El Presidente y sus ministros parecen vivir en otro planeta. O, por lo menos, en otro país. Prometieron “hechos, no palabras”, pero el eslogan lleva seis meses dando vueltas mientras los hechos siguen esperando.

En la región del Biobío tenemos proyectos paralizados, inversión pública detenida y un desempleo que llega al 10,6%. La explicación del Gobierno es sencilla: no hay plata. Una frase que ya conocemos del orate de al lado y que parece haberse convertido en doctrina a este lado de la cordillera.

Pero ahora anuncian una gran agenda por el empleo. Fantástico. Solo hay un pequeño drama, porque para ellos, el problema del empleo son los trabajadores.

Su receta consiste en quitar derechos, flexibilizar, abaratar y precarizar. Nos quieren convencer de que mientras menos protección tenga quien trabaja, más empleo aparecerá por generación espontánea.

Es una teoría bastante cómoda: si la economía no funciona, la culpa no es de quienes la conducen, sino del trabajador que todavía conserva demasiados derechos.

Mientras discuten cómo quitar derechos, tenemos carreteras esperando, viviendas pendientes, hospitales y CESFAM por construir, colegios que mejorar y obras de conectividad detenidas.

Presidente, el empleo no se genera precarizando al trabajador. Se crea echando a andar la economía. Libere las obras. Ejecute la inversión. Ponga al Estado en movimiento y permita que esa inversión arrastre también al sector privado.

Porque mientras el Gobierno habla de reactivación, los números hablan bastante más claro: el PIB cayó 0,2% anual en el segundo trimestre, el Imacec de julio cayó 1,5%, el IPC de agosto subió 0,6% en un solo mes y acumula 4,1% en doce meses. Y el Banco Central redujo su proyección de crecimiento para 2026 a apenas 0,25%-0,75%.

Esos son los hechos: economía cayendo, precios subiendo, crecimiento prácticamente detenido y, en Biobío, un desempleo de 10,6%. Así que quizá el Gobierno debería dejar de repetir “hechos, no palabras”.

Porque cada vez que aparecen los hechos, al Gobierno le convendría cambiar de tema, o hacerse los “amigos” (recordemos la definición de la RAE para uno de los chilenismos más usados), porque eso les sale bien natural.