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The Walking Dead: análisis del tráiler de la séptima temporada y las claves de la última entrega

AMC
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Meses después de que The Walking Dead nos dejara perplejos ante el aterrador final de la sexta temporada, por fin ha llegado el tráiler de la próxima entrega. Como no podía ser de otro modo su estreno se produjo en el panel de AMC el pasado viernes 22 de julio en la Comic-Con.

Un avance de poco más de tres minutos en los cuales podemos ver a Lucille elegir su próxima y más inminente víctima. ¿Quién será? Esa es la gran pregunta. El tráiler juega con imágenes antiguas de Rick (Andrew Lincoln), Glenn (Steven Yeun) y compañía en un intento por generar melancolía y tensión hasta zambullirse en el metraje de la séptima temporada, donde la gran novedad es la presencia de Ezequiel y su felino. La fecha ya la sabemos: el 23 de octubre de 2016 vuelven los zombis y Negan (Jeffrey Dean Morgan).

Si por algo se caracteriza The Walking Dead es por beber de varios subgéneros, pero, todavía con más fuerza que del terror lo ha hecho del cine apocalíptico, donde todo vale para poder salvar la vida. Rick, Michonne (Danai Gurira), Daryl (Norman Reedus ) y Carol (Melissa McBridge) han sabido convertirse al mismo tiempo en héroes-antihéroes, gente de cuidado, atormentada, valiente, en la línea de los clásicos personajes del director George Romero.

A estas alturas y después de seis temporadas The Walking Dead es eso y mucho más, ya que como hiciera Romero, la serie de Robert Kirkman también se interesa por la situación del mundo actual jugando a esa parábola en la que los vivos son peores que los muertos. Si el cineasta enfatizaba la lucha de clases en sus protagonista, la ficción televisiva explora los rincones más oscuros del alma y las dificultades de la vida en comunidad, la lucha por la supremacía territorial, la fragilidad de la democracia y el peligro que conlleva la cesión del poder.

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LUCES Y SOMBRAS DE LA SEXTA TEMPORADA

Ya se sabe que es difícil contentar a todos. La calidad de la nueva televisión hornea un tipo de espectador cada vez más exigente y eso tiene consecuencias directas en la repercusión que se transmite por redes sociales entre los los fans digitales.

Lo que nos lleva al caso de Negan, quizá el personaje más esperado por todos en The Walking Dead. Sin lugar a dudas, el villano que más se ha hecho rogar y eso que todo indicaba que su debut llegaría al inicio de la sexta temporada manteniéndonos en vilo hasta su último capítulo.

Probablemente uno de los aspectos preponderantes de la sexta entrega de episodios fue el dialogismo con la estética romeriana, enalteciendo al zombi como un personaje colectivo y como una de las principales amenazas de los protagonistas. Si bien esta afirmación podría resultar una obviedad, no olvidemos que la cuarta y la quinta temporada estuvieron marcadas, principalmente, por el devenir errante de nuestros protagonistas y sus historias particulares, quizás como un esfuerzo por mostrar el desarrollo psicológico de cada uno de ellos.

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Desde un principio tanto Kirkman como los productores televisivos han patentado la idea de que el muerto viviente no es más que una excusa para mostrar la degradación humana y los dilemas éticos contemporáneos, pero dicha tesis paulatinamente se fue tornando cancina y poco convincente; es por ello que la sexta ciclo retomó aquello que abandonó en el tercero: el horror en su estado puro.

Negan, como se señalaba antes, emergía como una amenaza fantasmal que a través de muchos indicios macabros alcanzó una configuración prácticamente monstruosa. En la ausencia (o secreta presencia) de este antagonista, el zombi romeriano tomó el lugar del villano oculto, tatuando en la retina momentos tan impresionantes como el grotesco y multitudinario éxodo de caminantes en el primer episodio, el ilusorio fallecimiento de Glenn o la terrible y traumática muerte de la familia Anderson.

En suma, la sexta temporada significó no solo un inteligente abanico argumental, sino también un renacer de aquellos tópicos que cimentaron la figura aterradora del zombi: el monstruo putrefacto y la masa deshumanizada que pretende dominar al mundo para sembrar el caos que nos remite al miedo ominoso frente a la soledad, la alineación y la posibilidad de vernos consumidos por aquel “otro” que no es más que un “yo” sin consciencia y despojado de cualquier máscara moral.

El equipo detrás de la serie ha sabido manejar sus cartas dilatando el tiempo hasta que ya no han podido prolongarlo más. Ahora solo pueden jugar con nuestra ansiedad hasta el estreno de la séptima temporada, la que será, sin duda alguna, la más terriblemente deseada por los lectores del cómic. ¿Será Rick capaz de plantar cara a Negan? ¿Podrá el grupo superar la muerte de uno de los suyos? Y más importante aún: ¿finalmente el hombre vencerá al monstruo o, por el contrario,
será víctima de su propia maldad?

Parte de este artículo fue publicado en RIRCA (Representación, ideología y recepción en la cultura audiovisual), España.

Jesús Diamantino Valdés. Doctor © en teoría de la literatura y literatura comparada, Universidad Autónoma de Barcelona. Docente y Director del Departamento de Expresión de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Ignacio Pillonetto. Doctor © en Lenguas y Literaturas Modernas, Universidad de las Islas Baleares. Docente Universidad Adolfo Ibáñez.

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