Hace algunos meses, nuestra oficina en Chile fue una de las primeras del mundo en participar en los pilotos de Overview de Google.

Durante décadas, las marcas se comunicaron de la misma manera a millones de personas: un único mensaje para audiencias masivas. Esa lógica marcó gran parte del consumo durante el siglo XX, pero hoy las personas esperan recibir información relevante, contextualizada y previamente filtrada según sus intereses. Casi sin darnos cuenta, la personalización se convirtió en el nuevo estándar de nuestra relación con la tecnología, la información y el consumo.

Esta tendencia se hace evidente al observar cómo interactuamos con el ecosistema digital actual. Las plataformas de streaming ajustan su contenido según nuestros gustos y hábitos; las redes sociales reorganizan los flujos de información en función de lo que retiene nuestra atención en cuestión de instantes; y Google, con herramientas como Overview y Modo IA, empieza a transformar la búsqueda tradicional en respuestas elaboradas, contextuales y cada vez más personalizadas.

Pero vale la pena hacer una pausa antes de celebrar esta transformación. Distintos estudios sobre algoritmos de recomendación han mostrado que la curaduría personalizada puede reducir la diversidad de lo que consumimos. Y encuestas recientes sobre confianza digital muestran una paradoja creciente: mientras más nos gusta que una plataforma nos entienda, más incómodos nos sentimos cuando pensamos en cuánto conoce realmente sobre nosotros. La personalización, entonces, no es solo un avance: también es una negociación constante entre conveniencia y control.

Aun con esa tensión, el cambio de fondo es real. La inteligencia artificial ha sido el gran acelerador, pero lo más profundo no está en la tecnología, sino en las expectativas de las personas. Después de años interactuando con herramientas que parecen comprender lo que buscamos, esa expectativa ya no se restringe al ocio o la consulta de datos: transforma asimismo el modo en que hallamos, valoramos y adquirimos productos de belleza.

Hace algunos meses, nuestra oficina en Chile fue una de las primeras del mundo en participar en los pilotos de Overview de Google. La experiencia nos mostró algo clave: el punto de entrada del consumidor está cambiando. Cada vez más personas llegan a una decisión de compra una vez que han investigado, cotejado y filtrado opciones en el entorno digital, relegando la visita a un local físico o web a una fase posterior. Eso nos obligó a repensar en qué momento del proceso realmente estamos presentes, y a preguntarnos si estamos apareciendo cuando el consumidor todavía está decidiendo, o solo cuando ya decidió.

Esa es, para mí, la pregunta que debiéramos hacernos hoy: no solo cómo personalizar más, sino en qué punto de un proceso de decisión, cada vez más mediado por IA, queremos y podemos tener una conversación genuina con la persona al otro lado de la pantalla. La diferencia estará entre acompañar una decisión o simplemente interrumpirla con un mensaje a medida. Las marcas que entiendan esa diferencia serán las que construyan relaciones más relevantes y duraderas con sus consumidores.