La brecha existente entre los chilenos de la Región Metropolitana y los de otras regiones, respecto a las opciones para movilizarse, crece día a día. En las comunas rurales de la propia Metropolitana y en gran parte del territorio nacional, moverse es más caro, más difícil y con menos alternativas de calidad.
En concreto, en la Región Metropolitana (urbana) operan más de 4.000 buses eléctricos; se realiza una fuerte y constante inyección de recursos públicos; existe además una red integrada (buses, metro, tren) con pago electrónico y una planificación centralizada y fiscalizada por el Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones (MTT).
En un injusto contraste, en las demás regiones los buses son antiguos, sin accesibilidad universal; los recursos de la “Ley Espejo” se han diluido en otros gastos; el sistema de pago es fragmentado, con predominio de taxis colectivos y pago en efectivo. Asimismo, el transporte colectivo en las zonas rurales está desregulado, sin recorridos nocturnos ni fijos.
Estas diferencias, esta brecha, se profundiza pese a los intentos de corrección legislativa que, lamentablemente, no han tenido éxito.
La situación de los chilenos que deben vivir habitualmente esta desigualdad, constituye una nueva e indigna forma de pobreza: se materializa en mayores costos económicos, viajes suspendidos, atrasos laborales o académicos, pérdida de horas médicas o entrevistas laborales, en mayores tiempos de viaje y, asimismo, en una mayor aislación social y familiar.
La crisis del transporte público rural y semiurbano en Chile es un síntoma de la desigualdad territorial y de la desatención histórica del Estado hacia esta realidad.
Las modificaciones legales y las medidas de fiscalización y control del gobierno anterior han sido insuficientes. Debemos abocarnos a un análisis integral de esta brecha estructural, es urgente hacerlo. El gobierno del presidente Kast está avanzando en acciones y medidas para realizar los cambios que se requieren para aliviar y disminuir esta brecha.
La gente de regiones y comunas rurales de la RM no puede seguir esperando. La situación se hace crítica, nos enfrentamos a un problema que afecta a millones de chilenos y nos esforzaremos en proponer y tomar medidas urgentes.
Porque mientras unos viajan en buses eléctricos integrados a una red moderna, otros siguen esperando en paraderos de tierra, mirando cómo la desigualdad pasa frente a sus ojos sin detenerse.
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