La visión de la masculinidad no se ha adaptado a los cambios de un mercado laboral que hoy cuenta con las mujeres.

Un reportaje reciente de The Wall Street Journal destacó que cada vez más padres reducen su jornada laboral para dedicarse a los hijos y las tareas del hogar. Es una excelente noticia. En tiempos de baja natalidad y madres sobrecargadas, el cambio cultural respecto a la necesidad de los padres en labores de cuidado es fundamental.

Hace un tiempo sabemos que la dupla padre proveedor y madre en el hogar está en extinción: la madre trabaja fuera del hogar, y en muchos casos es la única que lo sostiene (las leyes “papito corazón” justamente intentan hacerse cargo de este problema). Algunos feminismos insisten en exacerbar una lógica adversarial entre padres y madres, lo que no sólo termina por impactar negativamente en los hijos, sino que está lejos de lograr una mejor experiencia para las madres.

Mujeres y niños necesitan al padre, pero no sólo económicamente, sino que también en roles de cuidado, soporte y apoyo familiar. Si bien el aporte económico es relevante, es tan sólo uno de los elementos en la crianza y reducir al padre a esa esfera es una opción miope que no resuelve su ausencia.

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Desde hace un par de años, Richard Reeves, cientista social británico, viene alertando sobre la difícil situación que enfrentan los hombres: a diferencia del papel de las madres que se ha modernizado hasta hacerse irreconocible, la paternidad sigue anclada en el pasado. La visión de la masculinidad no se ha adaptado a los cambios de un mercado laboral que hoy cuenta con las mujeres.

Las cifras económicas han cambiado, pero las normas sociales no, con el desastroso resultado de que cada vez faltan más padres. Las estadísticas estudiadas por Reeves ponen de manifiesto que la principal razón del déficit de padres es la creciente probabilidad de que estos no vivan con las madres de sus hijos. El resultado de una separación entre hombres y mujeres se traduce con demasiada frecuencia en la separación de los padres de los hijos, siendo especialmente cierto respecto de los más desfavorecidos. Esto es perjudicial para hombres, mujeres y niños.

La institución social de la paternidad necesita urgentemente ser actualizada. Se debe rescatar y promover una relación directa para con los hijos, independiente de la vigencia del vínculo con la madre. Asimismo, es necesario ampliar las funciones que los hombres ejercen: no sólo necesitamos padres, sino también más hombres atendiendo en hospitales, enseñando en los colegios y cuidando en hogares de ancianos. En una sociedad que envejece, el empleo estará en los cuidados de dicha población y debemos considerar a los hombres para aquello.

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La solución a los problemas de los hombres no está en el restablecimiento de las relaciones económicas tradicionales entre el hombre proveedor y la mujer cuidadora. Esto es particularmente relevante en Chile, donde además la historia del “huacho” que documenta Gabriel Salazar es una realidad de la que debemos hacernos cargo sin romantizar un supuesto pasado mejor.

La paternidad puede reinventarse, y no sólo para tener roles de género más igualitarios, sino para entregar mayores posibilidades de realización personal mediante el fortalecimiento de los vínculos paterno-filiales. Y para ello, tal como destaca la nota de The Wall Street Journal, necesitamos empleos más flexibles. El mercado laboral debe adaptarse a un mundo en que tanto padres como madres están al cuidado de los hijos.

Francisca Figueroa
Coordinadora legislativa y de contenidos de IdeaPaís

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