Artes y Cultura
Martes 24 diciembre de 2019 | Publicado a las 11:19
Abre el primer museo en honor a la resaca y las borracheras del mundo
Por Francisca Rivas
La información es de Agence France-Presse
visitas

Suele ocurrir que los juerguistas no recuerdan mucho lo que hicieron la noche anterior. En Zagreb, Croacia, un museo colecciona historias de resacas y reliquias de veladas alcoholizadas para ayudar a los visitantes a colmar sus agujeros negros.

El “primer museo de la resaca del mundo”, seg√ļn sus creadores, evoca solamente el lado festivo de esas noches de ebriedad. Pero pronto mostrar√° tambi√©n los riesgos inherentes al consumo excesivo de alcohol.

“El museo habla de algunas noches entre el momento en que salimos de la discoteca y el momento en que nos despertamos”, explica a la AFP Rino Dubokovic, de 24 a√Īos, que abri√≥ el museo a principios de diciembre con su amiga Roberta Mikelic, de la misma edad.

Se trata de “congregar en el mismo lugar los objetos con los que la gente se despierta y las historias que generan, para que algunos puedan identificarse”, dice Mikelic.

Mientras varios museos del mundo están dedicados al alcohol, los dos jóvenes tuvieron la idea de un lugar dedicado a las cuitas postfestivas. Uno de ellos contó haberse despertado con un pedal de bicicleta en el bolsillo, sin la menor idea del cómo ni del porqué.

El peque√Īo museo expone recuerdos y reliquias que corresponden a 25 resacas.

Cuatro salas relatan las etapas de un laborioso regreso a casa. “Calle” est√° ornada de grafitis. Los “Espejos” recuerdan las vitrinas de las tiendas que reflejan el rostro aturdido del juerguista. En “Jard√≠n”, el visitante escucha el trinar matinal de los pajaros. En “Habitaci√≥n”, donde la gente despierta tras una noche alcoholizada, reina un caos de botellas derramadas y de ceniceros desbordantes.

A los visitantes se les ofrece Rakija, el aguardiente local, y pueden jugar a los dardos con una gafas especiales que simulan los efectos de la ebriedad.

Denis Lovrovic | AFP
Denis Lovrovic | AFP

Los testimonios son relatados en páginas colgadas de las paredes. Un joven recuerda haberse presentado en su casa al alba, y haberle mostrado el documento de identidad a su padre, policía de uniforme que estaba a punto de ir al trabajo. Creía estar frente a la entrada de una discoteca.

“Malos recuerdos”

Su padre lo “dej√≥ entrar” pero “no tuve derecho a salir durante mucho tiempo”, cuenta el joven.

El medio centenar de visitante diarios, generalmente jóvenes turistas extranjeros, piensan que el museo es una buena idea.

“Estoy muy impresionado, pero tambi√©n horrorizado, ya que todo esto me trae muy malos recuerdos, aunque tambi√©n muy buenos recuerdos”, dice Andrew Hardie, de 29 a√Īos, procedente de Edimburgo.

Los riesgos por la pérdida de control y la amnesia alcohólica -que pueden generar agresiones o violaciones- no son tratados.

Seg√ļn la Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS) el uso nocivo del alcohol provoca 3,3 millones de muertes cada a√Īo en el mundo. En la categor√≠a de los 20-39 a√Īos, cerca del 25% de las muertes son atribuibles al alcohol.

Los creadores del museo se disponen a dedicar a estos riesgos una “c√°mara negra” donde se expondr√°n advertencias e informaciones.

También quieren abrir un bar para servir remedios anti-resaca.

Entretanto, los visitantes son invitados a completar en una pizarra negra, con tiza blanca, la frase siguiente: “Esta ma√Īana, me despert√© con…”

…”Dos perros errantes”, “mi ex”, “un mont√≥n de calabazas”, respondieron los visitantes.

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