Los nombres de las víctimas y testigos han sido modificados para este artículo.
En 1986 se formó un escándalo al interior del Instituto Salesiano de Valdivia. Fue justo en el mes de María. Eran otros tiempos. Más pacatos. Más puritanos. Por eso, cuando en las paredes del colegio apareció un rayado gigante, dio de que hablar durante días.
“CURA MARICÓN, CURA DICTADOR”, se leyó en letras rojas.
Ese día no dejaron entrar a nadie. Cerraron el colegio rogando que ningún estudiante se enterara. Sin embargo, el intento de esconderlo bajo la alfombra poco y nada les funcionó. Un par de alumnos que llegaron antes de las ocho de la mañana fueron los encargados de esparcir el rumor.
Tampoco era algo nuevo. En cierto sentido —y por haberlo experimentado en primera persona— todos sabían que el “cura maricón” tenía nombre y apellido: Rimsky Rojas Andrade.
La Unidad de Investigación de Bío Bío accedió a miles de fojas que contienen declaraciones de testigos y víctimas de abusos por parte de sacerdotes. Uno de los testimonios da cuenta de que Rojas abusó de menores en más de una ocasión. Cuando la Congregación Salesiana se enteró, lo enviaron a África. Un modo de operar para “silenciar abusos” que quedó plasmado en un primer reportaje de esta Unidad de Investigación.
Si bien el Séptimo Juzgado Civil de Santiago les dio la razón y ordenó indemnizarlos con montos entre $15 y $50 millones de pesos, las víctimas buscan apelar. Quieren que la cifra ascienda a $100 millones por cada uno.
Lea acá el primer reportaje
Rezar y perdonar
Martín declaró por videollamada un 9 de septiembre de 2021. Tenía 49 años. Abogado. Valdiviano. Estudió en la misma ciudad cuando niño, en el Instituto Salesiano. Asistió a catequesis, hizo su primera comunión y participó de las misas desde los ocho años.
Allí conoció a Rimsky Rojas Andrade, su profesor de religión y subdirector del colegio. Para entonces, Martín tenía 13 años y estaba de duelo por la muerte de su madre. Rimsky se acercó a él y a su familia. Tanto, que quedó a cargo de su cuidado.
—Pasó de ser un sacerdote o un simple profesor de religión a ser mi tutor. Se encargaba de mis temas académicos y otras cosas —recordó cuando testificó.
Rojas se ganó la confianza de todos, sobre todo del padre de Martín. Llegaba a la casa con regalos o mercadería. Le pagó la mensualidad y otras cuentas. Eso también le generó un vínculo más estrecho que, Martín, con 14 años, no supo interpretar.
—Me iba diciendo que teníamos que ser amigos, que él me iba a consolar, que acercándome a Dios iba a estar más tranquilo. Yo le creí y fue así que de a poco empecé a ser abusado sexualmente.
Hubo besos en la boca.
Caricias.
Masturbación.
—En un momento, estos hechos de abusos se empezaron a saber en el colegio por parte de otros alumnos o apoderados. En una oportunidad yo estaba en una sala de clases siendo abusado por Rimsky Rojas cuando un compañero entró a la sala y presenció todo el hecho.
También ocurrieron en su casa.
—Previo al almuerzo, Rojas le pidió a mi hermano y a O., que fueran a comprar una cassata de helados. En ese momento Rojas procedió a hacerme tocaciones en mis genitales. Me practicó sexo oral. Esto ocurrió en un dormitorio. No sé a quién pertenecía esa habitación.
Secretos de confesión
Felipe, un testigo de la causa que estudió en la misma época de Martín, relató que cuando llegó Rimsky Rojas —en reemplazo del padre Orlando Aravena, también acusado por abusos— la mayoría lo miró con buenos ojos. Una de sus primeras acciones fue reactivar el Movimiento Juvenil Salesiano. También convocó a niños para participar de ENE (Encuentro de Niños en el Espíritu) y EJE (Encuentro de Jóvenes en el Espíritu). Rimsky Rojas era admirable desde esa perspectiva.
—Por estar ahí él nos hacía sentir privilegiados ya que la gran mayoría éramos alumnos con buen rendimiento académico pero muy desordenados. Él nos protegía, incluso con los profesores. Él nos decía que el resto nos tenía envidia —señaló.
Aunque Felipe fue citado a declarar por la causa de Martín —y admitió que los veía siempre juntos y solos en distintas partes del colegio o en el auto del sacerdote— confesó que él también fue víctima de Rimsky.
—Éste nos llamaba en forma individual, lo que también hizo conmigo, circunstancias en las cuales el Padre intentó tocarme. No recuerdo la primera vez que intentó tocarme, creo que fue después de un año en su llegada. Recuerdo que fue muy tarde, después de las seis de la tarde cuando había poco movimiento en el colegio.
Y continuó:
—Él me llamó a su oficina porque tenía que conversar conmigo. Primero habló algo y luego comenzó a preguntar temas personales, si me masturbaba y cuántas veces a la semana. Yo no le contesté nada y me consultó ¿Cómo se masturba usted? Él se acercó hasta donde yo estaba sentado e intentó tocarme, pero reaccioné. Después de esta ocasión intentó tocarme en forma reiterada. Siempre me llamaba a reunión a su oficina, después de clases.
El Padre Rimsky actuaba de una forma paternalista. No era violento. Sus intentos de abuso eran en forma pasiva, sabía cómo hacerlo. A simple vista el sacerdote no era “amanerado”. Era extraño, muy altanero, orgulloso, yo creía que era poco católico.
- Extracto de Felipe
Un segundo testigo confesó que Rimsky siempre sacaba de clases a Martín y “los profesores no decían nada”. También reveló que a él igual lo sacaba y que luego lo trasladaba a su oficina del subterráneo.
—Recuerdo que él estaba sentado y yo al otro lado de su escritorio. Me consultó si me hacía pajitas. Se me acercó y me toqueteó mis genitales por sobre y por debajo de la ropa.
Pecados nocturnos
Martín, al igual que otros alumnos, intentaron denunciar los hechos al entonces rector del colegio, Alfonso Horn Kaschel.
—Hubo reclamos de otros apoderados a Alfonso Horn. Se realizaron denuncias, era vox populi el tema de los abusos pero no se hizo nada. Además, a mí me dio miedo denunciar ya que pensé que nadie me iba a creer. Rimsky Rojas alardeaba que tenía poder, que tenía amigos jueces, en PDI, Carabineros, por lo que decidí callar. Al final todos sabían lo que él hacia, pero nadie hizo nada —aseguró.
Bien podría decirse que los vínculos de poder de Rojas quedaron al descubierto en una de las desapariciones más enigmáticas de Chile: la de Ricardo Harex, ocurrida en 2001 en Punta Arenas. Su paradero es aún desconocido.
El expediente de esa causa —revelado por esta Unidad de Investigación— devela los nexos de Rimsky. Para entonces, él era el director del Liceo Salesiano San José.
Varios testigos que conocieron a Rimsky aseguraron en medio del proceso judicial que no era inusual verlo las noches de viernes o sábado merodeando alrededor de Punta Arenas.
Uno de los estudiantes del San José declaró que Rimsky era conocido por los alumnos de enseñanza media del liceo y otros colegios porque de madrugada, entre 04:00 y 06:00 de la mañana, circulaba con distintos vehículos por las calles de la ciudad, buscando a alumnos ebrios para llevarlos a su casa para “ayudarlos”.
El testigo lo sabía de primera fuente:
—A mí me lo ofreció en una oportunidad, cuando yo iba caminando al Tiger a comerme un completo, efectivamente bajo los efectos del alcohol, en calle Croacia, a la vuelta de la disco Abra Cadabra.
Su relato prosigue:
—Él estaba estacionado (…) en un automóvil blanco, modelo Station, no recuerdo específicamente su marca. Él estaba sentado en la parte del piloto, bajó el vidrio del automóvil y me dijo “te llevo”, ante lo cual seguí caminando sin tomarlo en cuenta.
Otro de los testigos coincide, aunque agrega un elemento adicional. A veces, afirmó, el religioso se hacía acompañar de otros alumnos.
—El cura Rimsky tenía un grupo de estudiante los cuales lo acompañaban en las noches de fin de semana y en su vehículo particular marca Suzuki modelo Vitara color burdeo, con el objeto de recorrer las calles de la ciudad viendo el comportamiento de los alumnos del colegio. Incluso se justificaba diciendo que esto lo hacía porque si encontraba a un alumno curado lo llevaría para su casa. En dos oportunidades lo vi conduciendo solo.
Aunque Rismky siempre figuró como sospechoso, y la justicia determinó que existían “conductas abusivas” de su parte, nunca existió una condena en su contra. Un carabinero que indagó su caso decía, cada vez que lo veía en la televisión, que ese “cura maricón estaba metido”.
La Congregación Salesiana
Uno de los testimonios más relevantes para acreditar el daño de Rimsky en la investigación de Valdivia fue el de A., una apoderada. Su relación con la causa se debió a dos motivos: sus hijos estudiaban en el Salesiano y era psicóloga. Varios estudiantes de la congregación se atendieron con ella. Fue así que descubrió que existía un patrón “debido a severos cuadros ansiosos producto de las relaciones que habían establecido con el Padre Rimsky”.
—Atendí alrededor de unos diez alumnos. Tenían entre 13 a 15 años de edad. Todos ellos presentaban un vínculo patológico con el sacerdote Rimsky. Las versiones de ellos eran similares (…) Todos los problemas que indicaban que tenían con el sacerdote Rimsky los relacionaban con el ámbito sexual. Ninguno señaló que lo había violado el sacerdote, ni que los había tocado, pero era deducible que habían sido provocados sexualmente o bien tocados por éste sacerdote por su conducta en las entrevistas. Y que el sacerdote los había hecho dudar de su propia sexualidad —evidenció.
Los alumnos, contó, llegaron de forma paulatina durante un periodo de dos años. Lo primero que le preocupó fue que su hijo también estudiaba ahí. De hecho, Rimsky era su profesor jefe. Por lo mismo habló con otros apoderados del curso para que sacaran al sacerdote. No todos la apoyaron. Es más. Solo cinco padres querían su salida. Entonces decidió informarle al rector Alfonso Horn.
—Él nos escuchó pero no nos dio ninguna solución. El cura Rimsky siguió en el mismo lugar. Yo continué trabajando en mi consulta y de esa manera comenzaron a llegar otros alumnos del Instituto Salesiano (…) Él se aprovechaba de los alumnos para tener algún beneficio en el área sexual. Se aprovechaba de la inmadurez y de la fragilidad emocional propia de la etapa de la adolescencia.
Alfonso Horn Kaschel, el entonces rector, compareció ante el Primer Juzgado Civil de Concepción el 27 de marzo de 2013. Enfatizó que ya no recordaba detalles porque “habían pasado 25 años”. De lo que sí estaba totalmente seguro fue de que nunca recibió ninguna denuncia contra el padre Rimsky Rojas. Mucho menos por abusos.
—La única denuncia que siempre recibía era que el padre Rimsky Rojas era muy exigente porque estaba encargado de la disciplina y dirección de estudios del colegio. Por casos de abuso sexual nunca recibí denuncias, de modo que no pude haber informado algo así a la congregación salesiana —espetó.
Autoridades eclesiásticas
Martín interpuso una querella por abusos deshonestos contra Rimsky Rojas en 2014. Además de otra por obstrucción a la investigación en contra de Alfonso Horn y Ricardo Ezzati. Ambas causas terminaron sobreseídas.
A Ezzati lo demandó porque para entonces era la máxima autoridad salesiana. Y entre 1986 y 1987 solicitaron su presencia en el colegio de Valdivia. Días más tarde de dicha visita, Rimsky fue destinado a Punta Arenas.
A Ezzati también lo citaron a declarar. Fue el 16 de marzo de 2011 frente a la Policía de Investigaciones. Eran las seis de la tarde cuando, en las dependencias del Arzobispado de Santiago, aseguró que nunca vio nada.
—Mientras fui Provincial de los Salesianos nunca escuché ni supe de algún comentario o queja en contra del Padre Rimsky Rojas Andrade. Yo visitaba los colegios del país unas tres veces al año, conversaba con los padres y alumnos de los Colegios Salesianos mientras los visitaba nunca alguien se me acercó y me refirió algo extraño acerca de él.
Ezzati, quien llegó a la cúspide de la iglesia chilena en 2010, agregó que Rimsky era un “hombre histriónico, con cualidades excelentes, un muy buen músico. En la universidad tuvo excelentes resultados académicos. En resumen era un hombre con muchas cualidades”.
La investigación judicial de la Brigada de Delitos Sexuales determinó que el excardenal nacido en Italia “ordenó lisa y llanamente el traslado de Rismky Rojas a África el año 1989”.
“Posteriormente, desde el año 1990 al 2003 fue destinado a la ciudad de Punta Arenas para finalmente ubicarlo en la ciudad de Puerto Montt como responsable de la pastoral del colegio de la orden y director y representante representante legal de un hogar de menores dependiente del Servicio Nacional de Menores perteneciente a la misma congregación”, concluye el documento.
El resultado de la investigación criminalística estableció que las declaraciones de Ricardo Ezzati y Alfonso Horn eran una falacia. Además, omitieron entregar la información a los tribunales.
“Es perfectamente plausible deducir que la declaración de éste asimismo resulta mentirosa, que ocultó información, encubriendo los hechos denunciados”, sentenciaron los detectives respecto de Ezzati.
“Las declaraciones de ambos son destinadas a ocultar información”, acotaron.
Rimsky Mario Rojas Andrade se suicidó en febrero de 2011 tras sufrir una “fuerte depresión”. Estaba viviendo en la casa de reposo Beato Felipe Rinaldi de la congregación salesiana, ubicada en Macul, cuando supo que se encontraron en Punta Arenas osamentas aparentemente humanas que podrían haberse tratado de Ricardo Harex.
El religioso no lo pasaba bien.
Por esos días, también había sido notificado sobre la investigación canónica que se abrió en su contra por los abusos cometidos, en la que se ventiló que aparte de los denunciantes habían aparecido nuevos afectados.
A las 06:30 horas de ese 28 de febrero, Rimsky apareció muerto. Las osamentas encontradas en Magallanes no correspondían a Ricardo.
El mismo día que murió la iglesia destacó su casi tres décadas de carrera.
“El lema que motivó sus 27 años de sacerdocio fue ‘Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos"”, valoraron a través de un comunicado.
El Papa
El 8 de abril de 2013, Bruno, una de las víctimas, le escribió una carta directamente al Papa Francisco II. Bruno no figura en la lista de los nueve querellantes, pero acusó al sacerdote Roberto Carrasco.
La misiva hablaba de un abuso sexual que sufrió durante 1960 por parte del prelado. Lo que denunciaba, eso sí, era que dos años atrás había entregado todos los antecedentes al Arzobispado de Santiago y no hicieron nada.
—Vino el Padre Carrasco y me manoseó por mucho tiempo (…) Me preguntó el número de mi cama (…) Había otro sacerdote, Padre Muñoz, que me besaba en la boca todo el tiempo (…) Y después de todo esto un profesor de matemáticas me violó. Después fue fácil aceptar mi homosexualidad con gente joven y siempre pensando cómo me habría gustado ser heterosexual —narraba la carta.
Dieciséis días después le pidieron a Ezzati investigar la “delicada situación”. Él, por su parte, respondió a la brevedad diciendo que había hecho “todas las averiguaciones posibles”. Su conclusión fue que no conocía a la persona que escribió la carta y que tampoco había recibido denuncia alguna. Tampoco existía alguna carta dirigida a su predecesor, cardenal Francisco Javier Errázuriz. En simple, no tenía ningún antecedente para acreditar los hechos.
—Tuve ocasión de tratar con él. Conocí al Padre Carrasco desde 1972. Jamás escuché algo inconveniente acerca de su conducta —defendió Ezzati—. Fui obispo en su ciudad natal desde 1996 al 2001: solo escuché elogios de su persona y de su obra. Sin embargo, dada la gravedad de la denuncia contenida en la carta de Bruno, será mi deber seguir averiguando.
Unas de las diligencias que se hicieron para su caso determinó que en la carpeta personal de Roberto Carrasco existían observaciones que indicarían “conductas de transgresión de límites corporales con menores de edad”. Una de ellas planteaba que “el Sr. Carrasco manoseaba los niños con frecuencia”.
Pese a estos antecedentes, la investigación canónica cerró con el argumento de que “no era posible dar por acreditado judicialmente un abuso que el denunciante habría sufrido 58 años atrás”.
—La finalidad del Sr. Bruno al formular esta denuncia, al parecer, era solo manifestar su dolor ante lo ocurrido. El relato, aunque breve, es creíble. Los elementos de fecha, lugar y personas entregados permiten considerar con un alto grado de probabilidad que el abuso verdaderamente haya ocurrido —determinaron.
Roberto Carrasco Vio falleció el 12 de agosto de 1993. Impune.
Los sacedortes
La lista de los sacerdotes o religiosos que fueron denunciados es esta:
Alejandro Cautín Ramos: Una madre lo acusó en mayo de 2018 a raíz de actos que cometió contra su hijo en el Colegio Don Bosco de Iquique. La investigación cerró el 6 de agosto. Fue expulsado.
Sergio Neftali Aravena Alvear: A partir de la denuncia en su contra se constituyó en la Provincia Salesiana de Chile una comisión ad-hoc para casos de abusos de inspectoría. Solicitó la dispensa del celibato y de los votos religiosos al Papa Juan Pablo II.
Roberto Carrasco Vio: En 2013, a raíz de la carta enviada por un tercero, se tomó conocimiento de los actos de connotación sexual que cometió. Murió en 1993.
Rimsky Mario Alfonso Rojas Andrade: La investigación concluyó que los abusos que cometió eran “verosímiles”. Dado que falleció, los antecedentes fueron archivados.
Daniel Lescot Jerez: Solicitó la dispensa del celibato en enero de 2015.
Tomás Aguayo Flores: Se abrió una investigación en su contra en 2011. El proceso concluyó en 2014 y terminó con la expulsión del sacerdote.
Diego Muñoz: Se abrió una investigación en su contra por una denuncia. Sin embargo, como murió en septiembre de 2015, el proceso se cerró.
Nelson Alejandro Jopia Valencia: Fue suspendido de su ministerio en 2015 tras una denuncia por abuso sexual.
Retiro silencioso
Los argumentos que entregó el tribunal en su última sentencia fueron que si bien los abusos se cometieron entre 1973 y 2009, y la Congregación Salesiana admitió que no existían protocolos específicos ante este tipo de actos, era su deber tenerlos.
—Tratándose de una institución que administra establecimientos educacionales y que ejerce el gobierno pastoral de sacerdotes en contacto permanente con niños y adolescentes, la ausencia de mecanismos preventivos y protocolos de denuncia constituye, por sí misma, una infracción grave al deber de cuidado exigible.
Por otro lado, apuntaron que no se trata de una negligencia individual, sino de “un funcionamiento orgánico cuyas deficiencias estructurales eran de tal entidad que permitieron la ocurrencia sistemática de hechos de connotación sexual”.
—Estas se vieron reforzados por las dispensas del celibato de los sacerdotes abusadores sugeridas por la propia Congregación como mecanismo para evitar procesos formales de dimisión y la ausencia de canales formales y protocolos de prevención y de canales de seguros de denuncia, medidas que lejos de estar orientadas a la protección de los niños, niñas y adolescentes, tienen por propósito gestionar el retiro discrecional y silencioso de los agresores.
Los querellantes buscarán apelar la sentencia y una indemnización mayor. Idealmente, $100 millones para cada uno.
Bío Bío Investiga intentó obtener una versión de la congregación a través de su abogado, sin embargo no atendió las consultas.
Recuerde leer la primera parte de este reportaje: