Los cambios en el régimen del fuego en Chile: el país que "creó" los incendios de sexta generación

Créditos: Agencia UNO

Miércoles 29 diciembre de 2021 | Publicado a las 10:39

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Las características de los incendios de un lugar durante un periodo determinado de tiempo, lo que se conoce como "régimen del fuego", cambiaron en Chile. Esto ocurrió debido a una serie de fenómenos y factores, que van desde la crisis climática hasta cómo hemos llenado nuestros paisajes, en cuanto a las especies usadas y la densidad de los bosques con fines productivos.

El régimen del fuego cambió en Chile.

¿Y qué es el régimen del fuego?

Las características de los incendios de un lugar durante un periodo determinado de tiempo, según explicó a BioBioChile Susana Paula, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y del Centro del Fuego y Resiliencia de los Socioecosistemas de la Universidad Austral de Chile (FireSES)

“Las características más interesantes son la frecuencia de fuego (cada cuánto ocurre un incendio en dicho lugar), la severidad del fuego (es decir, en qué medida el incendio afectó al ecosistemas, por ejemplo en términos de vegetación quemada) y la extensión o magnitud del incendio (incendios de unas pocas hectáreas o incendios de muchas hectáreas, como el que está ocurriendo en Los Sauces y Angol)”, detalló la especialista.

Históricamente, las regiones mediterráneas de Chile se caracterizan por incendios frecuentes de baja severidad y pequeña extensión.

En tanto, los incendios en la zona austral eran infrecuentes, pero con grandes extensiones y afectando severamente el ecosistema al quemar la materia orgánica del suelo.

Mega incendios

Lo anterior es justamente lo que ha cambiado en nuestro país.

Tanto que, por ejemplo, en 2017 Chile fue la primera nación del mundo en tener un incendio de sexta generación.

Un informe de Conaf estableció que, debido a la gran intensidad y capacidad destructiva de los incendios de ese año, la escala global de la medición de la intensidad de los incendios cambió.

Ahora se incluyen los incendios de sexta generación, los cuales superan la capacidad humana para combatirlos.

“Los mega incendios son fuegos que liberan una gran cantidad de calor, propagándose rápidamente sin que ningún sistema de control de incendios sea capaz de extinguirlos, por lo que afectan grandes superficies”, comentó la investigadora.

“El incendio de Las Máquinas en 2017 fue el primero de sexta categoría registrado en el mundo y tuvo una energía realmente brutal que ocasionó las conocidas tormentas de fuego”, recordó.

“Se trata de un proceso en el que las altas presiones atmosféricas favorecen que el aire caliente liberado por el incendio suba hasta alcanzar altas capas de la atmósfera, donde se enfría y se desploma hacia la superficie terrestre, haciendo que el incendio se propague muy rápido, ya que va secando todo a su paso”, detalló.

¿Qué ayuda a estos incendios?

Para Paula, bióloga y ecóloga del fuego, estos dramáticos sucesos son favorecidos por el alza de temperaturas y disminución de precipitaciones.

Ambas son condiciones climáticas que han ido acrecentándose en nuestro país durante la última década.

No obstante, los factores antrópicos más directos también son clave, sobre todo teniendo en cuenta que solo el 1% de los incendios en Chile ocurre por causas naturales.

Al respecto, la científica señaló que, junto a estas condiciones climáticas, la zona centro-sur de nuestro país cuenta con características óptimas para la ocurrencia de grandes incendios.

“El fuego necesita propagarse a través de un combustible”, partió la experta.

“La vegetación del tipo que sea puede incendiarse, pero si además las mismas plantas son altamente inflamables, el inicio y propagación del fuego es más probable”, continuó.

“Y aquí tenemos plantaciones forestales muy densas y extensas, las que representan una alta cantidad de material que se inflama con facilidad”, precisó.

“Además, esta es una vegetación homogénea y continua, lo que favorece la propagación de los incendios, hecho que ya quedó demostrado durante 2017”, rememoró.

Cambio en régimen del fuego requiere nuevo enfoque y comunidades resilientes

Considerando este nuevo escenario, Susana Paula y Paula Villagra (también de FireSES) publicaron una investigación en la Revista Environment: Science and Policy for Sustainable Development.

Esta tomó como base un informe técnico desarrollado por el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 sobre el cual se generó un análisis comparado de los resultados respecto a lo que está ocurriendo en otros lugares del mundo.

¿Las conclusiones? Que este cambio en el régimen del fuego requiere modificar el enfoque sobre cómo se gestiona el territorio afectado por incendios forestales.

“No es suficiente concentrarse en la extinción de incendios, como ha ocurrido históricamente”, zanjó Paula.

“También es necesario comprender al territorio como un sistema socioecológico, donde las personas y la naturaleza están interconectadas y, por tanto, los factores ambientales, ecológicos, sociales e institucionales determinan la ocurrencia, extensión y el impacto de los incendios”, ejemplificó.

Así, por ejemplo, el actual panorama del bosque esclerófilo de la zona central asoma como complejo debido a los efectos de la mega sequía.

La coloración de este bosque “siempreverde” ha cambiado radicalmente a tonos cafés.

Esta mortandad deja a la vista los estragos de la sequía y hace de este ecosistema un espacio altamente vulnerable a las llamas.

Pero la amenaza también se extiende a todo el país, según explica la investigadora, incluyendo diferentes bosques sureños.

Debido a la complejidad del fenómeno y sus múltiples impactos a nivel social, económico, y en la salud de poblaciones humanas y de nuestra biodiversidad, es que el trabajo enfatiza la necesidad de avanzar hacia la creación de paisajes más resilientes.

¿Qué significa un paisaje resiliente?

“Esto implica moverse hacia un paradigma donde los sistemas socioecológicos tengan las capacidades para prevenir, mitigar y hacer frente a los incendios forestales y, si es posible, adaptarse a ellos”, explicó.

En el documento, las investigadoras explicaron que contribuir a la construcción de territorios más resilientes al fuego también supone darle valor a la visión interdisciplinar, basada en la investigación científica que ha proliferado a partir de 2017.

Estos aportes incluyen el trabajo de ecólogos, climatólogos, sociólogos, economistas y psicólogos.

Recomendaciones para enfrentar incendios y cambios al régimen del fuego

Finalmente, el trabajo puso el énfasis en algunas recomendaciones para abordar esta problemática.

Estas incluyen priorizar las actividades de prevención (frente a las del combate) y promover estrategias más políticas para la gestión y planificación que diversifiquen el paisaje, ajustándose a la realidad territorial.

A eso sumaron regulaciones del cambio del uso del suelo, particularmente de los territorios afectados por el fuego.

Otro punto que se destaca es desarrollar políticas y acciones dirigidas al control de especies invasoras y la restauración de ecosistemas nativos.

Finalmente, hablaron de implementar programas de apoyo psicosocial de largo plazo para las comunidades afectadas.

“Existen ejemplos de esto en distintas partes del mundo que pueden ayudarnos a estar más preparados frente a los incendios forestales en un mundo cada vez más inflamable”, aseguraron.

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