María Teresa Ruiz habló con BiobioChile sobre su larga carrera en la astronomía, cómo es ser un ejemplo para las nuevas generaciones de científicas y el complejo panorama en Chile para la ciencia. "No es la primera vez que peleamos por estos temas. En Chile dejamos muy poca plata para el desarrollo científico", manifestó.
María Teresa Ruiz (79) es una de las astrónomas más importantes del país. No solo fue la primera mujer chilena con este título, también fue la primera que estudió astrofísica en la prestigiosa Universidad Princeton y quien descubrió las enanas cafés, uno de los objetos más raros del universo.
Tras pasar una vida mirando las estrellas, hoy padece una compleja condición a la vista que le impide seguir observando el cosmos, pero no deja de enseñarnos la importancia de la intrínseca curiosidad del ser humano.
Y eso fue precisamente aquello que la llevó lejos. En 1997 recibió el Premio Nacional de Ciencias Exactas por su más icónico descubrimiento y hoy, casi 30 años después, dice que fue algo “totalmente casual”.
En entrevista con BiobioChile, nos contó sobre este hallazgo, su carrera, cómo es ser un ejemplo para las nuevas generaciones de astrónomas y el panorama que las ciencias atraviesan hoy en el país.
“No es la primera vez que peleamos por estos temas”, comenta tras ser consultada por los recortes que el actual gobierno de José Antonio Kast ha estado implementando en su área, y añade: “en Chile dejamos muy poca plata para desarrollar la ciencia comparado con cualquier otro país, incluso aquí en Latinoamérica”.
50 años persiguiendo las estrellas
Las enanas cafés no son ni estrellas ni planetas, son objetos celestes que se encuentran en el intermedio y que, antes del hallazgo de María Tereza Ruiz, no eran más que una teoría que habían propuesto los astrónomos.
Corría el año 1995 cuando ella se encontraba buscando tenues restos de estrellas que ya habían agotado todo su combustible, es decir, “estrellas muertas”. Para entonces, ya llevaba al menos una década rastreándolas y esperaba encontrar la más antigua de todas, “porque eso me daría una idea de la edad de la galaxia”, explica.
“Y yo estaba en eso cuando apareció una cosa muy rara en el telescopio, que no era lo que estaba acostumbrada a ver. No era como ninguna de las estrellas normales que uno tiene experiencia al observar por distintas razones, y tampoco era una de mis estrellas muertas”, recuerda la astrónoma.
A esta primera enana café la bautizó “kelu”, que significa rojo en mapudungún, por el tono rojizo del objeto. Tras su hallazgo e identificación, los astrónomos alrededor del mundo comenzaron a encontrar montones.
“Yo siempre he dicho que fue un regalo del universo y había gente que estaba más picada, porque había grandes proyectos en el mundo haciendo instrumentos, telescopios y satélites especiales para detectar estos objetos. Y este me vino a buscar a mí, yo no lo estaba buscando, digamos, así que fue un regalo inesperado y muy lindo”, añade Ruiz.
—Ya lleva más de 50 años siendo astrónoma, ¿cuál de los más grandes enigmas del universo le causa más curiosidad?
R: El universo tiene hartas sorpresas, pero una de las que más me intriga es el comienzo de todo, ¿no? ¿Cómo partió? ¿Cómo fueron las primeras estrellas que se formaron en los inicios del universo? ¿Cómo era el universo entonces? Hay cosas que contradicen los escenarios que hemos propuesto en la astronomía. Uno habla de escenarios y los escenarios son algo más así a mano alzada, más que las teorías. Las teorías tienen matemáticas y qué sé yo. Los escenarios son más ambiguos y a veces no tienen con qué comprobarse.
Nosotros pensamos que, a medida que nos vamos alejando en el espacio, estamos viendo cada vez más atrás en el tiempo, porque la luz se demora en desplazarse y, cuando nos vamos un poquito más lejos, esas cantidades son muy notables, lo que significa que las noticias nos llegan medio añejas. Por eso es que hay un interés tan grande en observar cada vez más lejos. Es como observar el pasado para entender cómo fue evolucionando el universo hasta hoy día. Y en el escenario que teníamos nosotros, basado en razones científicas, pensábamos que cada vez que fuéramos más lejos, encontraríamos objetos menos ricos en los elementos que fabrican las estrellas, porque ha habido menos generaciones de estrellas que han fabricado con hierro, calcio, oxígeno, qué sé yo, todos los elementos que fabrican las estrellas que, al morir, se mezclan con el hidrógeno y el helio, que es lo que fabricó el Big Bang. Entonces, si vamos más lejos, más lejos, debería haber cada vez menos de estos elementos fabricados por las estrellas.
En parte es así, o sea, hay objetos más lejanos que tienen un poquito menos de abundancia de los elementos, pero con los grandes telescopios nuevos, se han ido encontrando unas estrellas que están súper lejos, casi un poquito después del Big Bang, y resulta que todavía tienen fierro y tienen oxígeno y tienen nitrógeno y tienen todo esto. Poco, pero tienen. Entonces, hay toda una curiosidad por saber cómo se formaron esos elementos. ¿Pudo haber una generación incluso anterior de estrellas que hayan fabricado estos elementos? ¿Se fabricaron de una manera distinta? ¿O siempre estuvieron ahí? Para mí, esa es una de las tremendas cosas que me gustaría conocer y que es uno de los objetivos de los grandes telescopios que están surgiendo, no solo en la Tierra, también en el espacio.
También lo que me encantaría saber es si hay vida. Yo creo que sería muy raro que fuéramos los únicos en el universo, habiendo en nuestra galaxia millones de estrellas, y hoy día sabiendo que los planetas se forman cuando se forman las estrellas. Ahora igual conocemos miles de exoplanetas, que son los que giran en torno a otras estrellas. Es difícil encontrar un planeta chiquito como la Tierra, entonces vamos mejorando nuestra manera de explorar para encontrar un planeta que tenga agua, por ejemplo, y que esté bien ubicado y no muy cerca de su estrella para que no se le evapore toda el agua. El agua parece ser un elemento súper clave para que exista vida. Y, bueno, eso es algo que me encantaría saber, que no estamos solos en el universo, que hay otros por ahí en esta misma aventura que tenemos la humanidad entera, ¿no? Es impresionante cuando uno estudia el universo darse cuenta de que aquí ha surgido la vida, y que nosotros somos como una pulga en el universo, y sin embargo, hemos sido capaces de estudiarlo usando nuestra inteligencia y nuestra creatividad.
Hay que estar orgullosos de lo que somos, no siempre de todo, porque hacemos puras leseras de repente, pero en esta cosa de la ciencia hemos sido muy astutos, y es algo que no siempre se valora. Algunos piensan que los científicos nos pasamos mirando la luna sin ningún propósito, que eso no da plata, que parece que es lo único que importa, pero no se dan cuenta de que el conocimiento es algo invaluable. No estaríamos aquí conversando si no fuera por eso, por la tecnología que hay aquí entre estos computadores, ¿no? Es impresionante.
—Justo le iba a preguntar sobre eso. Hoy se está debatiendo el valor de la ciencia en Chile, especialmente por las medidas que ha tomado el nuevo gobierno. ¿Qué piensa de los recortes que hicieron?
R: En la ciencia siempre hemos estado peleando contra estos temas, no es primera vez. Pero en Chile dejamos muy poca plata para desarrollar la ciencia, comparado con cualquier otro país, ¿no? Incluso aquí en Latinoamérica. Los científicos chilenos hemos tenido que aprender a trabajar el triple y ser más astutos para poder tener una presencia a nivel mundial como la que tenemos hoy. Los científicos chilenos son muy respetados por lo que hacen en las distintas áreas de la ciencia.
Una de las cosas que más ha costado es que, cuando hay proyectos como los Fondecyt y los grandes proyectos de centros de investigación en las distintas áreas, es bien importante que el financiamiento sea continuo en el tiempo, y eso no lo hemos logrado porque cambia el gobierno y da lo mismo el color que sea, porque a lo mejor son gobiernos del mismo lado político, digamos, pero siempre llega uno que dice: “no, sí, esto está bien, pero nosotros tenemos otra idea”.
Aquí tiene que haber un financiamiento continuo que sea una política de Estado, algo que no tenga que ver con los vaivenes políticos de cada elección. Ha sido un poco triste, yo creo.
Claro que hay excepciones de quienes han estado en el Ministerio de Ciencia, pero hemos tenido ministros que a lo mejor son muy buenos en su área, pero que no es la ciencia, de tal manera que tienen una comprensión distinta de lo que puede ser valioso de todo esto. Por ejemplo, como que hacer ciencia es que uno mete plata, da vuelta una manivela y salen productos vendibles. Eso no es la ciencia. Hay cosas que son aplicadas, algunas en corto plazo y otras que toman más tiempo, pero ese no es el objetivo: el objetivo es entender el universo entero en el que vivimos. No solo las estrellas, también entendernos a nosotros mismos, como lo hacen las humanidades. El arte también es importante, porque nos educa el espíritu. Entonces no todo es plata y no solo la plata sirve. Hay ideas, hay conceptos que son muy importantes para el avance de la humanidad.
El próximo desafío que tengamos no sé cuál será, pero así como sabemos que todos partimos de la misma sopa primordial, también, probablemente, nuestro fin, si es que hay un fin para la humanidad, nos va a tocar a todos igual y la única manera será defendernos entre todos, conociéndonos, trabajando juntos. Como en la pandemia, que la ciencia fue fundamental. Las vacunas se hicieron en tiempo récord y se pudo lograr algo fabuloso, aunque peleando con algunos políticos, no de nuestro país, por suerte; decían que había que tomar agua con cloro, ya no me acuerdo ya, y había unas recetas maravillosas para mejorarse del covid. La ignorancia también es increíble.
—¿Por qué cree que ahora ponen tanto en duda el trabajo que hacen los científicos?
R: Porque no saben lo que es la ciencia. Yo creo que es nada más que ignorancia, falta de conocimiento. Aquí las ciencias que enseñan en el colegio son pocas, y más o menos nomás. En otros países se han dado cuenta, fíjate, de que la ciencia y el tener el espíritu crítico, ser capaces de decir, esto es verdad o esto no, hay que desarrollarlo en los niños desde prekínder. Así uno los puede impulsar a que razonen y que puedan ir planteándose sus propias respuestas a lo que ven. Acá no usamos mucho ese músculo.
Yo no sé, pero pienso que más adelante, cuando analicen qué pasó con la humanidad en la pandemia, se van a dar cuenta de que nos dejó bien mal trechos, en el sentido de que hay muchas ideas absurdas que andan dando vueltas ahora, ¿no? Y de que hay poca empatía entre los seres humanos, mucha violencia.
Yo siento que el mundo, de repente, como que fue asolado por la pandemia, pero no nos hemos liberado totalmente del virus, ¿verdad? Nos dejó medio mal, y entonces empiezan guerras absurdas, la violencia en las calles, qué sé yo, en los colegios. Yo pienso que todo esto puede ser consecuencia de la pandemia. Me gusta pensar que tal vez los chiquititos que hoy día están ahí, recién dando sus primeros pasos, a lo mejor ellos vienen sanos, sin ese trauma que nos tocó vivir.
—¿Qué hace falta para que la sociedad entienda mejor la labor científica y no caigamos en quitarle mérito?
R: Bueno, una de las cosas que tenemos que hacer, ya que está esa deficiencia en la educación que tenemos en el colegio, es tratar de hacer la ciencia más cercana. Por lo menos yo lo trato de hacer, escribo libros que son para público general y hay varios buenos escritores de libros de público general como José Maza, Gabriel León. Son libros entretenidos y que la gente puede aprender con ellos.
También hay que dar charlas. Yo doy charlas en colegios y los niños quedan felices, porque, además, los chicos son superinteligentes. Me hacen las preguntas más difíciles, yo le tengo pánico cuando voy a los colegios, porque preguntan de forma muy honesta, o sea, los adultos son más buenos para ocultar las dudas, o preguntan, pero lo que quieren hacer es irse en teoría y explicar cosas y al final no es una pregunta. Los niños sí hacen preguntas y me encanta. En Cerro Calán, por ejemplo, donde está mi oficina, ahí tenemos cursos en el verano y llegan montón de niños chicos. Y también me encanta porque llegan niños con sus papás, con la abuelita, con el vecino. Es familiar y todos se emocionan de la misma manera cuando uno les cuenta la historia de la humanidad, de nosotros y del universo, con fotos maravillosas de los cielos chilenos.
Los observatorios que hay en Chile son los mejores del mundo y los astrónomos chilenos tenemos un porcentaje reservado para nuestras investigaciones y cuando los niños crezcan, van a poder usar esos laboratorios. En astronomía somos millonarios, en el sentido de que nuestros laboratorios son los mejores del mundo. Tenemos el lujo de poder ir y usar esa instrumentación y hacerlo gratis, porque somos los anfitriones. Así que yo a los chicos los impulso a que abran su mente y piensen en grande, que nosotros estamos aquí como una pulguita, pero una pulguita súper astuta, con una imaginación fantástica, y les digo que hay que pensar en cosas difíciles.
El legado de María Teresa Ruiz
María Teresa Ruiz se convirtió en astrónoma cuando aquella carrera era casi impensable para una mujer en Chile. Aquello la convirtió en una pionera que ha servido de ejemplo para muchas mujeres que luego entraron de lleno a la ciencia.
Además, no solo ha dedicado su vida a buscar respuestas en las estrellas, también ha sido una guía para varias generaciones. Hoy ya no da clases regulares, pero sigue haciendo charlas y aportando en lo que puede.
Este año habló con algunos medios sobre su diagnóstico de degeneración macular, una enfermedad de los ojos que daña la retina y puede causar la pérdida de la visión. “Es una condición bien compleja y no hay nada que hacerle porque no tiene remedio“, cuenta.
Sin embargo, asegura que esto no le ha quitado su fascinación por el cosmos y las ganas de seguir entregando sus conocimientos.
—Hoy hay hartas voces femeninas defendiendo la ciencia en Chile, ¿qué siente cuando ve a estas figuras, por ejemplo, como Teresa Paneque, Carla Hermann…?
R: A mí me parece fantástico. La diferencia que hay en el mundo que a mí me tocó enfrentar cuando partí como científica y lo que hay ahora es notable. Hoy necesitamos más mujeres en las áreas STEM y yo creo que todavía hay mujeres que se limitan y prefieren no participar, pero sí ha mejorado la cosa. Hay más mujeres ingenieras, más mujeres que trabajan en robótica, en todas las áreas de aplicación de la ciencia y también de la ciencia misma. De eso no hay duda.
Y todas estas chiquillas jóvenes me encantan, las que hay como las que tú nombraste y otras, qué sé yo, la Bernardita Ried también, que usan las redes sociales y yo no tengo, así que las conozco en persona, no por las redes. Pero me encanta porque tienen una energía tremenda y son buenas comunicadoras.
Yo creo que las mujeres son más buenas para hablar y a lo mejor por eso terminamos comunicando más fácilmente los conceptos que son más complejos o poco amigables. Eso es fantástico porque, en la medida en que haya más comunicación a ese nivel, bueno, los habitantes de este planeta van a saber más de ciencia. Así que yo feliz, yo siento que ellas están haciendo la diferencia, la gran diferencia.
—Muchas jóvenes también la ven como una referente, ¿qué le gustaría que quedara de usted en las nuevas generaciones de astrónomas?
R: Mira, antes había otros conceptos, pero esto es lo que yo he tratado de mostrar: uno para ser científico no necesita ser una persona que trabaja en un subterráneo oscuro y hediondo, haciendo experimentos, sin amigos ni nada. Uno puede ser una persona normal, que puede tener hijos y amigos, irse de vacaciones y pasarlo regio, pero que le gusta su pega.
Yo creo que la astronomía es una maravilla. Así que el ejemplo que yo he tratado de dar es ese, que uno puede ser científico y también ser una persona humana como cualquiera. Siempre los ejemplos de científicos son hombres, y siempre me reí de eso porque ponen a unos tipos así medio chascones que ni se acuerdan si tienen hijos o no. Francamente, gente así, muy poco social. ¿Qué niña o qué joven que quiera ser astrónoma va a seguir un ejemplo como ese? Hay que dar el modelo de ser científico sin ser un genio loco, sino una persona normal. Eso es muy importante.
—Hace poco ha conversado con algunos medios sobre su condición a la vista, ¿cómo ha adaptado su vida de astrónoma a esto?
R: Es difícil, me vino ahora de vieja y finalmente terminé jubilando. En este momento soy profesora emérita (de la Universidad de Chile) y más bien me dedico a dar charlas o entrevistas, o también participo en algunas cosas, como directorios, pero no puedo leer ni escribir. Entonces tengo unas maquinitas, unos robots que me leen en el celular y cosas así de la tecnología que, de nuevo, me ayuda.
Es una condición bien compleja y no hay nada que hacerle porque no tiene remedio. Así que no es como para andar quejándose. Lo que puedo hacer es acostumbrarme y tratar de ver en qué uno puede entretenerse y aportar con las condiciones que tiene. Por suerte, tengo gente cercana que me apoya, y mi marido, sobre todo, también mi hijo, mi hermana, gente cercana y exalumnas que han sido muy amorosas conmigo. Trato de disfrutar de lo que todavía puedo decirte.
—¿Sigue colaborando con ALMA en el estudio del origen de las enanas cafés?
R: Sí, tenemos observaciones y están siendo analizadas, pero trabajo cada vez más dependiendo de otros. Yo puedo aportar ideas, pero ya es más difícil que esté haciendo las observaciones.
—¿Qué le hace seguir teniendo ganas de conocer el universo y de seguir enseñando?
R: Es que yo tengo la sensación de que soy dueña de un secreto maravilloso que es la astronomía; es la cosa más entretenida del universo, es lo máximo el estudiar cómo es el mundo en que habitamos, ¿qué es lo que hay? ¿Qué es lo que no hay? Yo soy bien curiosa. Toda la vida fui curiosa, quería saber el porqué de las cosas, qué es lo que hay aquí, etcétera.
Era tremendo, yo me acuerdo muchas veces cuando estaba metida en algún tema, analizando datos y cosas, y de repente venía un sábado y domingo y me daba lata porque si no estaba en la oficina, no podía seguir trabajando. Entonces, en la casa en ese tiempo no había internet, así que tenía a mi hijo y a mi marido y hacíamos otras actividades, pero me encantaba mi trabajo, para mí era lo máximo. Eso me gusta contarlo para que la gente sepa que esta es un área de la ciencia en que uno realmente puede gozar. Eso es lo que más me sigue motivando a hacer charlas y conferencias.
Enviando corrección, espere un momento...