigre siberiano, explicó a Clarín: “Siempre supe que tenía comportamientos fuera de lo que se espera de un ser humano. Desde muy chico fui más animalista, con gestos involuntarios”.

Ya está presente en Chile

Aunque el fenómeno tomó fuerza en Argentina, algunos usuarios de redes sociales indicaron que han visto jóvenes pertenecientes a esta tribu urbana en ciudades como Rancagua, Concepción e Iquique.