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Claudio el tartamudo, personaje de la familia imperial romana, era más astuto de lo que aparentaba, revelándose como un avezado lector y observador. En su entorno, destacaba Livia, esposa del emperador Augusto, maestra en venenos y manipulaciones. Esta figura influyó en la creación de Livia en la serie Los Soprano, reflejando un microcosmos de poder y traición similar al Imperio Romano.
La miniserie Yo, Claudio, emitida por la televisión británica BBC durante la década del setenta, y que está basada en la novela homónima de Robert Graves (y su continuación, Claudio el Dios y su esposa Mesalina), recorre cien años de la historia del Imperio de Roma.
Por: Mauricio Claro
Quién relata es Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, o simplemente Claudio el tartamudo o Claudio el idiota, un miembro poco afortunado de la familia imperial. Su apariencia enfermiza y atrofiada hacían suponer que era un completo imbécil. Mas Claudio era un avezado lector, tenía ambiciones de ser historiador y se encaminaba a la erudición. Dada su presencia inofensiva, pudo penetrar en las estancias imperiales, escuchar las conversaciones más torvas, y con el tiempo, enterarse de la larga lista de traiciones, asesinatos y envenenamientos que cobraron las vidas de los más conspicuos personajes que hoy componen la gliptoteca real.
Artífice de buena parte de dichas calamidades y principal conspiradora era Livia, la esposa del emperador Augusto, el que a su vez era tío abuelo del desdichado Claudio. Livia era perniciosa y se cultivó en la elaboración de venenos letales tanto como en el arte de torcer el corazón de los hombres con el único fin de configurar a capricho la estructura de poder del imperio. “Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto”, es la frase que da inicio a la serie y que se lee a poco andar en la novela de Graves.
David Chase, creador de la serie estadounidense Los Soprano, reconoció haberse inspirado en la maligna Livia para crear el personaje de la madre de Tony Soprano, quién también se llama Livia. Una anciana tóxica que desde su apariencia senil conspira para mandar a matar a su propio hijo, objetivo en el que Livia Augusta fue efectiva envenenando los higos del huerto de su marido.
Yo, Claudio, BBC
La mafia italoamericana representada en Los Soprano, funciona como un microcosmos de la historia del Imperio Romano, aunque ahora en su versión más tardía y posmoderna. La mafia de New Jersey es un complejo entramado de apariencias viriles, de conductas sociales, en donde el todo por el todo se juega en la representación de la lealtad y la traición. La patota que lidera Tony Soprano administra el negocio de la basura, contrabandea y ejecuta uno que otro encargo repugnante. Es un pequeño imperio pop, sin más relato que el que proporciona el cine de mafiosos y su mitología más prosaica. Son parte de un tiempo de la historia en donde la administración del poder no es en función de conducir los destinos del mundo, sino de manejar el último Lexus deportivo o comprar una casa en la playa.
En uno de los capítulos de la serie, Tony debe hacerse cargo de un trabajo que implica disputar con un judío que regenta un hotel de mala muerte. Tony apunta su arma directo a la cabeza del judío, quién pese a ello, y en actitud desafiante, le dice algo así como que el pueblo hebreo a soportado los vejámenes de la historia, la esclavitud, el exilio, la devastación, mientras que el Imperio Romano que duraría para siempre, ha desaparecido.
“Aquí estamos nosotros. Pues bien, ¿dónde están ahora los romanos?”, le dice el vehemente judío. Yo, Claudio, BBC“Aquí estamos. Nosotros somos los romanos”, le responde Tony, al tiempo que le dispara una bala en la cabeza.
Mauricio Claro
Magister en teoría e historia del arte
Crítico de cine
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