Recientemente Reino Unido, el país al cual Israel debe su creación y que ha sido uno de sus más cercanos aliados en sus 78 años de existencia, ha declarado que existe limpieza étnica en Cisjordania perpetrada por “colonos terroristas” israelíes y que la ocupación de dicho territorio es ilegal; se prohibirá la publicidad de terrenos en asentamientos ilegales y se aplicará un paquete de medidas punitivas contra Israel. Además, Canadá y al menos 10 países de Europa se han sumado a las sanciones contra los asentamientos ilegales.

Mientras esto ocurre, el gobierno de Kast se empeña cada día en estrechar más todo tipo de lazos con esta entidad genocida conocida como Estado de Israel.

Llama la atención la excesiva influencia que el gobierno le ha permitido ejercer al sionismo, tanto en su política exterior como en el nombramiento de funcionarios del régimen y en su relación con el Estado de Israel. Es así como tenemos a Eitan Bloch, judío sionista, anteriormente asesor en la embajada de Israel, en calidad de consejero en política internacional; a Gabriel Zaliasnik como embajador en Israel; el retorno de los agregados militares a la embajada en ese país; la restitución de un espacio a Israel en la FIDAE y la reunión especial de Kast con el presidente de Israel en Centroamérica, en mayo.

Cabe analizar entonces qué valores comparten Chile e Israel. En cuanto a su relación con los países limítrofes, Chile se ha ceñido estrictamente al Derecho internacional para dirimir los conflictos que se han presentado. Israel en cambio, en sus escasos 78 años de existencia, ha violado todos y cada uno de los preceptos del Derecho Internacional. En este ámbito, Israel ocupa hoy ilegalmente territorios de Palestina, Líbano y Siria y no manifiesta ninguna intención de devolverlos.

También en el terreno del Derecho Internacional, hay que recordar que su Primer Ministro registra una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional, bajo los cargos de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Debido a las estrechas relaciones actuales con ese régimen, se podría dar incluso el caso de que este jerarca fuera invitado por el gobierno a visitar Chile. ¿Podría el gobierno en ese escenario proceder a su detención, a la cual estaría obligado en razón de tratados libremente suscritos por Chile?

Es precisamente este tipo de potenciales situaciones las que tornan incomprensible nuestra actual política exterior respecto de ese país, a menos de que su inspiración sea la de adoptar servilmente la política exterior de los Estados Unidos respecto de Israel.

Y no se agota allí la divergencia. Sin perjuicio de las anteriores contravenciones al Derecho, el gobierno nombró embajador en Israel a Gabriel Zaliasnik, expresidente de la Comunidad Judía de Chile y fervoroso sionista, pese a numerosas voces que hacían ver lo inconveniente de dicho nombramiento.

No transcurrió mucho tiempo para demostrar que dichas voces tenían razón: El embajador otorgó una entrevista al canal norteamericano “Defending Israel”, en la cual la condición de sionista de Zaliasnik se impuso por sobre su condición de representante de Chile, criticando incluso a los chilenos de ascendencia palestina y manteniendo de trasfondo un mapa en que aparecía todo el territorio de la Palestina histórica como perteneciente a Israel, en abierta contravención de la política permanente de Chile, que reconoce como límites del territorio palestino, los existentes a mayo de 1967. ¿Qué tenía que hacer un embajador chileno en un programa en defensa de Israel? Este episodio, que debería haber gatillado su salida, solo generó una amonestación de parte del Gobierno.

Por otra parte, se habla mucho acerca de que Israel provee de armamento e instrumental de alta tecnología a nuestras fuerzas armadas y que sería imprudente prescindir de dicho proveedor. Se olvida que Israel no nos hace ningún favor al respecto y que para ese país esto constituye un lucrativo negocio, existiendo por lo demás otros numerosos potenciales proveedores. Además, en lo valórico, dichas armas vienen con la “garantía” de haber sido “probadas en combate”, léase “probadas en la población civil palestina”.

Continuando con las incoherencias de esta política, la estrecha alianza tanto con Israel como con Estados Unidos posee un trasfondo moral insoslayable: El 28 de febrero, Israel y Estados Unidos atacaron a traición a Irán, asesinando a su máximo jerarca y a sus familiares, además de otras bajas colaterales y bombardeando exprofeso una escuela en un doble ataque, asesinando a 168 niñas, pisoteando una vez más el Derecho internacional. Y este tipo de bombardeos indiscriminados se mantiene hasta el día de hoy. Cabe preguntar nuevamente: ¿es este el tipo de países con los cuales Chile debería mantener una relación privilegiada?

Por su historia de heroísmo, libertad y respeto por el Derecho internacional, Chile no merece ser recordado como uno de los países que prestó su apoyo al régimen que está cometiendo un genocidio, que, por lo demás, ha sido transmitido y documentado en vivo y en directo, lo que imposibilita alegar ignorancia al respecto.

Por este motivo, insistir en el citado apoyo al régimen genocida no tiene otro nombre que complicidad, lo que en el fondo implica traicionar el alma de nuestra patria y su historia. Apelamos entonces a la conocida condición de devoto católico de José Antonio Kast, a fin de que reflexione acerca de las severas implicancias morales que reviste el apoyo irrestricto que su gobierno está prestando a una entidad reconocidamente genocida.