Hace algunos días se celebró el Día Internacional del Niño, sin duda una oportunidad para reflexionar sobre los niños del Medio Oriente, y particularmente aquellos que sufren por la violencia, la intolerancia y el adoctrinamiento.

Sin duda, la conmoción de cada erupción de conflicto geopolítico y violencia armada y su respectiva respuesta afecta a la infancia, en todo el mundo, en todas partes por igual. No hay sufrimientos infantiles mayores o menores, tampoco empate. Cada vida de un menor segada por la violencia duele, duele mucho.

Es cierto que del lado palestino lamenta más niños, niñas y adolescentes como víctimas, y por eso algunos intentan establecer como causal la asimetría de poder. Estos no son números para nadie, son vidas infantiles perdidas, que podrían haber sido futuras y futuros ingenieros, presidentes, arquitectos o lo que ellos hubieran deseado, si se lo hubieran permitido. Sin embargo, resulta ineludible considerar también la asimetría de acciones, intenciones y procedimientos por parte de las autoridades palestinas. Porque no es lo mismo atacar deliberadamente a los civiles que atacar blancos terroristas. No, no es lo mismo llorar una muerte porque tus autoridades no hicieron todo lo posible para resguardarse, que morir a pesar de ser defendidos con cada célula del cuerpo de tus coterráneos. No es lo mismo ponerse por delante de los niños para defenderlos del enemigo, que vulnerar a los niños incumpliendo intencionadamente la protección debida en tiempo de guerra, utilizándolos como escudos humanos.

En efecto, en la más reciente escalada de ataques de Hamás contra Israel, más de 4.000 cohetes fueron dirigidos de forma expresa hacia la población civil, niños, niñas y adultos por igual. La intencionalidad de causar víctimas no combatientes cumplió su objetivo, matando a una decena de civiles israelíes, entre ellos Nadeen Khalil Awad, joven árabe israelí de 16 años, una víctima palestina que parece no contar, porque no cayó por fuego israelí, sino por la artillería islamista palestina.

Del lado palestino hubo más víctimas infantiles, sufrimos y nos afligimos con ellos. Son víctimas no deseadas, víctimas inocentes de un grupo terrorista que sacrifica a su propia gente por un objetivo ideológico mayor, como es la destrucción del estado judío. Son víctimas a las que su política no defiende, no se les respetó el derecho humano de la seguridad, ni el derecho de los niños de ser protegidos.

Pero atacar de forma deliberada a niños israelíes no es algo nuevo. En la masacre de Hebrón de 1929, iniciada por adolescentes árabes arrojando piedras a estudiantes judíos, un total de 67 judíos fueron asesinados, entre ellos niños. En la década de 1970 facciones del FPLP cometieron la masacre del autobús escolar de Avivim, ataque terrorista en el que murieron 12 personas, nueve de ellos niños y 25 resultaron heridos. En 1974 otra facción palestina puso objetivo en la escuela de Ma’alot. Secuestraron a 115 personas (incluidos 105 niños) al final, 25 rehenes, incluidos 22 niños, murieron y 68 más resultaron heridos. En 2001 un suicida de la organización terrorista palestina Hamás, mató a 21 adolescentes e hirió gravemente a otros 132 en la discoteca Dolphinarium de Tel Aviv. El 2008 un palestino entro a una escuela religiosa Merkaz HaRav y 8 estudiantes resultados asesinados. La masacre del restaurante Sbarro mató a 15 israelíes, entre ellos 7 niños y una mujer embarazada. En el ataque de Itamar de 2002 seis niños y sus padres fueron asesinados en sus camas, incluido un bebé de tres meses. En el ataque al autobús escolar Shaar HaNegev de 2011, militantes de Hamás lanzaron un misil antitanque Kornet guiado por láser sobre la frontera contra un autobús escolar israelí.

En todos estos ataques también murió la o el perpetrador, quien es considerado como un mártir, un estatus especial por matar vidas judías. Mientras más, más impacto y trauma, mientras más jóvenes son las víctimas israelíes más se le aprecia al mártir palestino.

Poner como objetivo inicial a civiles es una constante que debe ser rechazada, siempre. Más aún si esto conlleva el uso de menores en dichas acciones militares. El derecho internacional prohíbe todo reclutamiento, voluntario u obligatorio, de niños menores de 18 años por fuerzas armadas o grupos armados. Sin embargo, son decenas los reportes e informes sobre menores reclutados por grupos armados palestinos y un permanente adoctrinamiento ideológico y militar, con miras a generar odio hacia Israel y los judíos.

El adoctrinamiento desde la infancia en lugares como Gaza comienza desde el preescolar, y no se aprecia ningún esfuerzo por corregir la incitación a la violencia en campamentos escolares, conmemoraciones y ceremonias de parte de las autoridades, situación que se exacerba en grupos vulnerables. Más aún, la cultura del odio priva a los niños y niñas palestinas de sus derechos de vivir en paz, ya que ven como objetivo final siempre terminar con vidas judías.

La pregunta es ¿Cómo podemos contribuir a reparar este curso estéril?

Lo primero es conocer y apoyar las iniciativas que buscan prevenir y responder a la violencia, la explotación, el abuso y la negligencia contra los niños, buscando siempre la paz. Y luego hay que perseverar en acciones que nos asocien, incluso en los momentos más álgidos. Por ejemplo, en la escalada de hace unos meses, palestinos de los territorios continuaron siendo recibidos en los hospitales israelíes y atendidos por médicos israelíes.

Hace unos días se conoció la historia de Harel Segal, quien donó uno de sus riñones a un niño palestino de 3 años de la Franja de Gaza. Esta parvularia del norte de Israel, una orgullosa israelí, espera que su elección sea un ejemplo de generosidad en una tierra de conflicto perpetuo, en la cual en todo caso existen no pocos proyectos de coexistencia, como Semillas de Paz y Mano a Mano.
En Israel y en la Autoridad Palestina muchos niños viven en separación, miedo y desconfianza, y es tarea de todos trabajar por un cambio. Debemos perseverar en construir un futuro justo y seguro para las niñas y niños de Israel, Palestina y la región. Queremos que todos los niños tengan el derecho a crecer en paz.

Y podemos empezar aclarando falacias que, con el fin de desacreditar las intenciones de Israel, se menciona reiteradamente una cita apócrifa en boca de la Golda Meir, una frase inventada y que también se le atribuye a David Ben Gurion: “Los viejos morirán y los jóvenes olvidarán”.

Frente a este artificio, es mejor remitirse a las palabras de la premier Meir ante el parlamento el 15 de mayo de 1970: “La aspiración a la paz no es solo el pilar central de nuestra plataforma, es la piedra angular de nuestra vida y labor pioneras. Desde la renovación de la independencia, hemos basado todas nuestras empresas de asentamiento y creatividad en el credo fundamental de que no venimos a despojar a los árabes de la tierra, sino a trabajar junto con ellos en paz y prosperidad, por el bien de todos”.

Jack Brady
Cientista Político