Señor Director:

La inteligencia artificial está obligándonos a repensar profesiones, competencias y formas de trabajo. Es razonable preguntarnos cómo las humanidades, las artes y las ciencias sociales participarán de esa transformación.

Lo que resulta más discutible es suponer que su valor radica principalmente en poner sus capacidades al servicio de la adopción de nuevas tecnologías.

Quien domina el lenguaje no solo puede escribir mejores instrucciones para una máquina. Puede interrogar sus categorías y sesgos. Quien enseña no solo posee habilidades transferibles para capacitar usuarios: produce conocimiento sobre cómo aprendemos.

Y quienes trabajan con la historia, la filosofía, el arte o la cultura no son únicamente buenos candidatos para facilitar la llegada de la inteligencia artificial; cuentan con herramientas indispensables para comprender qué está cambiando con ella.

La distinción importa. Una política de conocimiento no puede limitarse a preguntarse cómo adaptar las capacidades existentes a las necesidades de una industria emergente. Debe preguntarse también qué conocimientos necesita una sociedad para orientar críticamente esa transformación.

La tecnología puede ampliar extraordinariamente nuestras capacidades. Pero decidir hacia dónde queremos ampliarlas sigue siendo una tarea profundamente humana.

Víctor Polanco
Vicerrector Vicerrectoría de Investigación, Creación Artística e Innovación
Universidad Finis Terrae