En 2025, en Chile se registraron 1.927 defunciones por suicidio, una cifra que supera ampliamente a la de los homicidios registrados durante el mismo año. Debido a la alarmante cifra, en esta nota abordamos las señales que pueden alertar sobre una crisis y uno de los errores que suelen cometer familiares y amigos.
Tamara Otzen, psicóloga, doctora en Ciencias Médicas y doctora en Salud Basada en Evidencias, académica de la Universidad de La Frontera (UFRO), advierte que esta tendencia no es reciente.
“El mayor riesgo de morir de forma violenta en Chile no viene de un tercero, sino de uno mismo. Desde 2018, el suicidio es la primera causa de muerte violenta del país: 10,5 por 100.000 versus 6,0 de homicidios. Y a diferencia de otras causas externas, casi todas las muertes por suicidio ocurren después de un período de sufrimiento en el que hubo oportunidades de intervenir”, explica la experta.
Suicidio en Chile
En nuestro país, cerca de cuatro de cada cinco muertes por suicidio corresponden a hombres. Las tasas más altas se presentan entre los hombres mayores de 65 años.
Al observar el número total de fallecimientos, el grupo más afectado es el de 20 a 29 años. En tanto, entre los adolescentes preocupa el aumento de los intentos de suicidio y las autolesiones, especialmente entre las mujeres.
La dimensión territorial también resulta relevante. “Territorialmente, las mayores tasas están en el sur: Aysén, La Araucanía y Los Ríos llevan dos décadas sobre el promedio nacional, con mayor afectación de hombres rurales”, señala Otzen.
Entre los factores asociados se encuentran el aislamiento, la violencia, los duelos, el consumo problemático de alcohol, la depresión, el dolor crónico, las dificultades económicas y las barreras para acceder a atención. Sin embargo, la académica enfatiza que no existe una explicación única.
Eso sí, la experta destaca que “ningún factor por sí solo explica un suicidio. Nunca es ‘se suicidó por tal cosa’. Es acumulación de dolor en el tiempo, y por eso hay tantos puntos donde se puede intervenir”.
Las señales que pueden advertir una crisis
A pesar de este complejo panorama, tanto la Organización Mundial de la Salud como la Organización Panamericana de la Salud coinciden en una certeza científica fundamental: el suicidio se puede prevenir.
Uno de los principales obstáculos para evitar estas muertes es que las señales de alerta no siempre son visibles. A diferencia de una enfermedad física, las heridas psíquicas y emocionales pueden manifestarse de manera menos evidente.
Como señala Claudia Barrera Renault, psiquiatra y CEO de Grupo Cetep, “a diferencia de una fractura física, la depresión y el sufrimiento emocional no siempre son visibles. De ahí la necesidad de conversar de salud mental. No se puede esperar a que el dolor sea evidente para ofrecer auxilio”.
Pero, a pesar de que las señales no son siempre evidentes, sí existen ciertas conductas que pueden alertar a los cercanos.
Tamara Otzen explica que estas son: hablar de no tener salida, sentirse una carga o no querer continuar; despedirse, regalar objetos importantes, aislarse, autolesionarse o aumentar el consumo de alcohol.
La desesperanza, el insomnio persistente, la irritabilidad y una calma repentina después de un periodo de angustia intensa también requieren atención.
El error que suele cometer el entorno cercano
Ante estas señales, la recomendación para familiares y cercanos es conversar de manera directa, escuchar sin juzgar, no dejar sola a la persona, limitar su acceso a elementos con los que pueda hacerse daño y buscar apoyo profesional.
“Preguntar directamente no induce la conducta. Es el mito más dañino que existe“, alerta la experta.
“La evidencia es clara en que preguntar por ideación suicida no aumenta el riesgo, y en varios estudios lo reduce. Hay que preguntar sin eufemismos: ‘¿has pensado en quitarte la vida?’”, afirma.
Pedir ayuda no es señal de debilidad
Claudia Barrera Renault recalca la importancia de la atención temprana y advierte que “pedir ayuda profesional a tiempo acorta los tratamientos y evita desenlaces trágicos. No debemos normalizar el sufrimiento ni la desesperanza”.
El Ministerio de Salud advierte que las muertes por suicidio comienzan a aumentar en septiembre y alcanzan sus niveles más altos durante diciembre y enero.
Para Otzen, esta fecha debe marcar el inicio de un período de mayor prevención, detección y acompañamiento.
“El mensaje de fondo es que el suicidio es prevenible. No es un destino, es un desenlace, y entre el sufrimiento y ese desenlace hay meses en que se puede intervenir”, concluye la especialista.
Dónde pedir ayuda: Ante una crisis emocional o pensamientos suicidas, se puede llamar gratuitamente desde un celular al *4141, línea del Ministerio de Salud disponible las 24 horas, todos los días de la semana.