A un año de iniciada en nuestro país la pandemia por el coronavirus, son muchos y variados los aspectos que podemos resaltar al momento de revisar su impacto y consecuencias en nuestra sociedad.

Indudablemente el dolor es lo primero que aflora dadas las cifras que hablan de miles y miles de contagiados y muertos. Tal vez también se expresan con fuerza sentimientos como la rabia y la impotencia, al constatar que no se han tomado las medidas pertinentes y necesarias para enfrentar eficazmente esta epidemia. Pero si bien durante todo este tiempo hemos podido revisar y contrastar mucha literatura que habla de esto, en esta ocasión me parece importante abordar algunas enseñanzas que nos puede dejar esta situación vivida, a la luz de lo que hemos sufrido durante los últimos meses.

En primer lugar, ha quedado reafirmado el rol clave que juegan las trabajadoras y trabajadores en la economía de nuestras naciones. De hecho en 2020 hemos asistido a un colapso económico total en todos los países, debido principalmente a que las y los trabajadores estuvieron confinados gran parte de este año.

El papel clave que desempeñan los trabajadores se expresó también en educación, pues a pesar del nulo apoyo proporcionado por las autoridades ministeriales, el proceso escolar fue posible llevarlo a cabo a través de clases telemáticas gracias exclusivamente a la vocación, compromiso y labor realizada por los docentes. Esto no sólo porque todos los insumos para su realización fueron aportados por ellos, sino que además porque pedagógicamente los maestros se reinventaron y entregaron el apoyo y la contención emocional que permitió a nuestros estudiantes, inicialmente, entender la realidad y desde allí enfrentar el proceso escolar con mayor cercanía y apoyo.

En esta misma línea, pudimos constatar nuevamente que lo más relevante en todo proceso educativo, lo esencial, es la relación que se genera entre estudiante y docente, como así también el intercambio esencial que se produce entre pares. No son los papeles ni el llenar informes lo que marca y define el proceso de crecimiento a través de la educación, sino que lo más trascendental es la interacción profunda, transformadora y humanizadora que se da en el espacio escolar.

En esta pandemia ha quedado de manifiesto, también, la importancia del trabajo colaborativo y la organización. En todos aquellos lugares donde ha habido trabajo en conjunto, apoyo de unos a otros, desde las ollas comunes hasta las organizaciones sociales, se ha podido enfrentar y resistir mejor las consecuencias de la crisis sanitaria. Ha sido muy importante que frente a la paupérrima ayuda emanada desde el ejecutivo, llena de letra chica y condicionantes para obtener cualquier beneficio, la organización y ayuda entre los vecinos y pobladores ha logrado mitigar, al menos en parte, los difíciles momentos vividos por las y los trabajadores.

También, ante el pobre rol desarrollado por el Estado en nuestro país, esta pandemia ha demostrado la importancia y la necesidad de contar con un Estado fuerte, capaz de resolver efectivamente los problemas de las grandes mayorías, protector, solidario y garante de que efectivamente se cumplan los derechos de quienes habitamos esta tierra. Un estado que no deje en la desprotección a los ciudadanos ni mucho menos los obligue a tener que recurrir a sus fondos previsionales para resolver los problemas de subsistencia que hoy padecen.

Lo realizado por la salud pública ha sido también ejemplar, demostrando con esto que es posible apoyarse en funcionarias y funcionarios que asumen con el mayor compromiso y profesionalismo su labor. Dichas y dichos trabajadores han sido un ejemplo que demuestra que aún en las peores condiciones es posible sacar lo mejor de cada uno para apoyar a quienes lo necesitan.

En el Chile post pandemia y ad portas de una nueva constitución debemos rescatar y valorar las enseñanzas que nos ha deja este difícil momento que hemos vivido: urge poner en el centro a las trabajadoras y trabajadores, reconociéndoles su relevancia, la cual claramente está por sobre el capital financiero; es necesario asegurar que la educación y la salud estén al alcance de todos, pues son derechos humanos elementales y no pueden estar en la lógica del mercado; debemos valorar, estimular y fomentar los procesos de organización social, de ayuda mutua y colaboración entre las personas, pues esto nos permite fomentar la solidaridad y el vivir armónicamente en nuestra gran casa común; debemos avanzar decididamente hacia la consagración de derechos sociales garantizados a través de una carta magna que lo instaure, pues este difícil año que hemos vivido ha sido la mayor prueba de su utilidad para todas y todos.