Inquietud. Nerviosismo. Con esas palabras describen la sensación que despertó en la élite chilena la incautación del teléfono de Darío Calderón González.
Conocido como el Conde Negro, el ex presidente de NutreChile —asociación gremial que reúne a las empresas proveedoras de alimentos escolares— figura en la lista de imputados en la trama de corrupción que estalló en la Junaeb.
Su nombre no pasó desapercibido en las diligencias que desplegó este jueves el Ministerio Público y la PDI. Si bien hasta ahora los investigadores han mantenido bajo reserva su participación en los hechos indagados, la fiscal de Alta Complejidad Oriente, Constanza Encina, consiguió autorización judicial no sólo para incautar sus dispositivos electrónicos sino también para alzar su secreto bancario.
El lobista de las 100 reuniones
Bien podría decirse que Calderón, antiguo concertacionista (autodenominado “laguista” por su cercanía con Ricardo Lagos), es uno de los hombres mejor conectados de Chile. Hizo sus primeras armas en el Instituto Nacional para luego estudiar Derecho en la Universidad de Chile.
Desde entonces forjó una extensa carrera como un prominente y sigiloso lobista, cuya sombra se extiende por todos los recovecos del mundo empresarial, político y judicial.
En registros públicos, Calderón —masón y radical— figura como cabildero en más de un centenar de reuniones. 48 de ellas fueron en favor de NutreChile, 43 en representación de sí mismo y tres por la Inmobiliaria Punta Piqueros. Compareció ante ministros, alcaldes, directores de distintas reparticiones públicas y jefes de servicios.
Sus redes se extienden a importantes figuras de la élite: fue abogado de Sebastián Piñera, hombre de confianza de Julio Ponce Lerou, mediador de la familia Yarur, amigo de los Cueto y de los Jalaff. Sin ir más lejos, en el audio que destapó la influencia de Luis Hermosilla aparece mencionado tres veces. “Todas las constituciones de sociedad de los Jalaff, independiente cuál, pasaban por Darío Calderón y Luis Hermosilla”, declararía más tarde Leonarda Villalobos ante la fiscalía.
En la Corte Suprema, el Conde Negro también ha construido, en más de 40 años de carrera, relaciones. Abogados de la Universidad de Chile y miembros de la masonería son algunas de las características de quienes Calderón frecuenta.
Amigo Florentino
“Calderón es un tipazo”, dice una fuente fuera de micrófono que conoce de cerca al Conde Negro, apodo que acuñó Eduardo Bonvallet por su cercanía con altos dirigentes del mundo del fútbol. Otro lo define como alguien “amistoso”, “amigable”. No por nada, y también a raíz de su edad, muchos lo llaman “tío Darío”.
Hincha de la Universidad de Chile, su injerencia también llega a la esfera internacional. Es amigo, por ejemplo, de Florentino Pérez, uno de los hombres más adinerados de España. El histórico presidente del Real Madrid incluso lo ha invitado a celebraciones y partidos del elenco merengue.
Es más: Calderón ha representado los intereses del cuadro ibérico en Chile por más de dos décadas.
El teléfono
Si bien la orden emanada por el Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago circunscribe el rango de acción de los investigadores a solo “reuniones, intercambios de información y otras formas de comunicación relacionadas a los hechos investigados”, lo cierto es que existe inquietud respecto de los antecedentes privados que pudieran estar ahí contenidos, especialmente a aquellos relacionados a figuras de Sanhattan y de la élite criolla.
Según cercanos a Calderón, aún no ha pensado en designar abogados en la causa, como lo hizo el senador Miguel Ángel Calisto con el penalista Nelson Salas.
Este fin de semana, comentan los mismos inquiridos, podría tomar una decisión en lo comunicacional y en lo legal.