En Coyhaique y en la Región de Aysén sabemos que los problemas concretos no preguntan de qué partido somos. Cuando una familia necesita seguridad, empleo, vivienda o una atención oportuna, espera que las instituciones funcionen, que las autoridades conversen y que las soluciones lleguen.

Esa experiencia territorial nos permite comprender un desafío nacional: Chile necesita volver al centro. No al centro entendido como indefinición, comodidad o cálculo electoral, sino como una posición política con identidad, convicciones y capacidad de construir acuerdos.

Durante los últimos años, la polarización ha debilitado nuestra convivencia. Cada sector habla para los propios, las diferencias se convierten en trincheras y cualquier coincidencia comienza a ser tratada como una renuncia. El resultado es una ciudadanía cansada y desconfiada. Según la OCDE, en 2025 apenas el 11% de los chilenos manifestaba confianza en los partidos políticos.

El centro debe responder a esa distancia, pero no intentando agradar a todos ni evitando las definiciones difíciles. Las personas no confían en los cobardes. Ser de centro exige valentía para defender convicciones, reconocer los méritos de una buena idea aunque venga de otro sector y asumir el costo de alcanzar acuerdos cuando el país los necesita.

De la izquierda debemos rescatar su preocupación por la justicia social, la dignidad del trabajo y la protección de quienes enfrentan mayores desventajas. De la derecha debemos valorar el emprendimiento, la inversión, la responsabilidad fiscal, el crecimiento y la seguridad.

La tarea del centro es articular esos aportes en un proyecto coherente: crecer para generar oportunidades y construir cohesión social para que ese crecimiento pueda sostenerse.

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Chile no debe elegir entre crecimiento y justicia social, entre seguridad y derechos, entre inversión privada y responsabilidad pública. A los chilenos no les importa de qué color es el gato; les importa que sepa cazar ratones. Del mismo modo, esperan que la política produzca resultados.

Necesitamos dirigentes valientes, dispuestos a mover el cerco de lo posible para cambiar la vida de las personas, con crecimiento inclusivo, seguridad.