Mientras las conversaciones entre Estados Unidos e Irán sobre una solución a la guerra parecieran estar en un punto muerto, Washington mantiene activo su poderoso despliegue en Medio Oriente. Y en paralelo a los ataques que ha llevado a cabo con cazas y bombarderos, también libra una guerra menos “visible” por el control del espectro electromagnético.
Es bajo este contexto que destaca el EA-18G Growler, avión que opera en la región con el objetivo de interferir radares y comunicaciones enemigas, transformándose en una pieza clave de las operaciones estadounidenses contra Teherán.
Para neutralizar objetivos enemigos mediante misiles y bombas, las Fuerzas norteamericanas deben cerciorarse de detectar, interferir y degradar los sistemas electrónicos iraníes.
¿Qué hacen los aviones de guerra electrónica?
Los aviones de guerra electrónica (electronic warfare) están diseñados para ganar la batalla del espectro electromagnético, estando equipados para interferir radares y bloquear -o degradar- comunicaciones entre unidades enemigas.
A su vez, pueden confundir sistemas de defensa antiaérea, dificultando que sepan dónde están realmente los aviones atacantes. En paralelo, son capaces de detectar emisiones de radares y transmisores enemigos para localizar y clasificar amenazas.
Dicho de otro modo, no son lo aviones que necesariamente destruyen objetivos sino que más bien permiten que otros aviones puedan llegar hasta los blancos.
Lockheed Martin, fabricante estadounidense de poderosos aviones de combate como el F-16 Fighting Falcon, F-22 Raptor o el F-35 Lightning II, señala que la guerra electrónica utiliza energía electromagnética para interrumpir, inhabilitar o destruir la capacidad del adversario para utilizar el espectro electromagnético, que abarca ondas de radio, microondas, infrarrojos y luz visible.
Se trata de un componente fundamental de la guerra moderna, ya que permite a las fuerzas militares obtener una ventaja estratégica sobre sus adversarios, añade la firma.
Se divide en tres áreas principales: ataque electrónico, para perturbar, degradar, destruir o engañar; protección electrónica para evitar que un receptor sea bloqueado o engañado; y soporte electrónico, para la detección del espectro electromagnético.
La guerra electrónica es especialmente importante para Washington debido a Irán dispone de una red de radares, defensa antiaérea, comunicaciones y sistemas de mando que EEUU necesita confundir antes y durante los ataques.
EA-18G Growler, pieza clave en la guerra electrónica en Medio Oriente
El Boeing EA-18G Growler es una versión adaptada a la guerra electrónica del cazabombardero F/A-18F Super Hornet. Fabricado por la compañía estadounidense Boeing Integrated Defense Systems, entró en producción en 2007 y comenzó a operar para la Armada de EEUU en septiembre de 2009.
Desarrollado para reemplazar al Northrop Grumman EA-6B Prowler, marcó un importante paso hacia adelante en la capacidad de ataque electrónica aérea.
A 20 años después de su primer vuelo, el Growler sigue siendo el principal avión de ataque electrónico aerotransportado de la Armada de EEUU. “Y sus capacidades continúan avanzando”, asevera Boeing.
Su función principal es bloquear radares y señales de comunicaciones de fuerzas enemigas, desactivando su capacidad para detectar y rastrear fuerzas militares estadounidenses y aliadas.
Construido como una variante del F/A-18 Super Hornet, es un avión con capacidad para portaaviones que puede transportar una variedad de cápsulas de interferencia, armas y otras provisiones.
“Puede ejecutar múltiples conjuntos de misiones, incluidas interferencias de enfrentamiento y interferencias de escolta”, señala la fabricante.
Ha desempeñado un papel clave en la interferencia de las defensas aéreas enemigas y en la habilitación de operaciones estadounidenses en el Mar Rojo, Venezuela y Medio Oriente.