Luego de varias semanas se confirmó el triunfo de Keiko Fujimori en Perú. El camino de Keiko a la presidencia no ha sido sencillo. Luego de cuatro intentos, la candidata se impuso finalmente en el último. Este hito habla de su capacidad para afirmar su liderazgo interno y su trabajo para consolidar su partido Fuerza Popular en un contexto de partidos políticos que duran un ciclo electoral.

Desde fines de los noventa, el sistema de partidos peruanos se caracteriza por el surgimiento de vehículos electorales personalistas que cumplen con la función de viabilizar las pretensiones electorales de liderazgos que vienen de fuera de la política tradicional. En ese sentido, Fuerza Popular es, de cierta manera, una anomalía respecto al resto de los conglomerados en competencia.

Por otro lado, la Keiko que asumirá la primera magistratura no es la misma que la de su primera campaña de 2011. Su pretensión de encarnar el concepto de orden en un escenario de alta inseguridad y crecimiento del crimen organizado ha sido acompañada de esfuerzos por moderar su discurso.

Si en el pasado era tildada como una representante de una derecha populista, hoy ha buscado ofrecer ciertas garantías a los sectores empresariales. Así, por ejemplo, ha manifestado la intención de que Julio Velarde -presidente del Banco Central-, continúe al mando de dicha institución, buscando así dar la señal de continuidad de la política macroeconómica. Ante la crisis política vivida en la última década, la estabilidad de la política económica ha resultado vital para el avance de dicho país.

¿Es el triunfo de Keiko una muestra más de derechización de la región? En los últimos años hemos visto una serie de triunfos de presidentes de derecha: Milei, Kast, Paz, De la Espriella y ahora Fujimori. Todos estos actores tienen diferencias que tienen que ver con la idiosincrasia de sus países, pero se asemejan también en que representaron el triunfo de la oposición frente a un oficialismo desgastado con orientación de izquierda.

En este grupo, De la Espriella es quien representa de mejor forma a la figura del outsider, ya que no cuenta con mayores vínculos con los partidos tradicionales y alcanzó protagonismo a nivel nacional en ámbitos externos a la política.

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Si bien existe mayor proximidad ideológica entre ellos que con sus antecesores de izquierda, hay mucha variedad al interior de estos nuevos perfiles de presidentes de derecha, principalmente, a partir de sus trayectorias tanto personales como políticas.

En octubre de 2026 se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Brasil, lo que permitirá ver con mayor claridad si existe o no ese giro hacia la derecha en la región.

Hugo Jofré
Investigador
Instituto Libertad

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