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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

En la saga Piratas del Caribe, la brújula mágica del capitán Jack Sparrow señala hacia lo que más deseas en el mundo, pero solo funciona si sabes cuál es tu verdadero deseo. La película Stalker y el filósofo Byung-Chul Han exploran la dificultad de conocerse a uno mismo y formular deseos claros. A través de las aventuras de Sparrow, la brújula pasa de ser enigmática a revelar rumbo firme, mostrando la importancia de tener claridad en tus deseos. En contraste, en "Todopoderoso", se demuestra cómo conceder deseos sin comprender las verdaderas necesidades puede llevar al caos.

La brújula, que porta consigo el pirata dipsomaníaco (que interpreta Johnny Depp) en la saga Piratas del caribe, es una que no señala al norte, ni al sur, ni a ninguna parte.

Por Mauricio Claro

El instrumento está desajustado y da vueltas en todas direcciones. La flecha naufraga, porque es parte de un mecanismo mágico que se activa solo cuando su dueño ha identificado el objeto de su deseo.

La razón es que la brújula apunta hacia lo que más deseas en este mundo. Y si el adminículo extravía el rumbo es porque su portador no sabe dónde quiere ir.

Tía Dalma (la diosa Calypso en su forma humana), que aparece en la segunda entrega de la saga (El cofre de la muerte, 2006), hechicera Vudú que le vendió la brújula al pirata, al darse cuenta de lo inútil que el objeto le está resultando al capitán, le dice burlona “Jack Sparrow no conoce lo que quiere”.

Stalker, Mosfilm

Esta idea tiene cierta relación con la película Stalker (1979), de Andréi Tarkovski. Lo que llaman la zona, es un extenso territorio devastado y radioactivo, que produce objetos mágicos y exhibe evidencia extraterrestre devenida en chatarra y escombro. Pero el tesoro se ubica al centro de esa zona, donde hay una habitación que ha de cumplir los deseos de todos quienes logren llegar a ella, a condición de que sus visitantes sean capaces de formularlos con claridad.

Tras haber atravesado esa tierra baldía, y una vez frente al umbral del sitio de poder, el Stalker (que significa el acechador), le dice a los dos hombres que ha guiado: “Este es el momento más importante de tu vida, aquí tus deseos más profundos se harán realidad, tu deseo más sincero”.

Pero una vez allí, todos fracasan, porque nadie logra elaborar su deseo.

Sobre esta imposibilidad de conocerse a sí mismo el filósofo Byung-Chul Han, en La sociedad de la transparencia, y pensando en el inconsciente freudiano, lo expone del siguiente modo:

“El hombre ni siquiera para sí mismo es transparente. Según Freud, el yo niega precisamente lo que el inconsciente afirma y apetece sin límites. El `Ello` permanece en gran medida oculto al yo. Por tanto, un desgarro atraviesa el alma humana, que no permite al yo estar de acuerdo consigo mismo”.

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Tras una retahíla de aventuras entre Gran Bretaña y las islas del caribe, la brújula del pirata gorrión sigue sin encontrar dirección. Es solo en la escena final de la tercera entrega (En el fin del mundo, 2007), cuando logra dar forma al objeto de su deseo (La fuente de la eterna juventud), que el dispositivo termina por indicar un rumbo. Jack Sparrow puede ahora emprender su viaje.

Hasta la tercera parte de la saga, la relación del capitán Sparrow con su brújula era algo enigmático. Pero por alguna razón (concesiones hollywoodenses), durante el cuarto y quinto episodio (Navegando aguas misteriosas, 2010 y La venganza de Salazar, 2017) la brújula comienza a revelar rumbo firme a todo quien la destape y piense en un deseo.

Incluso ahora, Jack desea con claridad y la flor de lis que se dibuja al centro del eje rotatorio se mueve certera hacia algún punto cardinal.

Ahora bien, la trágica decepción de los visitantes del Stalker, ante la imposibilidad de desear, funciona como el reverso de los cumplimientos de deseo en Piratas del caribe. De haber sido esta una obra rigurosa, ni el capitán Sparrow, ni ninguno de los personajes que tuvieron en su mano el objeto embrujado debieron nunca llegar a destino, ante la incapacidad de conocerse a sí mismos.

Todopoderoso, Spyglass Entertainment

Incluso una película ingenua como Todopoderoso (2003), es fiel a la idea de ese “desgarro” que fisura el alma y nos mantiene en permanente desacuerdo con nosotros mismos. Bruce Nolan (Jim Carrey) es un reportero de televisión cuyas súplicas han sido escuchadas por el mismo dios (Morgan Freeman), por lo que éste ha decidido bendecirlo con la transferencia de todos sus poderes y ungirlo como dios sustituto.

Puesto en su nuevo rol, y en el intento por complacer a sus feligreses, Nolan concede sin más los deseos a cantidades ingentes de creyentes, lo que desata involuntariamente caos, revueltas, discordia, anomalías naturales. Decepcionado ante el desastre, vuelve donde su dios a pedirle consejo para satisfacer a quienes lo demandan.

“Les di lo que querían”, le dice Nolan decepcionado al no ver más que calamidades ante los deseos concedidos. A lo que dios responde: “¿Pero, desde cuándo alguien tiene idea de lo que quiere?”.

Por eso Santa Teresa advirtió que se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas.

Mauricio Claro
Magister en teoría e historia del arte
Crítico de cine