En un escenario tan convulso políticamente como el actual, es fácil dejarse llevar por consignas y pretensiones facilistas, sin siquiera analizar los efectos e implicancias que cada potencial medida pueda generar.

Ya en etapas de debates de candidatos presidenciales, algunos aspirantes a La Moneda reclaman que los ricos o “súper ricos” deben pagar más impuestos, que “las mineras deben pagar un mayor royalty”, que “debe aumentarse el impuesto a las empresas”, y que “deben eliminarse las franquicias o beneficios tributarios”, todo ello en pro de “reducir la desigualdad” o satisfacer “demandas sociales”. Lo que es urgente advertir, es que dichas pretensiones, enarboladas al fragor de protestas sociales y de intransigencia política, podrían causar un éxodo de inversionistas y empresas desde Chile como nunca se ha visto.

Sin ir más lejos, un ejemplo próximo es la incertidumbre sobre el resultado electoral en Perú y la incógnita sobre las acciones que tomará un eventual gobierno de Pedro Castillo, lo que está impulsando a los peruanos a trasladar sus depósitos al extranjero. Lo mismo viene sucediendo hace años en Argentina, Venezuela, Bolivia o México.

En nuestro país, las consultas que nos llegan de los contribuyentes sobre este tema han aumentado en un 50% en las últimas semanas, respecto de eventuales efectos o costos de reorganización de patrimonios con miras a internacionalizar estructuras corporativas, redefinir domicilio y residencia en el exterior y aspectos similares, como también respecto a regímenes tributarios de otros países. Y la razón es obvia, ya que las circunstancias actuales no ofrecen un ambiente favorable a la inversión y al desarrollo de actividades económicas con seguridad. Entonces, ¿es factible que una persona o empresa pueda dejar de ser sujeto tributario en Chile? Por supuesto que sí. No es fácil, pero tampoco tan difícil.

Para que alguien deje de ser sujeto tributario debe perder su residencia en Chile, ausentándose del país por más de 183 días en un período de 12 meses, lo cual es fácil de lograr. Pero ello no basta, también hay que perder el domicilio, el cual denota el ánimo o intención de volver a Chile o de permanecer en el país. Para perder el domicilio, al menos tributariamente, “el asiento principal de los negocios” de la persona debe estar en el exterior. El propio SII ha entendido que el asiento principal de los negocios está en el exterior, cuando la fuente principal de ingresos de una persona se sitúa fuera de Chile.

Evidentemente, lo anterior puede no ser libre de costo, por los impuestos que pueden estar involucrados, pero probablemente muchos estarían dispuestos a asumir las consecuencias con tal de obtener mayores beneficios permanentes en el largo plazo. Al perder residencia y domicilio tributario, la persona sólo deberá tributar en Chile sobre rentas de fuente chilena, si es que las tuviera, y podrá emprender actividades en otros países sin tributar en Chile. Ejemplos de países interesados en atraer esta potencial inversión sobran: Portugal con su sistema de “Golden Visa” y “NHR” (non-habitual residence), el cual ofrece liberación de impuestos sobre rentas de fuente externa por 10 años, Madeira, Chipre, España, Malta, Bulgaria, Rumania, y muchos otros.

El éxodo de inversionistas es algo que Chile no se puede permitir. Aún estamos a tiempo de prevenir.

Claudio Bustos A.
Abogado Socio Fundador Bustos Tax & Legal