Cuando llega el invierno en Chile, muchas familias evitan abrir puertas y ventanas para evitar el paso del frío. Sin embargo, aquel simple acto puede convertir la casa en un ambiente propicio para virus, bacterias y hongos, pues la humedad atrapada, combinada con el frío y la escasa circulación de aire, forma una tríada que eleva de manera considerable el riesgo de enfermedades respiratorias, especialmente en los niños.
Con la llegada del invierno, el riesgo no solo se encuentra en la calle. Nuestro propio hogar puede transformarse en el espacio perfecto para desarrollar enfermedades.
La doctora Mónica Núñez, médico familiar y académica de la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello, advierte que la relación entre humedad y salud respiratoria es más estrecha de lo que muchos padres creen.
“En invierno, la humedad, el frío y la mayor circulación viral se potencian entre sí, lo que aumenta el riesgo de contraer enfermedades respiratorias, especialmente en las edades extremas de la vida y en personas inmunosuprimidas”, señala.
El hogar puede ser el escenario perfecto para contraer enfermedades
Dentro de una casa con niveles de humedad elevados y baja temperatura, las mucosas del sistema respiratorio se irritan y se enfrían, lo que reduce la capacidad del organismo para defenderse de las infecciones.
“Si la humedad persiste, se pueden reproducir hongos y acentuar alergias y cuadros respiratorios”, explica la doctora Núñez.
Por otro lado, los hongos que crecen en paredes y rincones húmedos no son solo un problema estético. Su principal efecto es desencadenar o agravar alergias y cuadros respiratorios.
La Organización Mundial de la Salud advierte que la humedad persistente y el crecimiento de moho en las viviendas se asocian con un mayor riesgo de síntomas respiratorios, alergias y asma.
Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, la exposición al moho puede provocar tos, sibilancias, congestión nasal e irritación.
Eso sí, la gravedad, aclara la especialista, dependerá de la condición particular de cada persona. En niños pequeños, los más vulnerables son los menores de tres meses, quienes aún no han desarrollado suficientes defensas inmunológicas.
Lo que las familias pueden hacer
La medida más efectiva, y también la menos intuitiva en pleno invierno, es ventilar. “Realizar la apertura de ventanas durante unos minutos al día permite renovar el aire interior y reducir la concentración de virus, bacterias y hongos”, indica Núñez.
Otro hábito que eleva la humedad interior de manera silenciosa es secar ropa dentro del hogar, según cuenta Núñez, por lo que recomienda evitarlo.
Junto con eso, reducir la contaminación intradomiciliaria, en particular el humo del tabaco, resulta determinante para prevenir infecciones respiratorias en los menores.
El uso de deshumidificadores puede ser un apoyo válido, pero la especialista subraya que no reemplaza las medidas anteriores: ventilación, control del tabaco y evitar secar ropa adentro siguen siendo la base de la prevención.
Vale destacar que si se detecta moho en la casa y hay niños presentes, la acción debe ser inmediata, ya sea con la remodelación del espacio y con el secado y aseo profundo para proteger la salud de quienes viven allí.