La realidad más dura muestra que las cosas no marchan como lo quería el entonces candidato Kast. Aunque se intente atribuir todo al gobierno de Boric, los errores de los actuales gobernantes dejan de manifiesto que todo se hace más difícil cuando no hay planes claros y se apuesta más a las expectativas que a propuestas concretas.

La verdad y la sensibilidad

La esposa del Presidente de la República es una persona muy expresiva. No se guarda sus emociones, lo que le permitirá vivir con una salud mucho más firme que aquellos personajes aburridos y constreñidos que se preocupan de mantener siempre una sonrisa de máscara griega para parecer simpáticos. Ese lado positivo tiene como contrapartida el hecho de que se le nota lo que le está pasando.

Cuando su marido pidió la renuncia a dos ministras, ella se conmovió tanto que se sentó con cada una a su lado y les tomó las manos para consolarlas. Se sentía triste porque dos de las mujeres que partieron en cargos de gobierno no iban a continuar y, lo peor de todo, es que serían reemplazadas por hombres. No sé qué habrá sentido Steinert, pero Sedini declaró que el gesto no le había gustado. Tampoco le gustó al segundo piso, pues se evitó la escena cuando dejó su cargo la ministra del Deporte, pese a que ella no pudo retener su lágrimas.

Nadie pudo evitar, sin embargo, los expresivos y evidentes gestos de molestia de la señora Adriasola (de Kast) cuando Juan Carlos Bustamante, “cantor a lo divino”, alzó su plegaria musical quejándose de las condiciones de vida de los pobres y de quienes, pese a ser cristianos, quieren ser servidos más que servir. El mismo rostro molesto se apreció cuando habló el arzobispo de Santiago, cardenal Chomalí, quien también se refirió a las dificultades de una gran mayoría de habitantes de nuestra tierra en estos tiempos y a la necesidad de tomar medidas para cambiar la situación.

Probablemente ella hubiera preferido invocaciones a los santos y a la Virgen María para que ellos arreglaran las cosas que su marido y los ministros parecen no ser capaces de conseguir con la velocidad prometida.

Entre la descortesía y las encuestas

Tal vez alguien lo interprete como descortesía. “No se nombra la soga delante del ahorcado”, me dijo el general Marambio una vez que hablé de los bochornos que el general Viaux le hizo pasar al gobierno de Frei Montalva y que le significó perder su cargo como ministro de Defensa. Puede tener razón la señora en sentirse afectada por mostrar estos problemas porque quizás lo que esperaba era que el Presidente se luciera en sus primeras fiestas patrias en el cargo. La misión sin embargo de quien hace la prédica, no es alabar al gobernante sino a Dios, e interpretar el amor de ese Dios hacia los que más sufren.

¿Cómo estará el ánimo de la señora del presidente cuando vea las encuestas que circularon este domingo? Tal vez pensó que su elegante presentación de huasa en las fondas y la cueca campesina que bailó con su cónyuge serían los temas que acapararían la atención de los ciudadanos encuestables. Pero las encuestas de empresas muy cercanas a la derecha (¿habrá otras?) arrojan resultados que a ella y a todo el gobierno podrían inquietarles. La desaprobación (rechazo en realidad) al Presidente llega a un 59%, que es una suma mayor que el porcentaje que obtuvo al ganar en 2025, mientras el rechazo topa con el 29% que es más o menos lo que recibió en la primera vuelta.

La lectura positiva que el presidente puede hacer de estas encuestas sería que, tal como le pasó a Boric, más o menos a los 6 meses de gobierno quienes votaron por él en la primera vuelta le siguen siendo leales, lo siguen apoyando y aprueban todo lo que hace y no hace. La negativa, es que sólo ellos lo están apoyando y que las alianzas con algunos restos del radicalismo, con parte de Renovación Nacional, con los dirigentes del moribundo partido Demócrata, con la UDI –cada vez más inquieta– no ha sido suficiente para ganar adeptos a lo que se está realizando desde la Moneda y los ministerios. Ni siquiera es posible sumarle a los partidarios de del Partido Nacional Libertario que están siendo muy críticos.

Va a mantener a sus leales

Si consiguiera que me escuchara, le diría al presidente que no se inquiete tanto. En algún momento va a volver a subir un poco y es difícil que viva como Piñera esos aterradores momentos en que el apoyo era de 5 o 6 por ciento, porque sus partidarios son mucho más leales y férreos defensores de sus convicciones. Pero eso no basta.

Lo han dejado en claro sus asesores, los equipos del “segundo piso”, cuando han tratado de explicarle a otros que este es un gobierno que no está para lucimientos y fanfarrias, sino que es “fome”. Para responder bien a eso, se eliminó un ministro vociferante que debatiera todo y justificara lo injustificable.

Por el contrario, el cargo lo asume un hombre de palabras más bien aburridas, pero que dice la cruda verdad. Como por ejemplo cuando fue preguntado por una presentación ante el Tribunal Constitucional y dijo que a él nadie le había informado de eso y que le enviaría a todos los ministros un papel con su número de teléfono. Tampoco dijo, cuando fue rechazado el recurso aquél, ninguna frase esperable, como “yo les dije” o “eso pasa porque no me preguntaron”. Nada, silencio, como el vocero de un gobierno fome.

Los problemas del gobierno

Las disputas de los ministros, cada vez más evidentes, reflejan cierto nivel de desconcierto que afecta la opinión ciudadana, lo que se ve acrecentado con los índices económicos. Cuando en un mes hubo un IMACEC positivo, el ministro de Hacienda a coro con el de Economía, anunciaron que ya la recuperación empezaba. Al mes siguiente cayó y hubo silencio. Ya ni siquiera es creíble que todo sea culpa de Boric y del gobierno que él encabezó. Porque ha pasado demasiado tiempo, el gobierno actual tiene las mayorías que quiere y necesita, pero su rumbo es errático y no logra transmitir confianzas, ni siquiera a sus más amigos en el exterior o a sus aliados en el interior.

Casi 50 altos funcionarios (desde secretarios regionales ministeriales hasta ministros) han dejado sus cargos por las razones más diversas, lo que no se había visto nunca en tan poco tiempo de ningún gobierno. Hay debilidad, que se quiso suplir con una norma constitucional sólo comparable a uno de los proyectos de 1980 –finalmente nunca convertido en ley– del gobierno pinochetista, cuando se quería dar a las policías, organizadas en un comando conjunto, facultades de detener por sospecha, sin necesidad de pruebas a quienes se supusiera que estuviesen preparando o pensando preparar actos terroristas o delitos contra el orden social. Por supuesto eso tampoco prosperó, porque en la derecha hay personas que no están de acuerdo con reeditar situaciones del pasado.

La historia no se puede olvidar

No se conmemoró el 11 de septiembre, lo que me pareció atinado, pues los partidarios del actual gobierno hubiesen hecho celebraciones y no actos amplios e integradores como lo hizo Piñera en sus gobiernos o como lo hicieron los gobiernos concertacionistas. Pero Kast se equivoca al decir que el pasado hay que olvidarlo: quien olvida su pasado está condenado a repetirlo.

Nada mejor que tener presente la historia, con lo bueno y lo malo, con los errores y los aciertos, con todas las discrepancias que puedan surgir. ¿Vamos a cerrar el capítulo del golpe de 1973, cuando aún no cerramos la disputa entre o’higginistas y carrerinos? Si queremos olvidarnos de la historia, ¿para que se quiere celebrar “las glorias del Ejército” en una parada militar? ¿Por qué, en ese predicamento de Kast, se repone la estatua al general Baquedano?

Ajustarse a lo real

No se puede hacer cualquier cosa creyendo que se cuenta con el respaldo de los votos que obtuvo en la segunda vuelta. Lo sólido para Kast es su 29% del que no debiera bajar. Se ha dicho que ahora hay menos asesores que antes. Perfecto. Pero ¿cómo se explica la contratación de un estudiante de 19 años, en primer año de universidad, para el Ministerio del Interior con un sueldo de tres millones? ¿No hay profesionales que puedan cumplir esas funciones? ¿Cómo se siguen cometiendo errores que requieren permanentes explicaciones?

¿O deberemos seguir creyendo que todo esto no es más que vueltas de tortilla y que el que manda hoy tiene libertad para todo?

Las tareas del pueblo

El pueblo chileno debe mirar hacia adelante, pero debe comprender que mientras crea que los problemas se los solucionan los políticos u otras personas, no avanzaremos como sociedad. Es indispensable que todos y cada uno de los habitantes de este territorio, incluidos los inmigrantes que vinieron a quedarse y a aportar –como los antepasados de muchos, incluido el presidente– entendamos que no somos ni víctimas ni beneficiarios, sino que debemos ser actores de la vida social y política.

Este gobierno tiene poca cuerda que dar hacia adelante y pasaremos estos años entre más promesas incumplidas, errores y algún acierto. Lo central, sin embargo, es que los ciudadanos, hombres y mujeres, incluidos jóvenes y mayores, sumemos experiencia y esperanza para organizarnos. El pueblo requiere de organización en los barrios, en las empresas, en las profesiones y oficios, para buscar, proponer y construir soluciones a los problemas reales, debiendo el gobierno escuchar esas voces.

La realidad es cruda, dura, implacable

Está bien creer en el discurso de la campaña, pero cuando la realidad sobrepasa las promesas, hay que saber dejarlo de lado y convocar a todos los habitantes de nuestra tierra para encontrar respuestas diferentes.

El canto de Bustamante expresa un compromiso. El llamado del Arzobispo nos propone una nueva mirada. La voz de tantos está clamando por respuestas eficaces a los problemas y no más beneficios a las minorías poderosas en desmedro de las mayorías hasta ahora silenciosas. ¿O se quiere provocar nuevos actos desesperados de quienes padecen agudas necesidades?

Hubo fiestas, hubo celebraciones, la gente gastó su aguinaldo y su sueldo en celebrar, porque sabe que puede seguir acumulando deudas que nunca va a pagar. Y cuando se debe tanto, ya no importa nada. Estas fiestas fueron un desahogo para quienes viven con dificultades de ánimo, porque han perdido las esperanzas.

Yo llamo a la sensibilidad, la de la propia señora del presidente, para que entienda que quienes criticamos no queremos dañar a nadie, sino vivir más tranquilos, con menos angustias económicas y más respeto por todos. Ni este gobierno ni ninguno solucionará todos los problemas, pero si se escuchan las voces de quienes tal vez piensan diferente, se pueden ir encontrando soluciones a muchas cosas y sobre todo, levantar el ánimo del país.

La cruda realidad nos obliga a mirar las cosas con más calma. Poner la sensibilidad donde corresponde: la realidad de las personas comunes y corrientes, que deben tener espacios para expresarse, para su desarrollo personal, para la cultura, el trabajo, el cuidado de su salud integralmente. Frente a eso, saber escuchar y generar propuestas que reúnan el consenso de muchos, nunca de todos probablemente, pero sí de quienes viven los problemas y de quienes saben generar soluciones.