Registrar cada caloría en una aplicación, eliminar los carbohidratos o pasar largas horas sin comer bajo la promesa del ayuno intermitente. Son prácticas que hoy suelen asociarse a la disciplina, la fuerza de voluntad y una vida saludable.
Pero ¿qué ocurre cuando las reglas en torno a la comida comienzan a generar ansiedad, culpa o incluso a interferir con la vida cotidiana?
Especialistas de Centro Cadda advierten que algunas conductas ampliamente normalizadas por la cultura de la dieta y las tendencias de bienestar en redes sociales pueden, en ciertos casos, ser señales tempranas de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA).
El desafío, explican, está precisamente en que estas prácticas suelen ser socialmente validadas. Conceptos como comer “limpio” o “saludable” se asocian con frecuencia al éxito personal, mientras que restringir determinados alimentos o mantener un estricto control sobre lo que se consume puede ser visto como una muestra de disciplina.
“El problema no es preguntarse qué se está comiendo. El problema es cuándo esa pregunta empieza a ocupar todo el espacio mental de una persona”, señala Pamela Campi, nutricionista y cofundadora de Centro Cadda.
“Contar calorías, eliminar los carbohidratos y otros grupos de alimentos considerados malos, o ayunar por horas prolongadas se celebran hoy en redes sociales como sinónimo de disciplina. Pero cuando una regla alimentaria autoimpuesta genera angustia al romperla o culpa intensa, o cuando comer ‘bien’ pesa más que disfrutar una comida en familia, ahí empezamos a poner atención como especialistas”, agrega.
Según la profesional, muchas familias se sorprenden al descubrir que detrás de conductas que pueden parecer anodinas existe, en algunos casos, un TCA ya instalado, con un importante nivel de sufrimiento e impacto en la funcionalidad de la persona.
La búsqueda de control detrás de la comida
Desde la psicología, este tipo de conductas también puede estar relacionado con una búsqueda de control frente a emociones difíciles de manejar, además de la presión por cumplir con determinados ideales corporales.
“Detrás de contar cada caloría o de eliminar un grupo completo de alimentos casi siempre hay una búsqueda de control frente a una emoción difícil de manejar: ansiedad, baja autoestima o la presión por cumplir con un ideal de cuerpo”, explica Macarena Zuleta, psicóloga y cofundadora de Centro Cadda.
El problema, añade, es que la normalización de estas prácticas puede dificultar que tanto la persona como su entorno identifiquen que existe una situación que requiere atención.
Por ello, recomienda observar ciertas conductas, como cuando una persona comienza a organizar gran parte de su día en torno a la comida, evita instancias sociales que impliquen comer o experimenta una culpa desproporcionada al “salirse” de su dieta.
“Es momento de buscar apoyo profesional, antes de que el cuadro se instale con más fuerza”, advierte.
¿Cuándo un hábito deja de ser solo un hábito?
Para el equipo de Centro Cadda, existen algunas señales que pueden ameritar una evaluación profesional:
Preocupación constante por las calorías, las porciones o el “valor” de los alimentos.
Culpa o ansiedad intensa al salirse de una regla alimentaria autoimpuesta.
Evitar comidas familiares o sociales por temor a “romper” la dieta.
Cambios de ánimo asociados a lo que se comió o dejó de comer.
Necesidad de “compensar” después de comer mediante ejercicio, ayuno, restricción u otras conductas como las purgas.
Una intensa insatisfacción corporal o una necesidad constante de modificar el cuerpo.
Ninguna de estas señales, por sí sola, constituye un diagnóstico. Sin embargo, su combinación y persistencia en el tiempo pueden ser motivo de consulta.
El rol de las aplicaciones y el control de la alimentación
Una revisión sistemática de la Universidad Flinders, publicada en marzo de 2025 en la revista Body Image, analizó 38 estudios sobre aplicaciones de dieta y actividad física.
El trabajo encontró una asociación entre el uso de estas herramientas y una mayor presencia de síntomas de conductas alimentarias alteradas, especialmente entre quienes las utilizan con mayor frecuencia.
No obstante, los investigadores advirtieron que esta relación no necesariamente implica causalidad. Es decir, también es posible que las personas con una mayor preocupación por su cuerpo y alimentación sean más propensas a utilizar este tipo de aplicaciones.
Desde Centro Cadda enfatizan que contar calorías o seguir una pauta alimentaria no es, por sí mismo, sinónimo de un trastorno.
La señal de alerta aparece cuando el control sobre la alimentación y una intensa insatisfacción corporal comienzan a generar ansiedad y culpa, derivan en restricciones cada vez mayores o interfieren con aspectos cotidianos, como las relaciones familiares, sociales o laborales.
“Cuanto antes se detecta, más simple es el tratamiento y mejor el pronóstico”, concluyen.