VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La artista chilena Matilde Pérez (1916-2014) tuvo una vida compleja marcada por la tragedia desde su nacimiento. A pesar de ello, logró destacarse como una gran artista, aunque su reconocimiento llegó tarde en la vida. Su transición de la figuración a la abstracción fue un proceso marcado por la oposición de su entorno. Sin embargo, su incansable trabajo la llevó a producir obras de gran impacto, como la que adornaba el centro comercial Apumanque. El libro "Todavía existo. Una vida de Matilde Pérez" de Sabine Drysdale explora la vida y obra de la artista, revelando sus complejidades y contradicciones. A lo largo de su carrera, Pérez luchó por el reconocimiento artístico y personal, enfrentando una autoexigencia desafiante.

“A mí nada de lo que no es mental me interesa.” (revista Caras, 2005, entrevista de María Cristina Jurado, p 92)

Matilde Pérez (Santiago 1916 – 2014) es, sin duda, una de las grandes artistas chilenas. Y con una de las vidas más singulares. De familia acomodada, tuvo una vida, en algunos periodos, dura, compleja. Su madre, de 21 años, murió a las pocas horas de su nacimiento. La crio su abuela materna que, aparentemente, la consideraba responsable de haber perdido a su hija.

Luego de desarrollar una larga, rigurosa y consistente obra, llegó el reconocimiento a Matilde Pérez. Llegó tarde, en sus últimos años.

El libro Todavía existo. Una vida de Matilde Pérez de Sabine Drysdale, recorre la vida de la artista desde distintos ángulos y miradas. Reconstruye una vida llena de luces, contradicciones y una lucha permanente por mantenerse en pie.

La usina, Matilde Pérez, 1956, MNBA

Artista incansable

Matilde Pérez decidió, subida a una higuera, ser artista a los seis años. Partió, como todos, siendo una artista figurativa. Poco a poco fue transitando a la abstracción. Un gran y definitivo paso lo tuvo cuando parte becada a París a principio de los 60, dejando a su marido, el pintor Gustavo Carrasco, y a su hijo en Santiago. Allá conocerá a Víctor Vasalery (Hungría, 1906 – Francia,1997), padre del op art, y a Julio Le Parc (Mendoza, 1928 – Paris, 2026), otros destacadísimos artistas abstractos. Vasalery le ofreció quedarse más tiempo en París, pero la culpa la trae de vuelta…

En Chile, su nueva mirada artística fue rechazada. Por su marido como por sus colegas abstractos. En los 80 tendrá un renacer al hacer la gran obra que cubrió la parte alta de la fachada, que da a avenida Manquehue, del centro comercial Apumanque. Pero no mantenían su complejo y delicado sistema de iluminación. La obra, años más tarde, fue desmontada y terminó en una bodega. Después de una polémica pública, se reinstaló en la Universidad Católica de Talca.

Matilde Pérez nunca dejó de trabajar, de investigar y de producir. La mayor parte del tiempo, encerrada en su taller. Después de una exposición en el Museo de Bellas Artes (El Ojo Móvil, 1999), y gracias al interés de un grupo de jóvenes artistas y otras personas, logrará un éxito que tendrá repercusiones en Chile como en el extranjero. Entre ellos, estuvieron Ernesto Muñoz, Carolina Delpiano, Francisco de la Puente y Andrés Vio.

Sin título, Matilde Pérez, 1974, MNBA

Todavía existo

El libro de Sabine Drysdale (Santiago, 1976) es un transitar a lo largo de la vida de Matilde Pérez, desde su traumático nacimiento e infancia hasta que fallece.

Para ello, Sabine Drysdale recurre a diversas publicaciones, entrevistas y críticas publicadas por distintos medios. Y muchas y muy diversas entrevistas realizada por la autora. Entrevistas que van dando un panorama complejo, a ratos contradictorio, sobre la artista.

“Claro. Ella pudo haber sido una niña psicótica. Una guagua sin vínculos puede formar una estructura de personalidad psicótica. No hay ese contacto con la madre, que es lo primero que te contacta con la realidad. Lo primero es que tu madre te alimente, te cambie los pañales, pero, sobre todo, que te tome. Sentir a esa misma persona que te tenía en la guata, sus labios, su voz.” (Carola Ibáñez, psiquiatra, p 151).

La autora, transita entre la vida personal y la artística, entre las relaciones humanas y la obra artística. En forma simultánea, pareciera que pasa de la admiración a una mirada crítica.

“¿A qué le teme cuando fuerza esa distancia? (sic) ¿A quedar atrapada en esos roles: la madre, la esposa, la suegra? ¿A que se apropien de ella? ¿No es eso lo que hizo con su arte cuando abrazó la abstracción: blindarse de toda vulnerabilidad? (sic) La rigidez de las líneas, la pureza de los colores apagaron su sexualidad, disolvieron su cuerpo y su mundo interno quedó hecho una ilusión óptica.” (p. 56)

Sin dudas, Matilde Pérez fue un personaje muy complejo. Su vida afectiva, truncada o dañada en el mismo momento de su nacimiento, la llevó a un doble juego. La de encerrarse, no hablando de afectos, de su vida privada, y, por otro, asumiendo una mirada rígida, exigente, implacable sobre las obras de arte y los creadores. Incluyendo, por cierto, a sus propias creaciones.

“El mundo de la afectividad quedó fuera de su obra y adentro quedó la percepción,” (Milan Ivelic, p 163)

Construcción Maderas N°20, Matilde Pérez, 1982, MNBA

Autoexigencia, descalificación y reconocimiento

Encerrada en su propia jaula, Matilde Pérez necesitaba estar ocupada. Crear una jaula donde reinara su cabeza, algo que no tocara su cuerpo, ese que no recibió caricias maternas. Pero necesitaba reconocimiento, ser vista.

“Matilde estaba asfixiada. Ya no era la de antes, pero tampoco quien pretendía ser, ni sabía cómo era esa persona. Tonta, no. Tonta es la que se sienta a pensar en nada. Tonta, la que se cree que lo ha hecho perfecto. Tonta, la que está atrapada en una sala de clases repitiendo la misma lesera de todos los años.” (p 77)

Cuando, al final de su vida, obtiene reconocimiento y su obra es valorada, en términos artísticos, pero también en términos monetarios, se despiertan los apetitos en muchas personas.

“Los buitres entraban por las grietas, por el hambre de cariño de la niña huérfana y esa necesidad de reconocimiento que recién saboreaba cunado era una vieja vulnerable”. (p 195)

Obra de 70 metros de largo de Matilde Pérez, iluminada, en la Universidad de Talca, radiolautarotalca.cl

Todavía existo. Una vida de Matilde Pérez de Sabine Drysdale es un libro que entrega muchos datos, opiniones, miradas. Al mismo va dejando preguntas, dudas. Así, al pasar. O afirmaciones, suyas o de algunos de los entrevistados o citados, con los que, abiertamente, podemos estar en desacuerdo. Y eso es una virtud, porque a diferencia de Matilde Pérez, que tuvo que encerrarse, clausurarse en tantos aspectos, el libro invita a reflexionar, a pensar -como habría hecho Matilde Pérez- pero desde distintos ángulos.

El libro también invita a vincularse. A vincularse con la protagonista como también con otros personajes, que son espejos, reflejos de sus tiempos, sus traumas, nuestra cultura y nuestra condición humana.

Una crítica al libro es que no tenga imágenes, porque es difícil entender el mundo de Matilde Pérez y su propia jaula sin ella. Sin su evolución.

Todavía existo. Una vida de Matilde Pérez, de Sabine Drysdale. Universidad Diego Portales

Todavía existo

Una vida de Matilde Pérez
Sabine Drysdale

Colección vidas ajenas
Universidad Diego Portales
Santiago de Chile, agosto de 2026