Tomar analgésicos como ibuprofeno para el dolor de cabeza, recurrir al naproxeno ante una molestia muscular o usar diclofenaco cada vez que aparece un dolor puede parecer una práctica cotidiana. Sin embargo, cuando el consumo deja de ser ocasional y comienza a repetirse semana tras semana, los riñones pueden terminar pagando parte de la cuenta.
Esa es precisamente la advertencia que plantean expertos ante el aumento de pacientes que llegan a consulta con alteraciones renales y que tienen en común el consumo frecuente de analgésicos. Esto apunta especialmente al uso habitual de antiinflamatorios no esteroidales (AINEs), una familia que incluye medicamentos tan conocidos como ibuprofeno, naproxeno y diclofenaco.
El problema no necesariamente surge por tomar una pastilla de manera aislada. La preocupación está en convertir estos medicamentos en una solución habitual frente al dolor, utilizarlos durante periodos prolongados o consumirlos en situaciones que aumentan la vulnerabilidad del riñón, como una deshidratación.
El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) advierte que los AINEs pueden provocar una lesión renal aguda cuando una persona los toma estando deshidratada o con la presión arterial baja.
¿Por qué algunos analgésicos pueden dañar los riñones?
Los AINEs actúan inhibiendo la producción de prostaglandinas, sustancias que participan, entre otras funciones, en mantener un flujo sanguíneo adecuado hacia los riñones. Al disminuirlas, estos medicamentos pueden reducir ese flujo y afectar la capacidad del órgano para funcionar correctamente, especialmente cuando existen otros factores de riesgo.
De hecho, el Instituto de Salud Pública (ISP) ya advirtió en 2013 sobre la nefrotoxicidad de este grupo de medicamentos. En uno de sus boletines de farmacovigilancia explicó que el daño renal asociado a los AINEs puede aparecer incluso desde la primera dosis y que el riesgo aumenta según la cantidad administrada y el tiempo de exposición.
La evidencia científica también respalda esa asociación. Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió diez estudios encontró que el uso actual de AINEs se asociaba con mayores probabilidades de sufrir una lesión renal aguda en la población general. El riesgo resultó mayor entre adultos mayores y también se observó un incremento entre personas que ya padecían enfermedad renal crónica.
Sin embargo, no todos los analgésicos funcionan igual. La National Kidney Foundation señala que el paracetamol generalmente resulta seguro para los riñones cuando se utiliza en las dosis recomendadas. El principal peligro aparece con la sobredosis accidental y otras condiciones particulares, por lo que revisar los ingredientes de antigripales y medicamentos combinados resulta importante para no consumirlo por duplicado.
El problema de automedicarse: los analgésicos lideran en Chile
La advertencia adquiere especial relevancia al mirar lo que ocurre en Chile. Un análisis realizado con datos de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 estimó una prevalencia de automedicación cercana al 26%. Entre quienes recurrían a esta práctica, los analgésicos encabezaban los grupos terapéuticos consumidos, con un 51,4%, seguidos por los antiinflamatorios y antirreumáticos, con un 24,5%.
Otro estudio realizado entre usuarios de atención primaria de Conchalí encontró una frecuencia de automedicación con AINEs de 78,9% en la muestra estudiada y calificó como inapropiado el patrón de uso en un 31,7% de los casos.
Entre las principales razones para automedicarse apareció la percepción de que el problema no justificaba acudir al médico. Los autores concluyeron que estos resultados respaldaban la necesidad de educar sobre las consecuencias del uso inadecuado de estos medicamentos.
El ISP también abordó esta problemática, advirtiendo que la capacidad de provocar efectos nocivos sobre el riñón constituye una característica común de los AINEs y que depende tanto de la dosis como del tiempo durante el cual una persona se expone al medicamento.
¿Quiénes deberían tener especial precaución?
Las personas con enfermedad renal crónica, hipertensión, diabetes, enfermedades cardíacas o quienes utilizan ciertos medicamentos para controlar la presión tienen que prestar especial atención.
La National Kidney Foundation recomienda que las personas con enfermedad renal eviten automedicarse con AINEs y advierte que estos fármacos pueden provocar una lesión renal aguda o empeorar una enfermedad renal preexistente.
La deshidratación también puede convertir una situación aparentemente cotidiana en un escenario de mayor riesgo. Vómitos, diarrea u otras enfermedades que reducen los líquidos corporales pueden hacer más vulnerable al riñón frente a estos medicamentos. Por eso, el NIDDK recomienda consultar con médicos o farmacéuticos qué fármacos conviene evitar durante una enfermedad que produzca deshidratación.
Esto no significa que una persona deba temerle a cualquier analgésico. La recomendación de organismos especializados apunta a utilizarlos correctamente, respetar las dosis indicadas y evitar prolongar el tratamiento por cuenta propia. En el caso de los AINEs, se aconseja recurrir a la menor dosis posible durante el menor tiempo necesario cuando su uso resulte apropiado. Si el dolor obliga a tomar medicamentos semana tras semana, más que normalizar esa rutina, conviene consultar a un especialista para identificar qué lo está provocando.