Los pasajes de buses interurbanos están, en promedio, un 18% más caros que en 2025 y la oferta de servicios cayó entre un 10% y un 12%, en medio del fuerte aumento del precio del diésel. El gremio del sector advirtió que las empresas tienen cada vez menos margen para absorber los mayores costos y alertó que nuevas alzas podrían seguir presionando las tarifas y reduciendo las frecuencias.
Así lo advirtió la Asociación Nacional de Buses Interurbanos, Internacionales e Industriales (ABI A.G.), que cifró en 48% el incremento acumulado del precio del diésel, sin considerar las nuevas alzas previstas. El combustible, según el gremio, representa entre el 30% y el 35% del costo total de operación de una empresa de buses.
De acuerdo a las cifras que entregó el gremio, el impacto ya llegó al bolsillo de los pasajeros. Si bien actualmente las tarifas se ubican un 18% por encima de 2025, en mayo la diferencia alcanzó un 29%. La menor demanda ayudó a moderar esa brecha, pero ABI sostiene que las empresas siguen absorbiendo una parte importante del mayor costo.
Pero también advierten otra consecuencia, como la disponibilidad de servicios. La reducción de entre 10% y 12% de la oferta se traduce, según la asociación, en menos frecuencias, menor disponibilidad de horarios y menos alternativas para quienes necesitan trasladarse entre distintas ciudades y regiones.
En ese sentido, el gremio advierte que ese margen se está agotando. Si el combustible continúa subiendo, sostiene, será cada vez más difícil evitar nuevos efectos tanto en el precio de los pasajes de buses como en la cantidad de servicios disponibles.
Empresas advierten que ya operan a pérdida
Por otro lado, el escenario es todavía más complejo en el transporte privado de trabajadores. En estos servicios, los contratos no permiten trasladar inmediatamente las variaciones del combustible, ya que los reajustes suelen ser cada tres meses en acuerdo con las empresas que contratan el servicio y pueden llegar a ser semestrales cuando se trata de empresas estatales.
Así, cada nueva alza debe ser financiada inicialmente por los propios transportistas. Por lo mismo, ABI calcula que el combustible cuyo aumento todavía no ha podido ser incorporado a las tarifas representa entre un 20% y un 30% del costo total del trimestre.
La preocupación aumenta ante la nueva subida prevista para comienzos de octubre. Según la asociación, algunas empresas deberán absorber el 100% de ese incremento durante al menos tres meses, arriesgándose a operar a pérdida durante todo el último trimestre. No obstante, el gremio asegura que ya existen transportistas que han trabajado con números negativos durante uno, dos y hasta tres meses.
Piden cambios y rebaja transitoria de impuesto
Al respecto, ABI llamó a las autoridades a pasar “del diagnóstico hacia respuestas concretas” y puso sobre la mesa una serie de medidas extraordinarias.
Entre ellas, propone que el componente asociado al combustible en contratos con empresas públicas pueda reajustarse mensualmente y no cada seis meses. También plantea reducir el desfase entre las alzas programadas y los períodos de actualización de los contratos, además de evaluar una rebaja transitoria del impuesto específico a los combustibles.
“No estamos planteando un ultimátum”, sostuvo el gremio, que definió su postura como una advertencia ante un escenario que ya está afectando a pasajeros y empresas.