Cada 20 de septiembre, millones de personas salen a limpiar playas, parques, bosques, ríos y ciudades. El movimiento World Cleanup Day ha movilizado ya a más de 139 millones de personas en 212 países y territorios. Desde 2024, esa fecha forma parte oficialmente del calendario internacional de las Naciones Unidas. El Día Mundial de la Limpieza parte de una idea muy sencilla: tenemos un solo planeta y somos responsables de lo que dejamos en él.

Este año, sin embargo, pocos días antes de esa jornada, en Viena se discutirá otra forma de proteger nuestra casa común. Entre el 14 y el 18 de septiembre se celebrará la 70ª Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), donde Ucrania presentará un proyecto de resolución sobre “Seguridad nuclear, seguridad física nuclear y salvaguardias en Ucrania”.

Mientras millones de personas intentan retirar aquello que contamina el planeta, Rusia continúa una guerra que deja en Ucrania tierras minadas, bosques quemados, aguas y suelos contaminados, instalaciones industriales destruidas y millones de toneladas de escombros. Uno de los ejemplos más dramáticos fue la destrucción de la presa de Kajovka en junio de 2023. La catástrofe inundó cientos de kilómetros cuadrados, destruyó ecosistemas y vació el enorme embalse que durante décadas había formado parte del sistema hídrico del sur de Ucrania.

Pero Kajovka no fue solamente una catástrofe ambiental. Sus consecuencias llegan directamente hasta la central nuclear de Zaporiyia.

El embalse de Kajovka constituía la principal fuente de agua para el estanque de refrigeración y otros sistemas de la central. Tras la destrucción de la presa y el descenso del nivel del embalse, la planta perdió el acceso normal a esa fuente. Aunque existen reservas y fuentes alternativas que permiten mantener los reactores en parada, la disponibilidad de agua sigue siendo uno de los factores que impiden el funcionamiento normal de los bloques a potencia. Así, una catástrofe ambiental y una amenaza nuclear forman parte de la misma cadena de consecuencias de esta guerra.

Y el agua es solo una parte del problema. Una central nuclear necesita suministro eléctrico exterior estable, sistemas de seguridad operativos y personal profesional capaz de tomar decisiones sin amenazas ni presiones. El proyecto de resolución ucraniano subraya precisamente que los ataques contra la infraestructura energética crítica para el suministro eléctrico exterior de las centrales nucleares constituyen una amenaza directa para la seguridad nuclear.

Chornóbyl demuestra por qué estos riesgos nunca deben trivializarse. El 14 de febrero de 2025, un ataque con dron dañó significativamente el Nuevo Confinamiento Seguro. El 7 de junio de 2026, otro incidente con un dron causó daños en la Instalación Centralizada de Almacenamiento de Combustible Gastado en la Zona de Exclusión.

Pero la mayor amenaza sigue siendo la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa, tomada por las fuerzas rusas el 4 de marzo de 2022 y todavía bajo su control. Este es el hecho esencial que ninguna campaña de desinformación puede borrar: los riesgos actuales existen porque una instalación nuclear civil fue ocupada y militarizada.

En vísperas de la Conferencia General del OIEA, Rusia vuelve a intensificar su campaña para invertir causa y consecuencia, difundiendo acusaciones sobre supuestos ataques ucranianos contra la central y sus instalaciones. Sin embargo, cuando el OIEA utiliza expresiones como “se informó”, “presuntamente” o “supuestamente”, no identifica la fuente y el estatus de una afirmación, ni tampoco atribuye responsabilidades. Constatar daños o encontrar restos de un dron tampoco demuestra por sí solo quién lo lanzó.

La posición de Ucrania es clara: Zaporiyia es una central ucraniana y debe funcionar bajo pleno control soberano de Ucrania. La resolución exige la retirada urgente de todo el personal militar y no autorizado, la devolución de la planta a las autoridades ucranianas y acceso oportuno y sin restricciones para la misión del OIEA. También reclama la liberación del personal ucraniano detenido ilegalmente, porque ningún operador nuclear puede garantizar la seguridad trabajando bajo coerción.

No se trata de ampliar las competencias del OIEA. Las propuestas se apoyan principalmente en decisiones ya adoptadas por su Junta de Gobernadores, la Conferencia General y la Asamblea General de la ONU. Se trata de defender una regla universal: ningún Estado debe obtener una ventaja militar o política ocupando una instalación nuclear y convirtiendo el riesgo de accidente en instrumento de presión.

En 2025, 62 países apoyaron la resolución ucraniana, 46 se abstuvieron y siete votaron en contra. Este año la decisión vuelve a estar sobre la mesa. No debería interpretarse como una elección entre Ucrania y Rusia. Una nube radiactiva no pregunta cómo votó un país ni distingue entre Occidente y el Sur Global.

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Dos días después de terminar la Conferencia General del OIEA, millones de personas volverán a recoger basura en el World Cleanup Day. Pero hay residuos que no caben en una bolsa: una mina enterrada, los restos de un misil, un bosque quemado, un río contaminado, una presa destruida, una ciudad convertida en escombros. Y hay algo que ningún voluntario debería tener que limpiar jamás: las consecuencias de un accidente nuclear.

Por eso proteger el planeta no significa solamente limpiar lo que otros dejaron atrás. Significa impedir que alguien siga destruyéndolo. La mejor limpieza es aquella que nunca llega a ser necesaria.