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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Investigadores de la UdeC, UPLA y PUCV analizaron a jóvenes chilenos que ingresaron a la educación superior durante la pandemia, revelando un cambio profundo en sus expectativas. Los hallazgos muestran un individualismo defensivo, priorizando el bienestar personal sobre proyectos colectivos, junto a una visión pesimista del futuro. La incertidumbre se refleja en la postergación de la maternidad y una desconfianza en el mercado laboral. Además, se destaca una fuerte presencia de la tecnología en la vida cotidiana de los jóvenes, quienes la perciben como parte de sí mismos.

Un giro hacia el individualismo, la sensación de que “todo depende de uno mismo” y la percepción de que el futuro es inestable son parte de los principales hallazgos de una investigación conjunta de la Universidad de Concepción (UdeC), la Universidad de Playa Ancha (UPLA) y la Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), que analizó a jóvenes chilenos que ingresaron a la educación superior en plena pandemia y pospandemia.

Se trata del estudio “Nuevas subjetividades e imaginarios sociales juveniles en estudiantes de educación superior. La generación 2020 en tres regiones de Chile”, que consideró a estudiantes de Santiago, Valparaíso y Concepción.

Este sondeo advierte un cambio profundo en las expectativas juveniles, marcado por un individualismo defensivo, la búsqueda de bienestar personal por sobre proyectos colectivos y una mirada pragmática —e incluso pesimista— del futuro.

La investigación se basó en 121 entrevistas y 17 grupos de discusión que reunieron a 236 estudiantes de educación superior de las regiones del Biobío, Valparaíso y Metropolitana, y describe un escenario de “multicrisis” que ha reconfigurado identidades, expectativas laborales, vínculos sociales y la relación con la tecnología.

“El futuro se percibe como inestable”

“Los estudiantes describen el porvenir como un espacio inestable, donde planificar se vuelve difícil y las expectativas se moderan”, explica la antropóloga Andrea Aravena, líder del estudio y académica UdeC.

En este sentido, el estudio señala que la incertidumbre se traduce, entre otros aspectos, en la postergación o rechazo de la maternidad entre las jóvenes, quienes cuestionan la desigual distribución de las tareas de cuidado y las dificultades para compatibilizar familia y desarrollo profesional.

Este diagnóstico se expresa con fuerza en la idea de que el bienestar individual prima por sobre lo comunitario, instalando una lógica de “sálvese quien pueda” frente a un contexto que perciben como frágil y competitivo.

La investigación confirma así el avance del individualismo en la sociedad chilena, particularmente entre las nuevas generaciones.

Hiperconectividad muy naturalizada

El sondeo también identificó una fuerte presencia de la tecnología en la vida cotidiana de los y las jóvenes, dando cuenta de una “hiperconectividad” que estructura sus relaciones, estudios y formas de habitar el tiempo libre, señala el equipo investigador.

Asimismo, indican que este uso intensivo del celular y otras tecnologías hace que estos se perciban como una extensión del cuerpo y la mente para muchos jóvenes. “Despertar con el teléfono en la mano” es parte de la rutina diaria, dice el estudio.

Un comunicado de Udec señala que la investigación dio cuenta de brechas tecnológicas según clase social: mientras algunos estudiantes integran IA, dispositivos inteligentes y “casas smart” en su vida cotidiana, otros acceden a la tecnología de forma más limitada y funcional

El título ya no basta y el postgrado se vuelve “blindaje”

Otro de los hallazgos centrales apunta al mundo laboral. Aunque los jóvenes mantienen expectativas relativamente altas —trabajar en lo que estudiaron, lograr estabilidad y crecimiento profesional—, estas se expresan con un discurso más realista que ambicioso.

En ese contexto, el estudio detecta una fuerte desconfianza hacia el mercado laboral, percibido como saturado y precario, frente a una mayor confianza en la formación universitaria. Esto instala la idea de que el título profesional ya no es suficiente y que los postgrados operan como una estrategia casi obligatoria de defensa: magísteres y diplomas son vistos más como un “blindaje” frente a la competencia que como una vocación académica.

Voces críticas y una cautelosa esperanza

Algunos jóvenes también cuestionan que el sistema educativo entregue las herramientas necesarias para entender y desenvolverse en el mundo de hoy. Algunos coincidían en que muchas veces los prepara para competir y consumir más que para pensar o transformar la sociedad.

Junto a ello, en los grupos de género con particular fuerza se aprecia un rechazo explícito a la maternidad: más allá de la postergación, emergen discursos que niegan derechamente el deseo de tener hijos, asociados a experiencias familiares de sobrecarga femenina, discriminación laboral y pensiones insuficientes.

Del mismo modo, se logró constatar una preocupación por la pérdida de la identidad cultural indígena: jóvenes de distintas regiones expresan inquietud por la desaparición del mapudungun y las tradiciones mapuche, vinculando globalización, migración y educación escolar como factores de erosión cultural.

A pesar del incierto contexto en que les ha tocado ser jóvenes, la generación 2020 manifiesta una esperanza cautelosa en la acción juvenil: pese al diagnóstico crítico, aparece una expectativa de cambio ligada a la conciencia ambiental, la equidad de género y la acción colectiva, aunque reconocida como lenta y llena de obstáculos.

La investigación, desarrollada junto a académicos de la Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad de Playa Ancha, entra ahora en su etapa final de difusión. Como parte de ese proceso, el equipo realizará el conversatorio “¿Qué nos depara el futuro? Bienestar subjetivo, socialización digital e imaginarios juveniles en estudiantes de universidades del CRUCH”, el próximo 20 de enero de 2026, en el marco de las Escuelas de Verano UdeC.

Resumen de principales hallazgos de la investigación:

“No futuro”, ecoansiedad y retrotopías: En tiempos de crisis se diluyen los proyectos colectivos y se privilegia el bienestar individual.

Título ya no basta: Los postgrados aparecen como “blindaje” frente a la competencia y la precariedad de la inserción laboral.

“Todo depende de mí”: Más individualismo para enfrentar un futuro sin redes ni certezas.

“No quiero ser mamá”: Crece el rechazo explícito y la postergación de la maternidad por desigualdades de cuidado y riesgos laborales.

Crítica a la educación: Se percibe como relevante, necesaria para competir, pero débil en su aporte de sentido y de formación del pensamiento crítico.

Hiperconectividad con brechas socioeconómicas: El celular como “extensión del cuerpo y la mente”; diferencias en acceso a IA y dispositivos.

Identidad cultural en riesgo: Preocupación por pérdida de mapudungun y tradiciones mapuches.

· Esperanza cautelosa: Persiste expectativa de cambio desde acción ambiental y equidad de género, aunque “lenta y con obstáculos”.