Cuando una sociedad protege a sus niños, protege también su futuro. Lo que está en juego es estar presentes para la infancia. Estar presentes para quienes no pueden esperar. Estar presentes para aquellos niños que necesitan saber que no están solos y que existen personas dispuestas a tenderles una mano.

Vivimos tiempos complejos. La confianza en las instituciones se ha debilitado y las organizaciones de la sociedad civil muchas veces enfrentan el desafío de demostrar, una y otra vez, el valor de su trabajo. No es una desconfianza que haya surgido de la nada. Sin embargo, en medio de ese escenario existe una realidad que no puede quedar atrapada en el escepticismo: la situación de cientos de niños y niñas que necesitan protección, cuidado y oportunidades para desarrollarse en un entorno seguro y amoroso.

Frente a esa realidad, surge una pregunta esencial: ¿qué significa estar presentes? Significa mucho más que observar o conmovernos. Significa actuar. Significa comprender que la infancia no puede esperar y que cada día cuenta en la vida de un niño.

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Cuando un niño crece sin el apoyo necesario, sin contención emocional, sin una familia o sin un entorno protector, no estamos frente a un problema futuro; estamos frente a una urgencia presente.

A menudo escuchamos que los niños son el futuro. Pero antes de ser futuro, son presente. Son personas que hoy necesitan afecto, estabilidad y oportunidades. Por eso, el cuidado de los niños y niñas más vulnerables no puede recaer únicamente en el Estado ni en unas pocas instituciones. Es una responsabilidad compartida que involucra a toda la sociedad.

En ese contexto, las fundaciones y corporaciones cumplen un rol fundamental. Son espacios donde la solidaridad se transforma en acción concreta. Son organizaciones que movilizan recursos, convocan voluntades y generan soluciones allí donde las necesidades son más urgentes. Recuperar la confianza en ellas no significa ignorar los desafíos que han enfrentado algunas instituciones, sino reconocer que miles de personas trabajan diariamente con profesionalismo, transparencia y vocación de servicio para mejorar la vida de otros.

La Corporación Misión de María representa precisamente ese espíritu. Desde su creación ha trabajado para garantizar el derecho de los niños y niñas a vivir en familia y crecer en entornos que favorezcan su desarrollo integral. Su labor combina el acompañamiento residencial con alternativas familiares que permitan a cada niño de 0 a 3 años recibir el cuidado y el afecto que necesita durante una etapa decisiva de su vida.

Los resultados hablan por sí solos. Gracias al compromiso de profesionales, colaboradores, voluntarios, familias de acogida y donantes, más de 500 niños y niñas han sido acompañados y apoyados desde la creación de la corporación. Detrás de ese número hay historias reales. Hay niños que encontraron protección cuando más la necesitaban. Hay familias que recuperaron la esperanza. Hay vidas que pudieron tomar un rumbo distinto porque alguien decidió involucrarse.

Por eso, la cuarta colecta digital que realizará Misión de María entre el 12 y el 21 de junio tiene una importancia que trasciende la recaudación de fondos. Esta campaña es una oportunidad para que la ciudadanía vuelva a encontrarse con el valor de la solidaridad organizada. Es una invitación a demostrar que todavía somos capaces de movilizarnos por quienes más lo necesitan.

Cada aporte permite sostener programas esenciales para niños y niñas que requieren cuidado y protección. Cada contribución ayuda a fortalecer la residencia y el programa de familias de acogida Familia Grande, iniciativas que buscan asegurar que más niños puedan crecer en ambientes de amor, respeto y seguridad.

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La colecta de Misión de María es una invitación a reconstruir la confianza y el tejido social. Es una oportunidad para volver a creer en la capacidad transformadora de la sociedad civil cuando trabaja con un propósito claro. Es un llamado a recordar que el bienestar de la infancia no es responsabilidad de unos pocos, sino una tarea que nos pertenece a todos.

Cuando una sociedad protege a sus niños, protege también su futuro. Lo que está en juego es estar presentes para la infancia. Estar presentes para quienes no pueden esperar. Estar presentes para aquellos niños que necesitan saber que no están solos y que existen personas dispuestas a tenderles una mano.

Hoy tenemos la oportunidad de decir presente. Porque la infancia no puede esperar.

Pilar Heiremans
Presidenta Corporación Misión de María

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