Un libro del periodista chileno Alejandro Tapia reconstruye el fenómeno que provocó la banda en Perú, el único país extranjero que visitó en todas sus etapas y donde incluso fue vigilada por la dictadura de Pinochet.
Los Prisioneros tuvieron una conexión especial con el Perú. No solo porque los peruanos abrazaron su música, la difundieron y la mantienen hasta la actualidad, sino porque lo hicieron desde el inicio, desde antes de que fueran un fenómeno en Latinoamérica, pues el país incaico es considerado el primero que les abrió las puertas al éxito internacional.
Así lo afirma el periodista chileno Alejandro Tapia, autor del libro “No necesitamos banderas: Los Prisioneros en Perú” (Borrador Editores), que aborda el vínculo de la banda con el público peruano, iniciado desde el primer concierto masivo realizado en la Plaza de Acho (Lima) en 1987.
“Perú fue el primer país donde comenzó un fenómeno Prisionero, una ‘prisioneromanía’. Ellos viajan antes de Perú, en noviembre de 1986, a Uruguay; después viajan en marzo-abril de 1987 a Córdoba y Buenos Aires y no les va tan bien. Los críticos argentinos no entienden la propuesta de Los Prisioneros. Este viaje a Perú y Ecuador, en septiembre de 1987, los consagra”, explicó el periodista.
“Yo creo que Perú fue el país que le abrió las puertas a Los Prisioneros para el éxito que tuvieron en el resto de Sudamérica y en América Latina, totalmente”, sostuvo Tapia en entrevista con BioBioChile.
Primera parada en Acho
Aunque no fue la primera presentación en Perú, sino la segunda (la primera fue en una discoteca limeña un día antes), el concierto realizado en Acho el 19 de septiembre de 1987 fue clave porque “les permitió a Los Prisioneros darse cuenta de que su propuesta podía tener un alcance continental”. En las radios de Lima sus canciones ya estaban en los primeros lugares de los rankings y en la calle la gente les mostraba su admiración.
“Ellos se hospedan en el hotel Garden y quedan muy impresionados con sus seguidores peruanos. Yo accedí a las cintas de video, porque ellos andaban con una cámara portátil, y vi todo eso. Incluso graban a los fans que están afuera esperándolos en el hotel. Son escenas bastante impresionantes de lo a gusto que estaban Los Prisioneros en Lima al conocer a estos seguidores”, relató Tapia.
Al concierto asistieron al menos 12 mil personas y, a pesar del apoyo masivo, hubo algunos reclamos de un sector del público por la rivalidad Perú-Chile. Sin embargo, este momento también sirvió para que el líder de la banda encarara el tema públicamente.
“Cuando empieza el público a joder, digamos, Jorge González lanza un discurso que tiene una profundidad tal de como una invitación a poner fin a las rencillas históricas, a no enemistarse entre vecinos, que eso produjo algo muy importante e interesante. Yo creo que desde ese momento Los Prisioneros de alguna manera ayudan a romper estas tensiones históricas entre ambos países”, comenta.
Vigilancia en Lima
Un hallazgo importante del libro de Alejandro Tapia es la confirmación de que el régimen de Augusto Pinochet estaba preocupado por el impacto que tendría la llegada de la banda al Perú, debido también a las tensiones históricas entre ambos países. De acuerdo con el periodista, hubo cables diplomáticos enviados por la Embajada de Chile en Perú al gobierno chileno.
“Lo que pasó en Perú, que fue bastante inédito y que no había pasado en otros lugares, fue que el año 87, cuando ellos se presentan en Acho, la dictadura de Pinochet monitoreó sus pasos, monitoreó cómo fue Acho y los vigiló de manera sigilosa en cuanto a las declaraciones que ellos emitieron a la prensa”, contó.
“En estos cables secretos también tuvieron que reconocer que Los Prisioneros eran tremendamente masivos, tremendamente populares y tremendamente profesionales. Yo accedí a todos esos documentos y eso está todo en el libro”, detalló.
El “Prisionero peruano”
La conexión de Los Prisioneros con el Perú también estuvo dentro de la propia banda. Según el libro, hubo un integrante nacido en este país. Se trata de Robert Rodríguez, quien nació en Arequipa (sur peruano), pero cuando era niño su familia se trasladó a Santiago, donde años después conoció a Jorge González cuando ambos ingresaron a estudiar música en la Universidad de Chile.
Tras la salida de Claudio Narea en 1990, González convocó a Cecilia Aguayo, que era su amiga, para los teclados y a Rodríguez para tocar el bajo y la guitarra. “Esa formación tuvo un éxito muy importante porque fue la banda que sostuvo toda la gira de Corazones. Este ‘Prisionero peruano’ se incorpora básicamente porque era amigo de Jorge desde el tiempo de la universidad”, explicó Tapia.
Además, según la investigación del periodista, Perú fue el único país extranjero al que Los Prisioneros viajaron durante todas sus etapas.
“Cuando Miguel Tapia y Jorge González forman este grupo Los Dioses, en los años 90, el 98, al único país donde van, el único país donde se presentan, es Perú. Después, cuando ellos se reencuentran el año 2001 para la gira del 2002, el primer país que visitan es Perú”, mencionó.
Letras que siguen vigentes
Tapia también atribuye la popularidad del grupo en países de la región al contenido de sus canciones. “Muchas de las letras de Los Prisioneros hablan de temáticas sociales, temáticas políticas y sobre cosas que en 40 años no se han podido resolver: las desigualdades, el desempleo, la falta de oportunidades. Esos temas tocan a una parte importante del continente, en especial la zona andina”, argumentó.
En Perú, canciones como El baile de los que sobran, Por qué no se van y Muevan las industrias tuvieron acogida. Esta última, según Tapia, se hizo popular durante la crisis económica del primer gobierno del expresidente Alan García (1985-1990).
“Un peruano perfectamente puede entender una letra que tampoco se trata necesariamente de la contingencia chilena, sino que son temáticas más sudamericanas, más latinoamericanas, incluso temáticas universales”, explicó.
Consultado sobre qué canción podría tener repercusión si fuera lanzada actualmente, Tapia eligió Por qué no se van: “Yo creo que podría ser una canción que podría ser interpretada por los ciudadanos de distintos países respecto de por qué no se van las autoridades por las que ellos mismos votaron”.
Eso sí, precisó que la canción originalmente aborda otro tema, relacionado con la movida cultural chilena de aquellos años: “Las personas interpretan a su propia manera las letras y no necesariamente se tratan de lo que la gente cree que se trata”.
El libro “No necesitamos banderas: Los Prisioneros en Perú” se presentó en julio de 2026 en la Feria del Libro de Lima y también en la ciudad de Huancayo (centro del Perú) y el distrito limeño de Barranco. Está disponible en la web de Borrador Editores, en librerías de la capital peruana y, en Santiago, en la disquería Club de Fans.
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