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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Netflix llevará a sus pantallas el enigmático caso de los asesinatos de Andrew y Abby Borden, ocurridos en 1892, donde su hija Lizzie fue absuelta de los crímenes con un manto de dudas sobre su culpabilidad. La serie "Monster" explorará este caso que ha fascinado a la cultura popular estadounidense, generando múltiples teorías y adaptaciones en medios como cine, literatura y música. A pesar de las sospechas, Lizzie fue declarada inocente y la falta del arma homicida dejó el caso sin resolver, manteniendo a la comunidad en incertidumbre hasta su muerte en 1927.

Más de 130 años después y sin conocer al verdadero autor, los asesinatos de Andrew y Abby Borden en Estados Unidos serán llevados a las pantallas de Netflix como parte de la serie “Monster”, la que ya tuvo éxitos con las historias de Jeffrey Dahmer, los hermanos Menéndez y otras más.

La serie se centrará en Lizzie Borden, quien fue acusada de matar a su padre y su madrastra, pero que un jurado absolvió sin que nadie más fuera condenado por el crimen, dejando un manto de dudas en la población norteamericana que adoptó el caso como parte de su cultura popular, al punto de crear películas, series y canciones al respecto.

Asesinatos con hacha sin resolver en EE.UU

De acuerdo a lo narrado por la BBC, todo sucedió una mañana de 1892 en la ciudad de Fall River, Massachusetts, cuando Andrew Borden, un hombre de 69 años, y su esposa, Abby Borden, de 64, fueron asesinados a golpes de hacha dentro de su propia casa.

De acuerdo a los detalles recabados por las autoridades de la época, la primera víctima fue Abby, cuyo cuerpo fue encontrado en una habitación de la vivienda, con múltiples heridas provocadas por una pequeña hacha.

Más de una hora después, Andrew regresó a casa tras realizar algunos recados, pero poco después fue encontrado muerto sobre un sofá tras recibir 11 golpes que le provocaron graves heridas en el rostro y la cabeza.

La policía llegó tras ser alertada por Lizzie Borden, hija de Andrew y una de las pocas personas que se encontraban en la vivienda aquella mañana. La mujer, soltera y de 32 años, no pareció sospechosa, pues era conocida por ser tranquila, perteneciente a una familia acomodada y que incluso daba clases en la iglesia local.

Las sospechas sobre Lizzie

Pero su relato comenzó a generar dudas. Durante la investigación, entregó distintas versiones sobre lo ocurrido aquella mañana. Además, surgieron antecedentes sobre los conflictos existentes dentro de la familia.

Resulta que Andrew Borden tenía una importante fortuna, a pesar de ser conocido por su austeridad. Según testimonios, mantenía una relación tensa con sus hijas y destinaba dinero a familiares de Abby mientras obligaba a Lizzie y a su hermana Emma (quien estaba fuera de casa, de vacaciones, al momento del asesinato) a vivir de manera mucho más modesta de lo que podían según su situación económica.

Por otro lado, la investigación incorporó otros elementos sospechosos. Por ejemplo, un farmacéutico declaró que Lizzie intentó comprar ácido prúsico, un potente veneno, el día anterior a los asesinatos. Sin embargo, este antecedente terminó siendo considerado inadmisible durante el juicio.

Meses después, una amiga de la mujer declaró ante un gran jurado que la joven había quemado un vestido en una estufa pocos días después de los crímenes, y la fiscalía sostuvo que podía tratarse de la ropa utilizada durante los asesinatos.

Juzgada por un grupo exclusivo de hombres

Así, Lizzie fue finalmente acusada de matar a su padre y su madrastra y encarcelada a la espera del juicio casi un año después del crimen. La defensa aprovechó varios elementos de la época para presentar a la acusada como una mujer incapaz de cometer un acto semejante.

Sus abogados la hicieron comparecer vestida de negro y ante un jurado compuesto exclusivamente por hombres, ya que las mujeres no podían formar parte de estos tribunales.

Sin embargo, la fiscalía estadounidense presentó un principal problema y la falta de una prueba contundente: Nunca se encontró el arma homicida y buena parte de los antecedentes contra Lizzie eran circunstanciales. Después de una breve deliberación, el jurado la declaró inocente.

De este modo, el caso quedó sin un culpable oficial y nadie más fue juzgado por los asesinatos, mientras Lizzie pasó el resto de su vida bajo la sospecha de buena parte de la comunidad estadounidense durante años, hasta su muerte en 1927.

Lizzie Borden en la cultura popular estadounidense

Sin una respuesta definitiva, el caso se convirtió en uno de los grandes misterios criminales del país norteamericano. Durante décadas, escritores, cineastas y músicos reconstruyeron las horas previas y posteriores a los asesinatos, planteando distintas teorías sobre lo que realmente ocurrió dentro de aquella casa.

La historia incluso llegó a convertirse en una conocida rima infantil estadounidense que atribuye a Lizzie los asesinatos y exagera tanto el número de golpes como las circunstancias del crimen.

Ahora, la historia vuelve a recibir atención con la cuarta temporada de “Monster”, la serie de Netflix, que se estrena este 17 de septiembre en la plataforma de streaming.

Anteriormente, el caso fue llevado a la pantalla en “The Legend of Lizzie Borden” (1975), protagonizada por Elizabeth Montgomery; “Lizzie Borden Took an Ax” (2014), con Christina Ricci; y la serie “The Lizzie Borden Chronicles” (2015), continuación ficticia de los acontecimientos posteriores al juicio.