Desde que asumió el pasado 9 de mayo, el primer ministro húngaro Péter Magyar ha avanzado en una intensa agenda para eliminar los denominados ‘vestigios’ del gobierno de su antecesor, Viktor Orbán, en el país europeo.
Durante este martes fue nombrado como presidente de aquella nación a András Baka, del mismo partido de Magyar, quien desde ya avisa que impulsará cambios, pero no a modo de venganza contra quien gobernó por 16 años.
“Este país no puede construir un futuro común mientras sus ciudadanos se vean unos a otros como enemigos. El cambio político no debería significar que, a partir de ahora, la gente tenga que tener miedo, guardar silencio o sentirse como extraños en su propio país”, indicó Baka, quien asume la próxima semana.
Lo cierto es que aquel presidente electo tiene una historia en particular con Orbán, debido a que cuando este último asumió, en 2011, destituyó a Baka como presidente del Tribunal Supremo.
Cambios e investigaciones en Hungría
Si bien Tisza, partido gobernante, y Fidesz, conglomerado de Orbán, comparten visiones conservadoras dentro de Hungría, el primero ha dejado en claro que planea ejecutar revisiones e investigaciones en torno a presuntos hechos de corrupción durante la última década y media.
La primera medida apuntó a destituir a funcionarios públicos cercanos a Fidesz y jefes de instituciones señalados como aliados del exprimer ministro, a quienes se les acusa derechamente de permitir la extensa duración de un régimen autocrático.
Pero el proceso no quedó ahí. Según detalla Associated Press, la actual administración recientemente decidió suspender los servicios informativos de la televisión y radio pública.
Lo anterior argumentando que estas dos funcionaban como una “fábrica de propaganda para el partido de Orbán”. Los dos entes están bajo investigación en la actualidad.
Asimismo, se reportó el cierre de la llamada Oficina de Protección de la Soberanía de Hungría, sobre la cual existían críticas en torno a que servía como una “herramienta para intimidar a críticos y silenciar a medios independientes”.
“También ha impulsado reformas judiciales, creó una oficina destinada a investigar abusos financieros durante el gobierno de Orbán e impuso un límite de mandato de 12 años para los legisladores y un límite de ocho años para los primeros ministros”, expusieron.
Por otro lado, en un hecho más simbólico, el gobierno húngaro autorizó por primera vez, en 15 años, la realización del Festival del Orgullo en la capital Budapest, prohibido en la anterior administración.
Por ahora, el analista húngaro Zoltán Lakner sostiene a la agencia EFE que Baka “podría restaurar el respeto social hacia el cargo del presidente de la República”, pero tendrá que enfrentar expectativas sociales contradictorias, por un lado la de respaldar la transición iniciada por Magyar y, al mismo tiempo, mantener su autonomía respecto al Gobierno.
En una reciente entrevista, el mismo Baka había asegurado que “quien tiene mayoría de dos tercios (en el Parlamento) no puede hacer todo lo que quiera” y agregó que para consumar la transición democrática no basta con cambiar a los altos cargos.
En estricto rigor, papel del presidente en Hungría, con un mandato de cinco años, no tiene grandes atribuciones ejecutivas, aunque puede vetar y devolver proyectos de ley.
Magyar ha anunciado que el nuevo presidente ocupará el cargo hasta la redacción de una nueva Constitución, un proceso que comenzará en otoño, y que esa reforma podría afectar a las competencias y a la forma de elección del jefe de Estado.
Hay que señalar que el partido de centro – derecha tiene amplias mayorías en el parlamento para llevar a cabo cambios constitucionales en el corto plazo. También apunta a recuperar los 16.000 millones de euros que la Unión Europea bloqueó a Hungría el año pasado.